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“periodo especial”

Fui a Cuba desde Caracas en el 92.

En la maleta llevaba café, leche en polvo, jabón de ducha, jabón de lavar, desodorantes, tubos de pasta dental, maquinillas de afeitar, tiritas, algodón, medicamentos cotidianos y medicamentos especializados.

Voy a Venezuela desde Madrid en el 2016.

En la maleta llevo café, leche en polvo, jabón de ducha, jabón de lavar, desodorantes, tubos de pasta dental, maquinillas de afeitar, tiritas, algodón, medicamentos cotidianos y medicamentos especializados.

La Cuba del 92 vivía un “periodo especial” “consecuencia directa” del cese de la Unión Soviética, de la caída del muro y su efecto dominó y del bloqueo de Estados Unidos.

La Venezuela del 2016 vive en la anomia, en el desabastecimiento absoluto, en una alarmante crisis sanitaria sin precedentes, en la inopia, “consecuencia directa” de la “guerra económica” con el “imperio”, de los malévolos empresarios que no producen, de los aviesos comerciantes que esconden los productos, de los pacientes caprichosos que se enferman a propósito para comprar más medicinas de las que necesitan, de los enfermos con espíritu saboteador que llenan las urgencias para colapsar los hospitales, de los habitantes que comen en exceso y se niegan a usar los maceteros de sus hogares para cosechar patatas y tomates y de los ciudadanos irresponsables que se quieren duchar a diario y que pretenden lavarse los dientes después de cada comida.

A esto hay que sumar el espíritu aventurero y osado de los venezolanos: les encanta salir a la calle porque la posibilidad de bala en la piel es un subidón de adrenalina de goce glorioso.

Si yo no fuera venezolana se me caería la mandíbula cada vez que leo un correo en el que se me pide un medicamento “que tengo que tomar de por vida desde que me asaltaron y la bala me penetró el hígado, el pulmón, el bazo”.

Nada de esto es exageración y lo que se lee como sarcasmo tampoco lo es.

El discurso del régimen pone las culpas en los lugares que enumeré.

Sirva esta información para los que desconocen lo que sucede en mi amado y golpeado país.

 

Lena Yau

Derechos de publicación cedidos por la autora a Infovzla.

 

Naky y el Día del Trabajador…

Día del trabajador, en Cuba

Hoy desperté gracias a la desconsideración de entusiastas trabajadores del sector público, que decidieron hacer de su música una alarma popular. “Chávez corazón del pueblo”, la canción de la campaña de 2012, sonaba muy ato y continuamente. No sé qué calibraron mejor, si las cornetas o la rabia de tantos vecinos obligados a despabilarse bajo el déjà vu del finado que no pueden dejar morir. Vive tu vida, dale alegría.

Tres vasos de agua, una taza de café. Las redes están repletas de fotos de Nicolás en La Habana. Al lado de Raúl. Puño alzado, sonriendo, saludando desde un estrado. La primera camada solo muestran sus rostros. Las segundas abren el compás y exponen el peladero de chivos que sirve de escenario a la exigua marcha cubana. Muestran la enorme distancia entre el poder y los trabajadores. De eso sí sabe Nicolás. Lo han entrenado para hablarle a las cámaras, no a la gente. Porque la gente no se comunica con él, no se conecta con sus aburridas y repetidas exposiciones. No reaccionan, no aplauden, no se emocionan. Por eso el equipo de producción de las alocuciones presidenciales, instala desde hace meses -siempre con micrófonos- un coro de repetidores de consignas a donde sea que vaya. Si no hay aplausos que haya consignas.

Nicolás no puede celebrar el día del trabajador. No ha trabajado nada de lo que ha obtenido. Es un lobbista, un tejedor de favores, un sindicalista que tramó su escala de poder; no un trabajador, mucho menos un obrero. Nicolás se ganó el favor del único líder que tuvo el Psuv, y nada más. Como presidente, no tiene un logro en materia laboral, pero está convencido del repunte que la campaña antiimperialista le sumó a su popularidad. Pasada la Cumbre de las Américas y su estrepitoso fracaso en ella, tiene que rescatar ese eje de alguna manera, porque el antiimperialismo justificó la Habilitante que aún no usa.

Cuba lo legitima. Por eso está ahí. Llegará bañado de antiimperialismo Caribe, de instrucciones de Raúl, de videos para mostrar en el reality show que lo ocupa cada día, todos los días. Y cuentos, ficciones que altera sin darse cuenta, encuentros que no ocurrieron, demostraciones de afecto que nadie puede probar -como su reunión informal con Obama-; de mangos de rabia, que su equipo de producción transformará en mensajes desesperados y premiará con casas. ¡Tan predecible, Nicolás!

Las fotos prueban la pobreza del que solo tiene estatura corporal, muy bajo sentido del ridículo y menor autoestima. Un obrero que no tiene sindicatos apoyándole. Un obrero que se limitará a aumentar una vez más el salario mínimo -que ya consumió la inflación acumulada de 2015-; un obrero abrigado en su antiimperialismo de propaganda, un reposero, un enano político sin canción propia, con el copete teñido por otro, al que le sigue alabando para mantenerse, para endosarse lo que nunca ha hecho: trabajar.

♫… escucha bien lo que te estoy diciendo,
no más barreras, al sentimiento… ♪

Día del trabajador, en Venezuela

Henchido de revolución cubana, Nicolás llegó a la Plaza O’Leary poco antes de las 3 de la tarde. Ya tostados, los trabajadores que marcharon desde la Libertador hasta la Urdaneta, esperaban el revolcón. Pero no pasó. Nicolás aseguró que el primer cuatrimestre de 2015 le legó lecciones útiles, de cómo una campaña antiimperialista puede distraer la opinión pública de sus problemas reales y brindar por la victoria contra una guerra ficticia. Se enorgulleció de cómo el Psuv ha duplicado la cantidad de organizaciones sindicales, pero lamentablemente, Nicolás considera que a la clase obrera todavía le falta mucho para asumir la conducción económica de la patria. Sin embargo, ahí está él, un tipo con Habilitante, listo para cumplir con las propuestas que le entregaron hoy, en los días por venir.

Los anuncios fueron:
1. Obligado a “defender el salario de los trabajadores”, aumentó 30% el salario. El salario mínimo pasa de 5.622 bolívares a Bs. 6.746,96 (20%) hasta junio y llegará a Bs. 7.421,6 (10%) en julio.
2. Aumentó en 30% las pensiones.
3. Aseguró un ajuste en la tabla de salarios de la administración pública y de la fuerza armada.
4. Asignó Bs. 11.900 millones para que alcaldías y gobernaciones cumplan con los aumentos anunciados.
5. Presentó en sociedad los Consejos populares de abastecimiento y producción, un nuevo sistema de control político, que ya le ha acompañado en las inauguraciones más recientes de pedevales y mercales, y que sin resquemor, hablan de sus operadores políticos para mantener “el orden en lo que es del pueblo”.

Repitió obsesivamente el mote “pelucones” -más malos que Ultrón-, hilándolo siempre con la irritación del pueblo. Nicolás reconoce que la gente está arrecha y torpemente juega a buscar otros culpables para sus errores. De los tickets de alimentación solo habló en pasado. No explicó cómo carrizo defenderá el salario con el precio que ahora tiene el barril del petróleo. No habló de nuevos empleos, de inversiones ni de productividad. No dijo nada de la inflación. Tampoco dijo cómo frenará el financiamiento monetario del Banco Central de Venezuela, ni precisó cuándo comenzarán a imprimir los billetes de 500, 1000 y 2000 bolívares. No lució victorioso. Demasiado alterado, errático, contradictorio. Así habrá sido el revolcón de Raúl.

¡Tan predecible, Nicolás!

Naky Soto Parra.
Derechos de publicación cedidos por la autora a Infovzla.