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Estudiante que vive con sus padres surge como líder en las protestas de Venezuela

Por Nick Miroff.

The Washington Post – Marzo 11, 2014.

Tras casi un mes de protestas contra el gobierno y enfrentamientos en las calles, la figura que podría liderar la salida de la crisis en Venezuela es un joven de 24 años, desaliñado y con barba, que vive con sus padres.

Juan Requesens, líder estudiantil, ha saltado en las últimas semanas de la política universitaria al convulso centro de la mayor agitación social de la última década en Venezuela. Su ascenso ha sido impulsado por su talento para hablar en público, pero igual de atractivo sea el hecho de que no pertenece al grupo de los políticos de oposición establecidos.

La semana pasada, el presidente Nicolás Maduro lo invitó reiteradas veces a participar en el diálogo de “paz”, pero Requesens se ha negado y ha insistido en que Maduro libere primero a los protestantes encarcelados y cumpla otras condiciones previas. El ministro de interior de Venezuela ha presionado públicamente a Requesens para que vaya al estado Táchira, en el occidente de Venezuela  —donde se iniciaron las protestas y hay barricadas que impiden la distribución de alimentos—, y convenza a los estudiantes de abandonar su posición.

Incluso políticos de oposición han comenzado a tomar a Requesens como referencia al decir que tampoco se reunirán con Maduro hasta que lo hagan los estudiantes.

Con cientos de heridos y al menos 22 muertos —entre ellos otro líder estudiantil, Daniel Tinoco, quien fue abaleado el lunes en la noche en la ciudad occidental de San Cristóbal—, la carga sobre los hombros de Requesens es pesada.

“Claro, es mucho de qué preocuparse”, dijo Requesens, presidente del centro de estudiantes de la Universidad Central de Venezuela y quien apenas tenía nueve años cuando llegó al poder Hugo Chávez, predecesor de Maduro. “Pero también ha sido muy emocionante”.

Pero lo “emocionante” sólo puede llevar las protestas hasta cierto punto. Canalizar el alzamiento estudiantil hacia un movimiento masivo unido está resultando más difícil.

Los manifestantes anti-gobierno más radicalizados —algunos estudiantes y otros no— siguen atrincherados detrás de barricadas callejeras que comenzaron como una reacción furiosa y emocional ante la represión gubernamental. Desde entonces, se han convertido en elementos semi-permanentes en urbanizaciones de principalmente clase media que obstruyen el tráfico y frustran a muchas personas que, aparte de las barricadas, tienen una posición unificada contra Maduro.

Una mañana reciente, en la exclusiva zona de Altamira, un puñado de protestantes callejeros con la cara cubierta se apostó en una importante avenida impidiendo el paso de vehículos, excepto motocicletas. El límite lo marcaba una montaña de basura y escombros de construcción. Un hombre se acercó en una camioneta todoterreno de modelo reciente y repartió latas de pintura en spray. Poco después, una mujer joven con casco de motocicleta escribía sobre la acera el grito de guerra contra Maduro: “El que se cansa, pierde”.

Un hombre de mediana edad vestido con una camisa polo salió de su automóvil y se acercó a la barricada.

“¿Cuál es el plan?”, preguntó. “Queremos ayudar pero, ¿adónde va esto?”.

La misma pregunta está en la mente de muchos que no ven un fin cercano de las protestas, ni tampoco impulso suficiente para tumbar el gobierno. Maduro mantiene el apoyo de un amplio sector de los pobres y la clase trabajadora de Venezuela, a pesar de la inflación descontrolada y la escasez de leche, azúcar y otros productos básicos.

Requesens dijo que prefiere marchas en lugar de barricadas y quiere convertir la rebelión estudiantil en un movimiento social más amplio capaz de trascender las divisiones socioeconómicas en Venezuela y convencer a quienes antes apoyaban a Chávez y ahora están perdiendo la confianza en Maduro. En un país donde los debates políticos se convierten con frecuencia en insultos, burlas y retórica exacerbada, los líderes estudiantiles parecen a veces más adultos que los funcionarios elegidos.

“Todos los venezolanos se enfrentan a los mismos problemas, la misma escasez, la misma inseguridad”, dijo Requesens recientemente en una reunión nocturna de vecinos en un parque público promovida por los estudiantes para extender su actividad más allá de las universidades. Parecía confiado, animado y gracioso; con bromas frecuentes sobre su amplia cintura.

“Sólo no me pidan hacer una huelga de hambre”, dijo.

Con su barba sin bigote y un abdomen prominente, Requesens parece una versión más joven de Chris Christie, o uno de los visigodos de los comerciales publicitarios de Capital One; pero sin espada. Los discursos y los cigarrillos le han dejado una tos seca; y las suelas de sus zapatos Adidas empiezan a despegarse.

Hace un mes, Requesens tenía 12.000 seguidores. Ahora tiene 450.000. Aunque casi todas las estaciones de radio y televisión de Venezuela están en manos del gobierno o de empresarios pro-gobierno, Requesens puede organizar marchas anti-gobierno mientras la batería de su celular aguante.

Junto a sus dos asesores políticos más cercanos —buenos amigos de la universidad—, pasan los días movilizándose por Caracas en motocicletas entre acalorados debates estudiantiles, reuniones con políticos de oposición e intensas concentraciones contra el gobierno.

Se enfrentan a amenazas desde varios ángulos, y no sólo desde el gobierno. Una organización estudiantil más pequeña y radical —que representa principalmente a universidades privadas y está alineada con políticos de oposición de línea dura— quiere acciones más frontales para forzar la salida de Maduro. Requesens dice que eso no funcionaría e insiste en que el cambio político debe ser constitucional, democrático y pacífico; aunque tarde más tiempo.

“Una estrategia para aumentar la confrontación sólo le dará al gobierno la oportunidad de desacreditarnos y seguir con más represión”, dijo.

Al igual que otros líderes estudiantiles a su lado, Requesens teme que haya infiltrados en sus marchas con la intención de provocar violencia y espantar a los venezolanos que puedan pensar en unírseles.

En su tono y estrategia, Requesens está alineado con el líder de oposición Henrique Capriles, quien perdió una elección presidencial ante Chávez en octubre de 2012 y de nuevo con Maduro, pero por muy poco, en las elecciones especiales de abril de 2013 tras la muerte de Chávez. Representan la rama moderada de la oposición al gobierno. El sector más duro está liderado por la congresista María Corina Machado y por Leopoldo López, ex alcalde de un municipio de Caracas y quien se encuentra en una prisión militar desde que el gobierno lo arrestó el 18 de febrero bajo acusación de incitar la violencia.

Requesens y sus aliados ven un callejón sin salida en los llamados de López y Machado para que Maduro renuncie o sea depuesto.

En cambio, tienen una serie de demandas más conservadoras: la liberación de los protestantes encarcelados, justicia para los asesinados y presuntamente torturados por fuerzas de seguridad, y la insistencia de que cualquier reunión con Maduro sea transmitida en vivo por la televisión nacional; lo que les daría la posibilidad de hablarle directamente a los venezolanos.

Con una oposición dividida y dominada por caras familiares, muchos venezolanos dicen estar ansiosos de ver nuevos líderes que no estén contaminados por las batallas políticas de los últimos 15 años.

“Necesitamos creer en los estudiantes, no en los políticos; porque los estudiantes no están manchados”, dijo Vanessa Boulton, de 32 años, después de escuchar a Requesens en el parque. “Juan puede apelar a mucha más gente”.

Aun así, el reto se hizo evidente en el evento realizado en una urbanización de clase media ante una audiencia la miel más clara y una situación económica mejor que el resto del país. Aunque Requesens se viste de forma discreta y asiste a una universidad pública, muchos en su círculo vienen de familias de élite que se ajustan a la caricatura pintada por el gobierno al referirse a la rebelión estudiantil como una pataleta de niños ricos.

Requesens, con un padre médico y una madre que enseña inglés, dice ser “social demócrata”, creer en la “igualdad de oportunidades” y en “una economía de mercado con objetivos sociales”. Su ídolo político es el ex presidente Rómulo Betancourt, “padre de la democracia venezolana”; un reformador liberal de mediados del siglo 20 y aliado cercano de John F. Kennedy.

Esa referencia resulta atractiva especialmente para los venezolanos que sienten nostalgia de la era pre-Chávez. En particular, pareciera que las mujeres más adultas se ven atraídas hacia Requesens y en las concentraciones le dan consejos maternales sobre su hábito de fumar, la dieta y su seguridad.

“Dios te bendiga”, le dijo una mujer que se le acercó en la calle mientras los conductores que pasaban le manifestaban su apoyo haciendo sonar sus bocinas. La señora rodeó con sus brazos el amplio cuerpo del líder estudiantil y, tras secarse las lágrimas, le dio un beso en la frente.

“Gracias”, le dijo Requesens. “Paciencia”.

 

Fuente: Miroff, Nich. “Student who lives with parents rises as a leader in Venezuela’s protests”. The Washington Post. Marzo 11, 2014.

http://www.washingtonpost.com/world/the_americas/student-who-lives-with-parents-rises-as-a-leader-in-venezuelas-protests/2014/03/11/2029efa0-a866-11e3-8a7b-c1c684e2671f_story.html

Foto principal: Presidente-FCU-UCV-Juan-Requesens. http://www.maduradas.com/tag/ucevistas/

Traducido por #infoVnzla

@infoVnzl

Venezuelan students gather thousands of protesters

The streets of Caracas have been once again the stage of mass protests despite seven days of Carnival.

EWALD SCHARFENBERG. El País. 03- 10- 2014.

Last Sunday, tenths of thousands of people took to the streets once more to keep the pressure on the government of Venezuelan President, Nicolás Maduro.

The student movement, which since April 12th has led protests throughout the country that have claimed 18 lives, called a demonstration that started in four different points of the city – symbolizing the student’s four main demands – and then gathered in Chacaito’s Brión Square.

Although mass protests have occurred in the last several days and Sunday’s demonstration only went through middle-class neighborhoods traditionally aligned with the opposition, high attendance to the event was considered a victory for the opposition in yet another skirmish of what could be called Battle of Carnival in Venezuela.

The government, challenged by focalized riots for almost three weeks, assumed that Carnival vacations – which traditionally have been seized by Venezuelans as an opportunity to go to the beach or go hiking – would dissolve the protests and unmask the leaders organizing them.

In order to reinforce that awaited ‘freezing effect’, president Maduro announced his decision to extent the holidays three more days to include Ash Wednesday, which coincides with the first anniversary of the passing of former President Hugo Chávez.

That the students were able to fill the streets of Caracas and other cities around the country, such as Mérida and Barquisimeto, on the Sunday before a major holiday – made all the more tempting by the offer of seven days off from work – speaks volumes of the movement’s organization and political abilities.

Enfrentamientos después de las protestas. / RODRIGO ABD (AP)

Clashes after protests. / RODRIGO ABD (AP)

On the final leg of the demonstration, the president of the University Student Council of the oldest and most important public university in the country, Central University of Venezuela, Juan Requesens, assured that the students were “not tired, and [they] will never get tired: the student movement is committed to the country; that’s what motivates [them] to keep taking the streets.”

Requesens, the event’s only speaker, also used his half-hour speech to publicly answer the invitation extended by several government authorities – including President Maduro and Vice President Jorge Arreaza – to hold a round table with the protesting students.

The student leader seemed willing to attend a meeting with the Revolution’s high officers as long as some conditions are met, such as a mandatory, media-wide broadcast of the event, the adoption of an agreed agenda, and the disclosure of who will be the other attendees.

However, Requesens assured that if the government intends to make them “go to Miraflores to demobilize the people” – making reference to Venezuela’s Presidential Palace – they would not be attending.

Almost simultaneously, President Maduro addressed the nation in a televised event.

In Paseo de Los Próceres, a long track used for military parades located in southeastern Caracas, the head-of-state attempted to rekindle a holiday celebration that seemed already lost.

President Maduro congratulated himself all the same, assuring that “the Venezuelan people has triumphed, because happiness and peace have triumphed”, and that “Venezuela is at peace and its people enjoy its rivers, mountains, and beaches.”

However, social media users and tourism agencies have acknowledged that traditional vacation spots have received a fairly modest amount of visitors this year.

Protests supporting the opposition have been registered even in traditional tourist destinations like Margarita Island and Colonia Tovar – a town founded by German immigrants in the XIX century and located just outside Caracas.

Roadblocks in Colonia Tovar – in which visitors were also involved – were dispersed by police forces with tear gas.

On Sunday, groups of protesters that separated from the opposition’s main demonstration clashed with anti-riot forces in Las Mercedes, Santa Fe and Altamira, areas located in the Venezuelan capital.

In Mérida – capital of the State of the same name and an important college town – protesters were able to fend off ‘chavista’ groups from their barricades.

In San Cristóbal, in the Andean state of Táchira, protesters seemed to control many areas of the city.

The fact that tourism during Carnival fell in relation to previous years doesn’t mean that would-be tourists are joining the protests.

In fact, many Venezuelans decided to stay at home as a result of the high cost of life, food shortages, or the fear of rampant insecurity in highways and of the roadblocks set up by protesters.

Shortages of several staple products have been more harshly felt over the last few days as a big part of the already insufficient fleet of trucks used to distribute food and supplies has been used during the holidays. In other cases the supply has been interrupted by barricades or through the threat of violence – as is the case in Táchira.

The government of President Maduro has appeared hesitant regarding the way in which protests could be quenched; and seems to be more interested in controlling the way the crisis is perceived rather than actually resolving it.

On Friday, 41 people were arrested by National Guardsmen after protests were dispersed in Altamira’s Plaza Francia, an opposition stronghold.

Even though State media alerted that “8 international terrorists” were captured during the raid, it was later known that, in reality, there were only two foreigners detained, one of them being an Italian photojournalist, Francesca Comissari.

After being kept in custody for a day, she was taken to court and later released without charges.

Once released, however, the reporter denounced that her photographic equipment – confiscated by the military – was not returned to her.

On Sunday, the government also decried that a right-wing campaign was being advanced on social networking platforms to urge celebrities to comment on the Venezuelan situation during the Oscars Awards ceremony, held in Los Angeles, California.

This annual event obtains some of the highest ratings in Venezuela, a nation addicted to pageantry and celebrities.

As a precaution, Venevisión, the biggest commercial TV network in the country and part of the powerful Organización Cisneros, announced that they wouldn’t air the show – the first time in decades.

Although they argued that financial difficulties were the only reason behind this decision, since 2004, Venevisión has famously tried to avoid any kind of friction with the Venezuelan government.

Source: SHARFENBERG, EWALD.  “Los estudiantes venezolanos reúnen a miles de manifestantes”. El País. 03-03-2014. http://internacional.elpais.com/internacional/2014/03/03/actualidad/1393810047_427757.html

Translated by #infoVnzla

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