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Freír cabezas…

Por Sandra Caula

A veces me parece que todavía muchos no saben qué enfrentamos.
Esta historia comenzó con alguien que ofreció, a modo de justicia, freír cabezas en aceite. A la gente le pareció bien, seguro creyeron que era un decir. Lo votaron, lo apoyaron. Aquí estamos. Era verdad literal: están dispuestos a freír cabezas en aceite. Las nuestras. Y no por justicia, sino por maldad y por ambición.

Estos meses han sido duros e importantes. Se han conseguido cosas. Muchas, como nunca. Hemos perdido a muchos también. Nos hemos deteriorado más aún. Y ahí están los que prometían freír cabezas en aceite, tambaleantes pero con vida, bloqueando la salida con una roca enorme.

Lo cierto es que no aguantamos mucho más a este ritmo, en las calles, con escudos de cartón contra armas refinadas y gorilas dispuestos a todo. Saliendo a buscar comida y medicinas en cada ratico libre. Con los negocios, los estudios, las vidas destruidos, con más gente que nunca yéndose. Hay que calmarse, hay que pensar, hay que ver con realismo cómo seguir y soportar más dolor con inteligencia y entereza. No queda otra.

Se nombró un nuevo TSJ y allí está buena parte en la Embajada de Chile y dos presos. Lo mismo pasaría con un CNE, con un Defensor del Pueblo, con lo que sea.

Hay que seguir, pero no a esta mecha. Esa es la verdadera fortaleza. No va a ser fácil. No va a ser rápido, no será sin dolor, pero será. Se han dado pasos decisivos y la razón nos asiste, como diría Jenofonte.
Ir a elecciones regionales es necesario. También seguir defendiendo la Asamblea Nacional y la MUD, aunque las critiquemos. Pero no critiquemos a quienes tanto han hecho y arriesgado por frustración con la realidad difícil que nos ha tocado (y nos hemos buscado). Nos enfrentamos a algo de verdad terrible, es posible que perdamos, aquí todos perderemos mucho cada día en todo caso, eso es seguro.

Lo único firme que tenemos para seguir enfrentando esta pesadilla, lo único organizado, lo único que se ha mostrado eficaz, son esos dirigentes y esas instituciones que ha costado muchos años reorganizar después del deslave que ha sido este régimen millonario y sin escrúpulos apoyado por una izquierda y una comunidad internacional muy idiotas que despertaron hace dos días.
Tengamos confianza, no en que saldremos de esta, porque nadie puede asegurarlo, sino en esos dirigentes que bien podrían estar viviendo fuera del país o tranquilos en sus casas. Nos han traído hasta aquí. Tengamos un poco más de paciencia. Por los que han muerto, por lo que tanto hemos sufrido y resistido, soportemos el dolor por lo devorado en estos malditos años y por lo que les falta por devorar. Ese cíclope incivil, capaz de todo, cada día volverá a sellar la salida de la cueva con una roca gigantesca que no podemos mover. Hay que buscar la manera de que él mismo la quite, nosotros no podemos. Hay que hacer que duerma y apuntarle bien al único ojo. En eso estamos.

YO SÍ ASPIRO

Yo sí aspiro a otra cosa y no dejaré de hacerlo. Aspiro a un país como ese al que llegó mi padre donde era moda que las madres de las zonas populares les pusieran por nombre a sus hijos “Arnoldo”, por Arnoldo Gabaldon, el gran médico sanitarista y político, al que debemos el fin de la malaria, y no Yonder ni Yuraima para que parezcan jugadores de basket gringos o putas exóticas con culos y tetas operadas, que les den alguna oportunidad de salir adelante.

Aspiro a un país donde los diputados sepan que hay un joven de una zona popular, Alejandro Castro, que también ha dicho “Perrea, mami, perrea”, pero en un magnífico poema y no en un reguetón machista cuya letra oyen sin reparar en lo que dice, por lo visto.

Aspiro a campesinos que sepan la diferencia entre comunismo, capitalismo y democracia social, como el padre y el tío de Josefa, esos que salen en la foto de los mítines de El Silencio en los años 60 tomadas por Leo Matiz y Tito Caula.

Aspiro a medios que publiquen El Sádico Ilustrado cuando quieren conectar con lo popular, revista que convocaba las plumas de genios como Salvador Garmendia, Elisa Lerner o Pedro León Zapata, y no esa vergüenza que es El Nacional de hoy, y en especial El Nacional Web, que convierte a una importante artista venezolana como Amada Granado en una chica rumana que se bañó en la piscina del Conejo, todo para tener más visitas en su página. O por ignorancia pura, quién sabe.

Aspiro incluso a ese país un poco cursi, sencillo, que adoraba Píntame angelitos negros o Silva a la Agricultura Criolla y no está canallada cultural construida por Sábado Sensacional, Feria de la Alegría, la Guerra de los Sexos y las telenovelas de todo cuño (menos las brasileñas que comprendieron el valor formativo de la televisión), avanzada idiotizante de los cubanos batisteros y sin escrúpulos, que políticos irresponsables dejaron actuar sin controles de ningún tipo y sin contrapesos que dieran alternativas culturales más variadas y menos alienantes a los más desposeídos. Alternativas sencillas como canchas de bolas criollas, un campeonato de dominó o de pelotica de goma (como aquel que organizó Causa R en Catia), talleres de tumbadoras como los que hubo en Sarría y San Agustín y no recibieron ningún apoyo, festivales de teatro penintenciario dedicados a Antonin Artaud (como los que promovían alumnos de filosofía en las cárceles venezolanas), escuelas de bailes populares y hasta canchas deportivas, además de sistemas de orquestas y museos de primera. Porque lo popular no es chabacano y balurdo necesariamente.

Si ustedes piensan conformarse con Nacho, los felicito, si piensan ganar la batalla política y no la cultural, los felicito también, muy pragmáticos todos y seguramente eficaces, pero les recuerdo que Chávez no era mucho más que un caudillito montuno y resentido, pulido por esos infames programas de la televisión venezolana. Un aspirante a locutor famoso, a nuevo rico prepotente de la Gran Venezuela, que despreciaba en el fondo todo lo propio y cuyos únicos dioses fueron la fama, el poder y el dinero. De ahí la porquería que ha revelado esta “revolución”; no viene de la Unión Soviética, se los aseguro, donde la cultura al menos tuvo peso e importó mucho tiempo.

Allá ustedes entonces. He dicho. La próxima vez que sean los nachos o las lúcidas misses de la patria quienes hablen en el hemiciclo. Si para eso lo recuperamos, casi que mejor dejarlo como estaba. Tanto nadar para morir en la orilla.

Sandra Caula

Derechos de publicación cedidos por la autora a Infovzla.