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Héroes de la buena nota por Macu Miguel

Florencio 1 copia

La buena si nota viaja en moto

“Mi hermano es un renegado… porque es motorizado”. María Rivas (años 90)

Al pana lo veo casi todos los días. Es el motorizado que trae a la oficina los almuerzos “Delivery”.

Al principio su porte inspiraba respeto: Actitud plantada, mirada esquiva, lentes oscuros y casco bajo el brazo. Entregaba, daba el vuelto y se iba.

Poco a poco su cara se hizo amigable y un día, buscándole la sonrisa le pedí una foto. Me dijo que eso no le gustaba, pero… sonrió. Le expliqué que era para una campaña que estaba haciendo sobre gente chévere, y me dijo, en tono “malandro”: – “Yo ando con Dios… El que hace bien, está bien. El que hace mal termina mal… más nada”. Su filosofía pues.

Florencio debe tener unos 50 y pico, sus compañeros de cuadra le dicen “El Chino”. Vive en San Martín , una de las 32 parroquias que forman parte del Distrito Metropolitano de Caracas  y una de las 22 que se encuentran dentro de la ciudad Capital en el Municipio Libertador. Allí nació, se crió y se casó con Magaly. Tienen una hija, ex alumna de liceo militar y recién graduada en criminología de La Central. Ella acaba de tener un hijo y está preparando los papeles para irse a Argentina.

El Chino se levanta tempranito todos los días, todavía de noche, para salir a la calle a “buscarse el sueldo”. Antes de irse a Los Chorros donde busca los almuerzos, se reúne con sus colegas taxistas en la Plaza O’Leary: – “Salgo a taxear de 6 a 11 de la mañana y luego vuelvo a las 5 hasta las 7 de la tarde. Con la inseguridad, hay que recogerse temprano”. “A los paisanos los dejan sin moto a diario”.

Antiguamente (hace 2 o 3 años), todavía jugaban dominó en la placita con los compadres de la vecindad. Desde el miércoles, tipo 5, se armaba la cavita, hielo, cerveza y comenzada la pachanga.

A veces se acercaba uno que otro policía y se quedaban con ellos viendo el final de la partida. Luego, desaparecieron los policías y llegaron los malandros, quienes no dejaban que la cochina trancara el juego. Lo trancaban ellos con el respectivo: “bájense con lo que tengan”.

La plaza la cambiaron por la casa del vecino. Ya no se reúnen tanto. Todo cambió. Las cosas ahora son más complicadas. Pero él no se amilana. Ahora anda con una moto prestada, la suya tuvo un problema mecánico, pero como no hay repuestos, la tiene parada. Si el nuero la necesita “le toca salir a pie” y hacer lo que puede. Prácticamente se la turnan.

Pero Florencio es un abuelo feliz, está chocho con su nieto de cuatro meses, siempre tiene un cuento nuevo, pero no tiene foto, prometió traérmela la próxima vez. Tiene una bella familia por la que se parte el lomo todos los días. Ahora, es un gusto encontrárselo en Recepción. Anda orondo, derechito e impecable. Es otro sobreviviente que anda por ahí cabalgando caballos de hierro, evitando retrovisores y esquivando policías y peatones. Está acostumbrado a que le suban los vidrios o le pidan licencia y papeles. Normalmente tiene sencillo en la cartera por si hay que mojar alguna mano corrupta de soldado raso, de esos que ponen en “Alcabalas Seguras”.

Es mi héroe de cemento: Tiene ojos en la espalda porque nunca deja de mirar pa´tras, caballo propio y una voluntad de piedra.

Macu Miguel

Derechos de publicación cedidos por la autora a Infovzla.

Héroes de la buena nota por Macu Miguel

Aquí se vende buena nota

El chamo del kiosco

Mike es el chamo del kiosco. Vive en el Barrio el Pedregal, un barrio sano, donde la gente se ha organizado y lo tienen como tacita de plata. Como en cualquier zona de Caracas, nunca falta el malandro, el borrachito de la esquina, la loca de ambulante y el perro callejero, pero aquí la mayoría es gente tenaz, de los que se fajan día a día con trabajo y 100% actitud.

Hay una bodega, guardería, licorería y la quincalla, donde en otros tiempos conseguías de todo. No puede faltar el perrocalentero y la señora de las empanadas, que los sábados, si pasas tipo temprano, puedes sentarte, en mesitas y todo, a comerte un mondongo o una contundente sopa de pollo.

Ellos son algunos de los vecinos de Mike, quien atiende el kiosco del barrio con su prima. Lo heredaron del abuelo que lo tenía hace todos los años del mundo, los mismos que tienen viviendo en el barrio, aunque él tenga solo 23. Oloroso y sonriente, Mike siempre está de punta en blanco para venderte: cigarros detallados, refrescos, galletas, chuquerías varias y a veces, unos yogures de muerte.

Hay tardes adictivas donde el exceso de trabajo necesita un respiro y uno sale a caminar un rato para toparse con el amarillo número 5 de Frito Lay, en cualquiera de sus variantes. Últimamente la escasez golpea también el rubro de la chatarra y ahí está Mike que, con una pícara sonrisita te dice: – eso “no se consigue mijita” – y sale orondo de la penosa situación, en donde todos estamos inmersos, pero él lo hace más vivible que otros.

Parece de 15 pero tiene 23. La tremendura se le ve en los ojos, la viveza se le asoma en la piel. Quisiera comerse el mundo, pero tiene que cuidar a sus sobrinas, tres, en escalera descendente… 10, 5 y 3… Unas muñecas que ayuda a mantener, pues su prima es madre soltera, con dos trabajos y una gran familia a cuestas. A veces, están jugando en el kiosco, o las consigues durmiendo la siesta en una colchonetica, pequeñita como ellas.

Él tiene algo en la mirada, algo que produce un pequeño vértigo que se contagia. Yo la llamo “la adrenalina veinteañera”, esa que no cansa, que te hace superhéroe. Siempre se despide de los panas con su grito de guerra: ¡“Pórtate mal y niégalo todo”!

Hay días que paso distraída y oigo ese eco de lejos, que me hace cosquillas en el alma, e inevitablemente me saca una sonrisa.

Son los chamos del hoy, el futuro, echados pa´ lante, jodedores, alegres y muy conscientes de la situación que vivimos en estos tiempos de furia. Hablan mal del gobierno con conocimiento de causa, porque antes les creyeron. Vivieron en carne propia de las falsas promesas gobierneras y ahora padecen, como todos nosotros, el periodo de las vacas flacas.

Chamos como Mike agradecen al que les tiende la mano y reconocen a quién los ayuda a surgir. Con trabajo, Mike estudia y se supera. Está sacando el bachillerato en un Parasistemas. No quiere estar en ese kiosco para siempre. Quiere viajar y conocer las discotecas del mundo. Para ir a las de Caracas, espera por tiempos más seguros.

Es mi héroe preferido, sobre todo por su grito de guerra. : ¡“Pórtate mal y niégalo todo”!

Héroes de la buena nota por Macu Miguel

Antonio

Buscando héroes en un país marcado por el desasosiego, el primero que conseguí estaba muy cerca, es el portugués del abasto de la esquina de mi casa…. la misma casa de hace 45 años, pero no la misma esquina ya.

Antonio vino a Venezuela con 15 años. Desde entonces, trabaja. Emprendió el negocio con unos ahorros y consiguió el traspaso del local, por un paisano. “El portu” debe tener como 17 años administrando esta, su bodega. En el centro del centro, vía Chacaito, está el pequeño establecimiento, abajo del edificio Galmúa, y rodeado de panadería, farmacia, lunchería y una conocida franquicia de Pizza.

Expandió horizontes cuando el negocio creció: En algún momento compró la casa de enfrente que usa como almacén. Así formó a sus hijos y sobrinos, pues es un clan luso con hermanos y todo.

Desde que tengo uso de razón he comprado en esa bodega que siempre fue la despensa de todos los vecinos. Cuando tocaba bajar corriendo a la panadería, a comprar la canilla calientica, en respuesta al grito de guerra de una madre que rezaba algo así como: -”O bajas o te quedas sin cenar”…, con el vuelto, uno se escapaba y se metía en ese pequeño lugar, que tenía de todo: por los pasillos estrechos estaba el Pepito y el Cheese Tris, en la vieja nevera, la gama de helados EFE y TIO RICO y hasta en el techo colgaban frutos de un capital que para uno, chamo, era imposible alcanzar. Con esa platica sobrante del pan, comprábamos el Toronto a medio, la chicha de cuartico, los Susys y Cocosettes, o el consabido Batibati con su bola de chicle al final del conito.

Es un tipo con agallas. No es un ángel pero, si le pusieran alas, volaría, y no precisamente por santo. Se las sabe todas más una. No tiene un pelo de tonto. Le gana en suma y resta a cualquier inspector del antiguo Indepabis, que ahora ya no me acuerdo como mientan a su instituto homólogo.

Estas bodegas pulularon en la ciudad por doquier, por los años 80. De ahí seguro salieron algunas de las grandes cadenas de Supermercados como el extinto CADA o su competencia, el CENTRAL MADEIRENSE, nombre que mi abuela nunca pudo pronunciar correctamente. Todavía uno se consigue una que otra por ahí, sobre todo entre Las Delicias (Sabana Grande) y La Candelaria, por su puesto.

En este momento país, las cosas se le complicaron, pero no se amilanó. El asedio de militares, inspectores, policías, guardias, vecinos, clientes, matraqueros y bachaqueros, a veces lo pone de mal humor. Pero si uno sabe en qué momento caerle, puede ser que corras con la suerte de que te consigas con una sonrisa. Hay que prestarle mucha atención,  porque el español no se le da muy bien y el “portuñol” se me da muy mal.

Antonio forma parte de esa gran cantidad de inmigrantes que han construido con su trabajo, parte de nuestro país y, que a pesar de los miles de avatares con que se topa cada día, el pana sigue apostando y no precisamente a pérdida.
Es un “workaholic” lusitano de esos que son una especie en extinción. El hombre forma parte del registro de gente que, de una u otra forma, todavía sonríe, hace favores, da los buenos días y las gracias, abre puertas y construye arraigo.

Conseguírmelo en el estacionamiento de mi casa, es toda una aventura. Ahí todavía están las neveras, en el depósito subterráneo del mentado “Abasto Maturín”.

Siempre anda cargando la carretilla pa’ rriba y pa’ bajo, con los guacales de la mercancía diaria, el bolígrafo detrás de la oreja y un librito, en el bolsillo de la camisa, donde anota todos “los fiaos”… porque sentado en la oficina, detrás del escritorio, no está él, está uno de los herederos. Si no está caleteando, está en la caja y si no, recibiendo los camiones de lo que llega. Siempre tiene un cuento con malandros, un piropo incomprensible o un chiste desafinado, es alguien siempre dispuesto…

Y yo lo llevo de boca a boca, a la caza de su buena nota.

Macu Miguel

Derechos de publicación cedidos por la autora a Infovzla.