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Para tener país hace falta tener familia

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Por Wincho Schäfer

InfoVnzla.com – Junio 24, 2014

Cada día que muere uno de nosotros, recuerdo la expresión de tres niños de entre 10 y 12 años que amenazaron con matarme. “Te voy a mandar a quebrar”, me dijo uno. Eso ocurrió en la farmacia que llevan mi mamá y el tío Luis, cerca de Chapellín. Fue en el año 1993. Han pasado muchos años, y apenas puedo imaginar lo que debió ser la vida de ellos tres en el barrio. En sus ojos se podía leer claramente, “Nosotros no tenemos ni tuvimos papá. Nuestra mamá se hartó de nosotros y desde los cinco o siete años andamos en la calle. Nadie nos dio un abrazo nunca. Nadie nos sonríe. Lo que necesitamos lo pedimos o lo robamos. Y en el barrio nos respetan porque andamos armados. Punto”.

Muchos años han pasado y apenas empiezo a vislumbrar las dimensiones de nuestro verdadero problema. Esos niños de Chapellín no tuvieron la familia que yo tuve. No tuvieron, seguramente, ninguna familia. Uno los puede ver durmiendo en la calle o pidiendo para comer frente a alguna panadería. Muchas veces yo mismo los desprecié. Sin darme cuenta que ellos sólo han sufrido desde el primer día. No conocen el amor y su vida es un infierno. Ahí está la cuna de nuestros verdaderos problemas. No tenemos conciencia.

Para tener país hace falta tener familia. Y muchos no la tienen. Matan porque es costumbre. Es un acto reflejo. Automático. Aprendieron a matar y punto. No hay conciencia del bien o del mal. Para tener país necesitamos esa conciencia del todo. De nuestro entorno. Es un problema inmenso. Mayor que la suma de todos nosotros. Ciudadanos buenos, malos, mediocres y excelentes. Perdimos la conexión con Dios. No existen cristianos fanáticos, ni evangélicos locos, ni judíos fervientes, ni musulmanes entregados. Cada quién busca su manera de conectar con Dios. Puede ser con un porro oyendo Marley todo el día o meditando y haciendo yoga. Orando y adorando al Creador en un templo.

O conectamos con nuestra condición humana y nuestra paz interior, o nos seguiremos matando unos a otros. Con un Estado que observa complaciente la muerte de estudiantes como Geraldine Moreno a manos de la Guardia Nacional Bolivariana. La madre de Geraldine debe estar devastada. Su familia está ahora incompleta. Para eso no hay repuesto. Como no hay repuesto para el amor que los niños de Chapellín jamás recibieron. Nuestro problema no es grave. Es trágico. Y es inmenso. Nuestro espíritu humano está siendo sometido a pruebas inhumanas. Y los venezolanos despertaremos nuestro espíritu humano una vez más. Lo sé en mi corazón. Aunque no viva lo suficiente para verlo en esta vida. Sé que lo conseguiremos. Lo sé porque ese país me lo dio todo. Me dio amor de familia, esposa e hijos. Me dio la música y una carrera en la música. Y amigos en la música.

Maduro es sólo un adorno colocado ahí por Fidel y su hermano Raúl. Un adorno que hace demasiado ruido. Nuestra conciencia es la llave. Quieren quitarnos la llave, pero es imposible.

 

Por Wincho Schäferpara #infovnzla

Foto: Algunos derechos reservados por César.Gutiérrez (tomada de Flickr.com)

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No More

By Colette Capriles

Código Venezuela. March 13, 2014.

That make-believe country has always been there, covered up by the exhausted rhetoric of a third-world narrative, by the outpour of subsidies and by the everyday use of a language of hatred, which spread everywhere as if it were harmless. Now we are shown everything, with people dead, wounded, imprisoned, and humiliated: it is a price too high to pay.

The most important thing about revolutions is how they end. In his book Interpreting the French Revolution, François Furet felt obliged to write an introduction presenting the battlefield where, two hundred years after the revolutionary events occurred, the battle for interpretation still continues. Maybe, the revolution is the modern sacred book and needs to be deciphered all the time. When he made himself the exclusive owner of power, Bonaparte declared that the revolution was over; only to state that he was its only heir, following the principles of 1789. Tocqueville was one of the few people who was able to see the secret continuity between the Bourbon monarchy and the institutions of the French revolution. He considered Bonaparte´s regime a historically unprecedented autocracy, a form of despotism only possible through and after democracy, where the centralization of the administration, the legal system, allowed an almost complete and legitimate control over public and private life.

Chávez was a huge symptom of democracy´s illness, of the true democracy which is representative and liberal. Because there is no other. I don´t believe that those who voted for Chávez in 1998 had anything else deep down but a blind indignation; I don´t think they took the idea of a “participatory” democracy very seriously. But the temptation for order – or rather a new powerful order that would ditch the indecisiveness and uncertainties that go with democracy, and that would do justice to the fattened-up resentment of an unfinished modernity – was just too much. Maybe that explains the hypnotic submission that the institutional and factual powers handed themselves in with, ever since that grim swearing-in ceremony that promised to end them.

A whole year was needed for the tyrannical inherited mess to become painfully obvious. While I write this, Chávez´s voice, singing his own personal version of the anthem in a kind of Neronian stage, is amplified by speakers on top of military tanks chasing protesters, pleasantly covered by treachery and the darkness of the night. This is the staging of the legacy: it isn’t only the strength and terror of a State machinery against the defenseless citizen; it is a Wagnerian gesture of supreme power, of the enjoyment of fire and humiliation. It´s like looking at the naked flesh of the country imagined by Chavismo: the one without any limits of power, the one that annihilates the unwanted.

That make-believe country has always been there, covered up by the exhausted rhetoric of a third-world narrative, by the outpour of subsidies and by the everyday use of a language of hatred, which spread everywhere as if it were harmless. Now we are shown everything, with people dead, wounded, imprisoned, and humiliated: it is a price too high to pay.

If it can be formulated in a simple way, it seems that we have to return to something more basic, to something that comes before politics: to a sense of preservation that needs to come before the disintegrated fields of strength that is the country today. Chávez´s power didn’t lie in any of his doubtful personal attributes, but in his ability to break, divide, fragment and fracture – even the most daily aspects – and rule over that puzzle. Now we have to connect those pieces, bring together, join, glue, add, form growing entities, find a solid spot in the center of the map of Babel where we can tie ourselves to and mobilize this society, all of it, in another direction; leaving this shipwreck, this crushed imaginary country behind. The people in power don’t want to talk, because conversation means denial of power. But we have to force them to speak, not in their sinister and Orwellian terms, but in the terms of justice, simple and clear. It was said by Pedro Salinas in The Defender: “Only when hope is lost in the persuasion power of speech, in its strength to convince, then the weapons will shine and violence begins”.

 

Source: Capriles, Colette. “Ya No Más” CódigoVenezuela.com. March 13, 2004. http://www.codigovenezuela.com/2014/03/opinion/colette-capriles/ya-no-mas-por-colette-capriles-cocap

Main photograph: Platón Antoniou

Translated by #infoVnzla

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Una rutina diaria de chavismo, caos y telenovelas

Por Ibsen Martinez

lanacion.com – Publicado el Abril 10, 2014

 

CARACAS.- Como escritor en Caracas, en estos tiempos caóticos , vivo en dos mundos diferentes. De día, escribo el guión de una telenovela para la cadena Telemundo. De noche, escribo comentarios políticos, mayormente para Tal Cual, uno de los pocos diarios opositores que quedan en Venezuela.

Me llevó 30 años darme cuenta de que las telenovelas son una metáfora dramatizada del populismo latinoamericano. Esos programas no se tratan tanto de amores no correspondidos como de mitos de redención social, tan inmortales como el de Eva Perón. Su receta más recurrente prescribe la redistribución del ingreso entre los pobres, con pocas consideraciones al modo en que esa riqueza fue generada, lo que en más de un sentido explica gran parte de la historia reciente de Venezuela y del chavismo. Desde los 30, varios populismos demagógicos de América latina aplicaron esas soluciones a lo Robin Hood para paliar la miseria.

Yo quería escribir una historia diferente, la historia de una joven, una emprendedora, que sale de la pobreza y alcanza la prosperidad por el camino de la innovación, de la astucia, un pequeño capital inicial y mucho, mucho trabajo personal. El hecho de que la región sea el hogar del 17% de los nuevos emprendimientos empresarios del mundo hizo que la idea resultase atractiva para los productores. A principios de enero, nuestra producción se cruzó con una tragedia real. Mónica Spear, una actriz de 29 años que era la candidata firme para el rol protagónico de Nora, fue baleada junto con su esposo británico en una ruta costera.

En Venezuela, la violencia es impulsada por grupos que originalmente se organizaron en torno al menudeo de la droga en las villas miseria. Una de esas bandas asesinó a Mónica Spear. Muchas de ellas fueron cooptadas por el gobierno, que les puso un nombre más inocuo: colectivos, una palabra engañosa con matices progresistas. De hecho, los colectivos son ahora fuerzas paramilitares muy temidas que acosan a los manifestantes en las protestas.

La violencia parece alejada de los elegantes estudios donde se produce nuestra telenovela, pero la escasez de productos básicos, inexplicable en un rico petro-Estado como Venezuela, nos afecta a todos. De hecho, con frecuencia nos vemos obligados a parar el rodaje cuando alguien del elenco o del equipo técnico recibe un mensaje de texto para avisarle que tal alimento básico está disponible en un supermercado cercano.

Escribo una columna de opinión semanal en Tal Cual, un valiente tabloide fundado por Teodoro Petkoff en 2000. Petkoff, de 82 años, es un ex comandante de la guerrilla venezolana que abandonó el Partido Comunista para escribir encendidas denuncias contra el estalinismo. Su activismo político llegó a su fin casi 30 años más tarde. Luego empezó una nueva carrera, a los 68 años, como editor fundador de Tal Cual.

A pesar de su reducida tirada, Tal Cual se convirtió en el más influyente periódico de opinión de Venezuela. Tiene la marca personal de los textos socialdemócratas de centroizquierda de Petkoff, así como voces más conservadoras de la oposición democrática venezolana.

Petkoff ha batallado incansablemente contra Chávez y su sucesor. Por la última de estas escaramuzas, Petkoff enfrenta la posibilidad de cuatro años de prisión y una multa millonaria, si es encontrado culpable en una demanda por difamación contra Diosdado Cabello, el segundo hombre más poderoso del país.

Es una verdadera inspiración ver cómo el anciano se enfrenta con Cabello. Petkoff ya tiene planeado seguir publicando sus contenidos en la Web, en caso de que el gobierno concrete su amenaza de silenciar Tal Cual cortándole el suministro de papel. En una entrevista reciente, Petkoff dijo: “No terminé con el comunismo del siglo pasado para terminar condonando cualquier otra forma de tiranía, como ésta”.

Mientras escribo estas líneas, escucho la rutina diaria de perdigones y bombas de gas lacrimógeno disparados por las fuerzas antimotines cerca del barrio de Chacao. Todo ocurre en la oscuridad, ya que la Guardia Nacional corta invariablemente la electricidad de los bastiones de los jóvenes y furiosos manifestantes antes del avance de los vehículos blindados.

Me pregunto cómo se las arreglaría Nora en tanto emprendedora en la Venezuela de la vida real, un país que ocupa el lugar 175 en el Índice Internacional de Libertad Económica, sólo encima de Corea del Norte, Cuba y Zimbabwe. Apuesto que saldría a las calles y se sumaría a las protestas.

 

Derechos cedidos a infoVnzla por: Ibsen Martínez

Fuente Original: Martínez, Ibsen.”Una rutina diaria de chavismo, caos y telenovelas”. lanacion. com. Abril 10, 2014. SA La Nacion. Abril 14, 2014.

http://www.lanacion.com.ar/1679511-una-rutina-diaria-de-chavismo-caos-y-telenovelas

Foto principal: EFE

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Balas

Por: Hernán Carrera

Agencia Venezolana de Noticias AVN – Publicado el 24 de marzo de 2014

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La bala la vio venir o no la vio, ¿cómo saberlo? Venía como vienen todas las balas que son de plomo o son de cobre y no mera Matrix en celuloide: venía rauda. Uno, puesto a creer en creencias, puede suponer el infinitesimal instante en que el proyectil rota ante el ojo despavorido, en que cosquillea la piel y no penetra todavía. Uno, dejado de pendejadas, sabe que ese instante no ocurrió jamás. Que hubo la carne explosionada, el cráneo astillado, el cuello a borbotones, esa extraña flor bermeja en el pecho, el cuerpo tan repentinamente des-animado, la sangre tibia, roja, por un instante infinitesimal aún viva en el asfalto renegrido.

Se llamaba Adriana y llevaba dentro de sí un ser todavía sin nombre, sin mañana. Se llamaba Miguel y era sargento. Se llamaba José y tenía tres hijas. Ramso, y se había casado en diciembre. Gisela, la llamaban, y era artesana, y Alexis obrero y Antonio mototaxista. Se llamaba Giovanny, José, Acner, Gildis, Juan, John, Julio, Eduardo, Luis, José, Elvis, Doris, Deivis, Johann, Daniel, Danny, Wilmer, Jesús, Guillermo, Alejandro, Génesis, Ángel, Geraldine, Jimmy, Joan, Ángelo, Roberto, Bassil, Juan Montoya se llamaba.

Tenían nombre, madre, ojos, ansias, sueños. Y una bala. Una violencia en el camino.

¿Qué diferencia puede haber entre esa furia y la que se llevó a Mónica Spear, a Alexis Martínez, a Yoján de Jesús, a Perico de los Yusnavis, a todos los que caen porque, simplemente, alguien quiere apoderarse de algo que no le pertenece?

Uno va en el metro, en el autobús, camino a la oficina, a la fábrica, a la tienda, o de vuelta a casa, y no quiere pensar en eso. Uno quiere pensar en las satisfacciones que da o permite el trabajo, en la lechuga crujiente, en la arepa suave, en la almohada.

Uno está harto y sin embargo.

Porque la única forma de no pensar en Adriana y su hijo sin nombre, en Miguel, en José, en Geraldine, en el amigo entusiasta y la chica bellísima que todavía caminan sin bala que cosquillee o perfore, es detener el dedo del odio, del gatillo.

No importa qué oscura pasión lo mueva.

No hay nada más importante, hoy, que darle nombre a los asesinos.

Fuente original: Carrera, Hernán “Balas” Agencia Venezolana de Noticias AVN. 26 de marzo de 2014. 26 de marzo de 2014.

http://www.avn.info.ve/node/229680/%5D

Foto: AVN

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#infoVnzla

Venezuela: Authoritarianism and its accomplices

By Armando Chaguaceda

Newsweek en Español.  March 25, 2014

 

Is a coup possible when the National Armed Forces, the National Guard, the Police, and the Intelligence Agency are instruments of the ruling party?

Authoritarianism is a way of doing politics where command comes before consensus, political power is concentrated to a leader or organism, emblematic institutions are undermined, independent discussion and participation are demeaned, political opposition is besieged or eliminated, and control over the electoral system whose intention is to transmit the will of the people, is obtained. This approach may take on diverse ideological attires –even opposed ones– and appear amidst multiple historical contexts, as Latin America’s experience has proved over the past two centuries.

Having said this, let´s be honest: today, Venezuela exists under an openly authoritarian regime.

In that country, the democratic and progressive mandate of the Constitution of 1999 has been replaced by a political form of action that increases control over local powers, limits any form of autonomous organizing, and criminalizes every form of political opposition and social protest. A government that insists in an alleged popular support expressed through elections, when now that support barely represents a slim advantage –of 1.5% in the last presidential elections– over its opponents. If we forget that the enjoyment of (certain) popular support, the celebration of (unequal) elections, and the existence of an (infringed) Constitution are compatible with authoritarian and dictatorial governments, we have the examples set by Somoza, Pinochet and Fujimori as a reminder.

Cabello, Maduro, and company call their opponents “golpistas” (coup organizers), but in as much as this term is befitting to those who do not acknowledge the will of the people, and violate governing laws and institutions, then the current Venezuelan government is an outstanding disciple of those who, in 2002, interrupted the constitutional order, overthrowing Hugo Chávez for 48 hours. Their way of acting is golpista when they kidnap the different levels of government in benefit of one political party, when they do away with the prerogatives of governors and mayors –slashing their budgets and appointing parallel government structures, when they physically abuse or deny the right of speech to opposing Parliament members elected by half of the people. When they establish a discourse filled with warlike allusions (battle, campaign, enemy) and disqualify others using racist or homophobic terms.

Analyzed by a fairly informed observer, the propaganda in Caracas falls apart like a house of cards. Is a coup possible when the National Armed Forces, the National Guard, the Police, and the Intelligence Agency –all Bolivarian by name and political ascription– are instruments of the ruling party, benefiting from the largest budgets and political prominence in Venezuelan history? Take a look at the origins of the top brass of the national government and the regional powers controlled by it, and you will find –amongst a few civilians from the old left and some converted celebrities– a constellation of epaulettes.

Is there a “media fence” when the six state-owned and the four privately-owned TV channels with national coverage all stick to the government’s informational guidelines and censorship, to the point where the opposing half of the country and its leaders can’t be found in the broadcast programming? Who holds the communication hegemony, when the only non-subordinated platform –the printed news media– has its days numbered as a result of financial drowning, legal fencing and the rationing of newsprint imports? What if not an enormous propaganda-filled monologue do the 44 regional TV and 264 radio stations in hands of the government broadcast? And what truly democratic president would launch a censorship agenda like the one that pulled channel NTN24 from cable operators, demonizes CNN and blocks social media?

The opposition is presented as “oligarchs” when its supporters, as well as those of the government, bring together diverse social sectors, political creeds and skin colors. But the elements that fertilize the road to a civil battle in Venezuela are kept hidden: repression, warlike and uncivil discourse from the government; impunity and support to paramilitaries; the complicit lack of action from Latin America; and the irrational desperation from part of the assaulted protesters –in that order of causality and responsibility. A battle where the asymmetry of strengths between its parts foretells more of a bloodbath than a true armed conflict.

The demands behind the current social uprising are diverse, legitimate, and none are “conspiratorial”: the fight against insecurity and scarcity, the liberation of imprisoned students, the cease of censorship and asphyxia of the media, and all forms of criminalization of freedom of speech and civil protests which are rights guaranteed by the current constitution. Along with the opposition leader Leopoldo López, and under the Venezuelan penal system, trade unionists, community leaders, students and popular activists languish, victims of harassment from the governmental machine. The main contradiction in Venezuela is not between “Chavismo” and opposition or between Left and Right; it is between a hegemonic, militaristic, state-centered project and those ideologically diverse social figures who refuse to surrender their independence.

Facing such a scenario, an important part of the region’s intellectuals display a lack of memory, blindness and dogmatism. It doesn’t matter if in the 70’s you stood for standards of equality and justice that earned you the title “subversive” and the threat of ending up –thanks to the CIA and their local trainees– in jail or underground. Nor did it matter that in the 90’s you questioned the incompatibility of “strengthening a democracy” under the neoliberal politics of “structural adjustment”. If today, in clear demonstration of coherence with such a democratic trajectory, you denounce the human rights abuse committed by the governments of our region –from Colombia to Venezuela– the part of your complaint that speaks of the repressive performance of the “revolutionary regimes” will disqualify you under the knowledgeable eyes of the “committed intellectual”.

How long will there be “progs”, in and outside of Venezuela, who –with their discourse– cover up the disastrous public management, the “conspiranoid” censorship, and the unjustifiable repression of Miraflores? Those who in the past would condemn –in the name of democracy and social change– the repression against students, who would protested against poverty and question the corrupt practices of a liberal democracy, while having been formed in its universities and thanks to its scholarships. Today they are either silent or perform embarrassing somersaults, invoking the in-fashion “theoreticians” and wearing down, like the sole of an old shoe, words like “emancipation”, “leading” and “popular”. Like ideological customs agents, they only defend the other’s rights when those rights coincide with their vision or personal pragmatism, labeling at will victims and victimizers. Faced with these attitudes, one wonders: where is the limit for such intellectual credulity and civil indecency?

During these tragic days, an expensive example of Mexican history comes to mind. At the height of the post-revolutionary regime, the writer Octavio Paz quit his position as a Mexican diplomat in protest of the repression in Tlatelolco (1968). That decision earned him insults from the official propagandists and from a sector of intellectuals who were numbed by the “revolutionary” litany. Then, far from what is thought of today, the popularity of the priísta government was considerable and, its control of the media was almost total. To live under the perfect dictatorship seemed preferable to suffering the blunt tyrannies of Central and South America; which is why most people, a few weeks later, lived the “normality” dressed up as a party of the Olympic Games of 1968.

Paz never rejected the progressive and righteous ideology of the Mexican Revolution, but he knew to promptly condemn those who, in its name, arose as a dominant class and system of repression. Today, many praise him as an example of civic courage and of glorious Latin American writing. It would be useful for those who still support Maduro’s government in the name of “anti-imperialism,” the “revolution,” and the “just causes of humanity” to reflect upon his legacy.

 

Armando Chaguaceda is an academic and political analyst, author of many books and articles on Latin American history and politics. He is a member of the Social Observatory and Coordinator of the Work Group, both positions within the Latin American Council of Social Sciences.

 

Source: Chaguaceda, Armando. “Venezuela: El Autoritarismo y sus Cómplices”. Newsweek en Español. Marzo 25, 2014. News for America LLC. Abril 01, 2014.

<http://www.newsweek.mx/index.php/articulo/8678#.UzrLv_ldWSr >

 

Translated by #infoVnzla

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Venezuela se vuelve loca

Por: Rafael Osío Cabrices.

The New York Times. Publicado el 10 de Marzo, 2014.

Caracas, Venezuela. Las demostraciones violentas que han sacudido a Venezuela durante semanas, amenazan con eliminar la poca democracia que allí queda tras 15 años de erosión sistemática por parte del estado. El gobierno de Nicolás Maduro ha respondido con una fuerza militar rotunda: asaltando oficinas y residencias sin órdenes judiciales, y apresando a civiles mientras grupos paramilitares aplauden la muerte de manifestantes.

Sin embargo, las protestas no auguran una Primavera Venezolana. Para el gobierno, son una bienvenida desviación del ojo público sobre una economía tambaleante y un crimen en aumento. Podrían, incluso, revitalizar esta flácida dictadura.

La agitación comenzó el 4 de febrero, tras el abuso sexual de una estudiante encendiera protestas en las instalaciones de una universidad cerca de la frontera con Colombia. La Guardia Nacional respondió con una fuerza desproporcionada, y las protestas se multiplicaron a través del país. Había mucha ira a punto de estallar. Durante el primer año de la presidencia de Maduro, Venezuela ha vivido la violencia urbana y la escasez de productos de primera necesidad comúnmente asociadas a una situación de guerra. La tasa de inflación anual, que sobrepasa el 56%, es una de las más altas del mundo.

El 5 de marzo, cuando el gobierno más militar que civil del presidente Maduro conmemoró el primer aniversario de la muerte de su venerado comandante, Hugo Chávez, cerca de 20 personas habían muerto y más de 1000 habían sido detenidas. La mayoría de los prisioneros fueron liberados en pocos días, pero algunos denunciaron haber sido violados y torturados. Hoy, grandes protestas continúan llevándose a cabo en localidades de clase media de las principales ciudades. Los manifestantes, en un gesto que mezcla una resistencia anárquica con la defensa propia, bloquean las calles con barricadas improvisadas, o guarimbas, y las incineran. Esto sólo incita más violencia por parte de la Guardia Nacional y los colectivos, los grupos paramilitares chavistas.

Creando congestión de tráfico y reteniendo el alimento y otras provisiones fuera del alcance de los mercados, las guarimbas también aumentan la tensión entre los manifestantes y los ciudadanos comunes. Mientras escribo este artículo, el humo llena las calles a las afueras de la casa de mi familia; las barricadas ardían después de otra batalla entre los manifestantes y las fuerzas públicas. Pero tuvimos suerte. En otras urbanizaciones, la Guardia Nacional y los colectivos irrumpen en los edificios buscando a manifestantes, arrestando no sólo a jóvenes encapuchados, sino también a amas de casas furiosas que los insultaron por arremeter contra los manifestantes.

Por el momento, nadie – ningún partido político, ni movimiento social, ningún líder – está a cargo de las protestas. Las manifestaciones han creado una crisis política, de acuerdo, pero es una crisis menor para el gobierno que para sus oponentes. Después de años de lucha para formar una coalición, la oposición parece estar dividida otra vez.

Aparte de los estudiantes que comenzaron las protestas, hay dos ramas dentro de la oposición. Uno es un grupo de fanáticos dirigidos por María Corina Machado, una congresista de la oposición con un fuerte apoyo en Caracas; y Leopoldo López, un ex alcalde del municipio antichavista de Chacao. Ellos quieren que caiga el gobierno; su gente está activa en la calle y escupen insultos tanto a chavistas como a antichavistas moderados por Twitter (Leopoldo ha estado bajo custodia militar desde el 18 de febrero bajo los cargos de promover la violencia). Otra fuerza de la oposición intenta mantener con vida a la Mesa de la Unidad Democrática, una organización que abriga partidos antichavistas y que cree en políticas institucionales.

En este momento, los más radicales parecen ser los más populares entre los manifestantes; sin duda, son los más ruidosos. Y mientras más gritan, más reprimen las fuerzas de seguridad a los manifestantes, mientras más reprimen las fuerzas de seguridad a los manifestantes, más incendios generan en las barricadas los manifestantes. La situación más descabellada es en el Táchira, donde comenzó el alzamiento y donde la violencia y la escasez de bienes domésticos básicos se han extendido durante más tiempo que en el resto del país. Allí, las protestas ya se han propagado de las zonas de clase media a los barrios. Ocasionalmente, un jet militar cruza el cielo.

Sin embargo, el levantamiento en Venezuela no es una versión Latinoamericana de la Primavera Árabe. Tan sólo un miembro de la Guardia Nacional ha fallecido hasta ahora; y los manifestantes no van en contra de las fuerzas del estado. Aún así, construyen barricadas y las queman, y gritan que no aceptarán una dictadura a la cubana. No hay ningún grupo que esté respaldando a los manifestantes venezolanos como la Hermandad Musulmana, con una plataforma, un sistema y la logística necesaria para derrocar al gobierno actual. A pesar de lo que afirman los chavistas en el poder, repitiendo la trillada línea izquierdista sobre la injerencia estadounidense, estas marchas y protestas no son una conspiración para derrocar un gobierno electo. Los fanáticos dentro de la oposición que quieren un cambio del régimen, no pueden sacar a Nicolás Maduro del poder, y mucho menos reemplazar la creciente institución chavista. Los militares permanecen firmemente alineados con el heredero de Hugo Chávez.

El gobierno no muestra señales de colapso; nada, y los oficialistas insisten que nada podrá detener la revolución socialista de Hugo Chávez. Al contrario, las protestas podrían inyectar una nueva energía a una dictadura débil e ineficiente. El gobierno parece estar ganando tiempo hasta que la silente mayoría se vuelva impaciente con los manifestantes. Está tratando de solicitar préstamos a China, su nuevo aliado clave, para reiniciar la economía. También parece estar contactándose con líderes de negocios locales con la esperanza de reavivar la producción agrícola y la actividad industrial.

La violencia continuará mientras tanto, incluso aunque esta oleada de protestas sea aplastada bajo la bota de los soldados. Puedo verlo en la ira de los conductores que encuentras haciendo barricadas de camino a sus casas; en los insultos que se intercambian los vecinos; en el sinnúmero de reportes en los medios sociales sobre asaltos, incendios, entradas forzadas y vandalismo. El crimen y la inflación, que ya está fuera de control, y hará más difícil la vida para casi todos.

Desde hace tiempo ya, Venezuela es un país sin espacios para medios independientes, las reglas de las leyes o la política competitiva. Ahora bien, también es un país donde miles de manifestantes, absurdamente, toman órdenes de un profeta auto-proclamado desde Miami, Reinaldo Dos Santos, quien anunciara la caída de Nicolás Maduro. Y es un país donde miles de chavistas exigen el encarcelamiento, el exilio, o la desaparición de los oponentes de su gobierno represivo. Venezuela no está atravesando ninguna revolución. Venezuela se está volviendo loca.

Fuente Original: Osío Cabrices, Rafael. “Venezuela Goes Mad.” The New York Times. 10 de Marzo, 2014.

http://www.nytimes.com/2014/03/11/opinion/venezuela-goes-mad.html?_r=2&referrer

Ilustración: Tom Jay (http://www.tomjay.com/)

Traducido por #infoVnzla

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