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UN PAÍS POR PEDACITOS y algunas notas insalubres

Recopilación realizada por: Guaritoto González

Septiembre 18, 2014

1. Como si el hampa no fuera suficiente, ahora se instaló en nuestras vidas el pánico al zancudo. María Alejandra López Hernández.

2. Coño… Maten a los mosquitos… Si es con Uds. Sres. del Gobierno, central, gobernaciones y alcaldías… La Divina Diva

3. El país donde los políticos son fuentes más autorizadas en salud que los doctores. Donde el “no pasa nada” se decreta. Luis Carlos Díaz Vázquez

4. La epidemiología amordazada. Paula Vasquez

5. No encuentro las pastillas anticonceptivas Diane35 si alguien sabe dónde las ubico… En Venezuela no hay medicinas para los pacientes con cáncer qué puedo esperar de las anticonceptivas. Laura K Artal

6. ¡En el Hospital Central de Maracay no pasa nada! Me lo dijo la enfermera que vio a Chávez caminando en Fuerte Tiuna. Helga Marisol González Anton

7. Resumen económico. Citgo for sale. US$ Paralelo a Bs. 94. En Octubre se vencen $6.800 millones en deuda externa. Baja el petróleo. José Guerra vía Alfredo Varga

8. Países con mayor inflación 2014 “Cuadro de honor”: Venezuela, Sudan, Malawi, Bielorrusia, Ghana, República Centroafricana, Mongolia, Irán, Ucrania. Jesús Cacique

9. Ahora el salario mínimo es de TODOS. Nacho Suárez

10. Vi Libertador… que película pa’mala. Bien realizada, pero mala, además de muy imprecisa en la historia. La que vi fue la que quiso contar el comandante eterno, todos, desde Simón Rodríguez, pasando por Miranda, Páez, Sucre… son unos peorros personajes secundarios, ante un Bolívar que no se le cree ni media palabra. El final? se los cuento?… bueh, nunca hubo tuberculosis sino conspiración. Alejandro Antoni

Bonuscrack

Aquí seguimos dando la pelea parranda de “tránsfugas” hermafroditas de gentilicio, no las jugamos aquí, con moto “Bigote”, y heridas de bala. Lejos de los “posters” del “trendy way of life” y la exaltación del “paujismo con boardin pass”. Aprieten ese culo, que el cajón del Arauca sigue sonando en tempo, y no es de ellos, es mio, es tuyo. Y trabajen que jode, panameños, hondureños, salvadoreños- al final son la misma vaina-, porque ser “venezuelanien”, como diría mi pana Un Chacal no es ser “latina american people” es una dolencia anatómica que pega entre las bolas y la vulva con olores de jazmín y chicas transgénero vendiendo imágenes de José Gregorio en Bermudas, en Puerto Colombia. Aquí no hay “Publics” ni “Walmart” ni “Target”, ni “H&M” “, aquí lo que hay es hampa vestida de Zara y Bershka con armas de alto calibre que se venden On Line. No se hagan los locos. “La peor pobreza, es no conocer la historia de nuestro propio empobrecimiento”. Eric Colón Moleiro

 

Producido por #infoVnzla

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Patria y muerte

motorizados

La columna de Tulio Hernández

Caracas, 10 agosto 2014

Aunque Gardel haya predicado lo contrario, diez, quince o treinta segundos pueden ser una eternidad. Lo entiendo a plenitud el lunes pasado cuando me percato de la cercanía mortal de una pistola más grande que el rostro del adolescente que me apunta mientras me pide el reloj, el celular y la cartera.

Está ocurriendo a plena luz del día. Tres o cuatro de la tarde. Final de la avenida Casanova. Caracas. Estoy tras el volante de uno de los muchos vehículos hace rato detenidos por la descomunal tranca. A pocos metros, en la esquina, cuatro policías bolivarianos conversan distraídos.

“No uso reloj, no llevo cartera, pero tengo dinero en el bolsillo”, le digo, con el poco de voz que el miedo permite. “El celular está en la chaqueta, en el puesto de atrás”, agrego. Y cuando me vuelvo a buscarlo para entregárselos, el adolescente, flanqueado por dos más, escupe: “Si te mueves te quemo” y hace como que va a apretar el gatillo.

Entonces comprendo la gravedad de la situación. Porque el adolescente está tan asustado como yo. La pistola tiembla entre sus manos. Entro en crisis y trato de calmarlo para calmarme a mí mismo. Recuerdo escenas de Diles que no me maten de Freddy Siso cuando el personaje interpretado por Asdrúbal Meléndez implora de rodillas por su vida.

Cierro los ojos esperando el pistoletazo y pienso alocadamente. En los amigos que nos ruegan que emigremos del país. En Y salimos a matar gente, el libro de Alejandro Moreno. En la ironía de que hace años, en 1993, participé desde la UCAB en uno de los primero estudios que alertaba sobre el crecimiento exponencial del homicidio y la barbarie, publicado luego bajo el título de La violencia en Venezuela, y ahora, me digo, estoy a punto de convertirme en solo una cifra más, un objeto y no un sujeto de estudio.

Como en un flashback final, largo y melancólico, decenas de rostros se atropellan en la memoria. Los amigos, los panas inolvidables. Los padres y los hermanos. Las mujeres que he amado, hermanas, amigas, novias. Pienso que Marianella me está esperando. En Rut y en Eleonora. En Isira. Incluso en Teo, nuestro perrito fiel. Y, al final, como una pesadilla diabólica se atraviesa aquella escena de ese fracaso sin retorno llamado Andrés Izarra, ministro oficialista, carcajeándose ante las cámaras de CNN para burlarse de los muertos, de las cifras de homicidios que con rigurosidad científica aportaba esa noche el sociólogo Briceño León.

En cinco minutos la vida es eterna, cantaba Víctor Jara. Entonces, como si de un arcángel se tratara, el tercero de los adolescentes, el que parece mayor, le dice al que tiene el dedo en el gatillo: “No dispares, este hijo de… está muy nervioso y nos va a meter en un peo”. Y corren.

El conductor del carro de adelante le avisa a los policías de la esquina. Los cuatro se acercan. Caminan lentamente. Como quien está de vacaciones. Uno de ellos, la mujer, me pregunta: “¿Es verdad que lo atracaron con un arma? ¿Quiere poner la denuncia?”. No le respondo. Los miro en silencio, como hace alguien que sabe que está siendo tomado por tonto. “Si no quiere que lo ayudemos, entonces jódase”, dice y me dan la espalda.

Mientras los veo alejarse una tonelada de adolorida tristeza y desamparo infinito me aplasta contra el volante que abrazo. El dolor de recodar que solo en Caracas han ingresado a la morgue de Bello Monte, en lo que va de año, 2.900 cadáveres de venezolanos asesinados. Que en el año 2013 murieron en las mismas condiciones, la mayoría abaleada, 25.000 personas. Y que en los catorce años de gobierno rojo el acumulado de asesinatos asciende a 200.000.

Veo la espalda de los cuatro pusilánimes de uniforme verdinegro y pienso que los venezolanos de estos tiempos somos unos desamparados. Que no tenemos un Estado que nos garantice el derecho a la vida. Ni policías que nos protejan. Jueces que castiguen a los criminales. Cárceles dignas donde se les reeduque. Pienso, de acuerdo a la propaganda oficial, que lo único que tenemos es patria. O muerte. O, mejor, patria y muerte.

 

Fuente: “Patria y muerte”. La Columna de Tulio Hernández. 10 de agosto 2014.

http://lacolumnadetuliohernandez.blogspot.fr/2014/08/tulio-hernandez-patria-y-muerte-10-de.html,

acceso verificado el 16 de Agosto de 2014.

Derechos de publicación cedidos por el autor para InfoVnzla.

Foto: @KarenChiquin (foto tomada de http://www.ultimasnoticias.com.ve/)

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El pan del pueblo

Por Torkins Delgado

El parling:

Para empezar, voy a hablar del gobiernito zombi, porque vivimos en un país en el que el Estado, específicamente los militares, tiene el monopolio de las armas y las putas balas son hechas por la Compañía Anónima Venezolana de Industrias Militares (CAVIM) perteneciente al estado y regentada por las Fuerzas Armadas Bolivarianas Patriotas Antimperialistas y Chavistas. En USA, por ejemplo, si eres un maldito loco asesino tienes el derecho constitucional de armarte con bombas de hidrógeno si te da la gana.

Vivimos en un país donde los delincuentes son entrenados y, muchas veces, financiados por el partido de gobierno, y sus fuerzas de seguridad son una mafia que cobra vacuna para que no te roben, secuestren, invadan, expropien o maten, cuando no hacen el doble papel de pacos y choros, a veces en el mismo tiempo y espacio.

Vivimos en un país donde existen infinitos proyectos de seguridad ciudadana, todos incumplidos, todos fracasados; donde la impunidad campea, y junto con la muerte son de las únicas cosas de las que podemos estar seguros los venezolanos. Vivimos en un país donde la justicia depende de cuánto real tengas y de cuánto estés dispuesto a dar. Por ejemplo, de nada sirve que se anuncie que tal trámite es gratuito, cuando los funcionarios burócratas por conveniencia te lo hacen inalcanzable hasta obligarte a usar un gestor “que tiene a alguien dentro y te lo saca rapidito”, pues ya todo esto es violencia de estado.

Y es que cuando el fulano mafioso sale en televisión pública con grabaciones ilegales de conversaciones, adquiridas sin debido proceso, para denigrar, burlarse o acusar a tal o cual opositor desde el delito, es violencia de estado. Cuando todo el mundo sabe de manejos irregulares en la administración pública y no existe contralor constitucionalmente electo e independiente, es violencia de estado. Cuando un juez es provisorio o interino, y se le niega la garantía de estabilidad laboral y con eso la independencia de sus decisiones, es violencia de estado. Pero es que si necesitas un mínimo de tres días de siete horas de cola para conseguir la cesta básica/básica sin marcas o control de calidad específico, sólo de productos digamos plain, (para los que creen todavía en la tesis de la guerra económica, sepan que quien determina dónde cuándo y con cuánto van a ir los camiones de distribución de TODOS los productos que se venden en el país es la Guardia Nacional Bolivariana) eso, eso también es violencia de estado.

La historia de X y Y

X era un mecánico natural, de esos panas que no entienden de nada que no sea de motores, para los que no hay otra cosa aparte que le interese que una jeva y unas cervezas (no necesariamente en ese orden). No le importa una mierda la política y siempre dijo su mantra favorito, aprendido de su abuelo que llegó a Caracas a mediados de los cincuenta a trabajar en las soluciones habitacionales del banco obrero: “Si no trabajo no como”. Su hermano Y tampoco estudió completo, pero siempre se movía bien con las ventas, hasta que le quitaron “su” pedazo de acera e indignado gritaba que le era vulnerado su derecho al trabajo, X se reía, porque consideraba que comprar vainas a los chinos y venderlas en la calle no era trabajo, en cambio él no tenía taller, pero podía resolver cualquier problema con una manguera, un destornillador y un martillo en cualquier calle. Una tarde después de matar un tigre en el barrio, X se dedica a su propio carro, un bichito francoitaliano coveadito, rines y cauchos nuevos, carburador y empacaduras recientes y como era de esperarse un equipo de sonido más caro que el motor. Nada combina mejor con el aceite de carro que la cerveza, pero ya menguado el sol y la vejiga dinámica es mejor el ron o en su defecto el juvenil anís. Cuando se tiene carro siempre hay algún güevon que llevar bien lejos y mientras más amigo, más compadre, más lejos vive, en un barrio perdido en la periferia de Cúa por ejemplo…allá con una botella caminera y los agudos en su siseo palpablemente acompasado dejó a su compadre.

Allá también le quitaron la vida inexplicablemente, sólo le despojaron de unos pocos dineros, sólo le robaron un celular viejo, le sacaron lo que quedaba de botella y lo mataron porque seguramente erró la curva para salir del laberinto mirandino. Allí estuvo hasta la rigidez, hasta confundirse con el contenedor lleno de huelgas sospechosas y desidia vecinal, hasta empollar los huevos de moscas tornasol en su vientre abierto dentro de su carro tornasol. La ensalada de parlantes – Rockford, mtx, bose, infiniti, jl – estaba intacta en la maleta así como las puertas y cuanto lugar libre había donde pasar un cable, también su repro pioneer y lo más importante y costoso: su talega de herramientas obrada y macerada a lo largo de 25 años de grasa y gasolina. Todo allí en el carro tornasol sin aire acondicionado estacionado en la tragedia.

Pasadas las 5 la esposa de X llamo a Y, su compadre le aviso donde estaban los restos de X, que no había nevera que viniera a Caracas, pero que alguien tenía que ir a Cúa a tratar de recuperar lo único que le había dejado a sus cuatro hijos, una discoteca rodante y unas cuantas herramientas, con eso podían pagar el entierro y serviría de ayuda mientras conseguía un sucesor, Y se empujó pa’ Cúa en transporte público, triste y arrecho, cansado y concentrado, sabía que tenía el carro de su hermano y lo volátil que son las herramientas y los equipos de sonido en los estacionamientos de tránsito, vapor al ser enganchados en la grúa. Al llegar ya había pasado la hora del portón y no tenía suficiente dinero para materializar la llave, volver a Caracas resignado del destino de la herencia. Al volver, a correr hasta la morgue donde no ha llegado el cuerpo pero se entera de que no lo van a entregar por ser asesinato, a no ser… suspira… que se pague a alguien cerca de cinco mil para liberar el cuerpo, de resto tienen que esperar porque hay gente importante y los que ya pagaron primero… hoy Y le cuenta a quien lo escuche que su hermano no cayó en ningún ajuste de cuentas, y que él tiene que ajustar unas cuantas cuentas con la nación que lo violenta todo los días todo el tiempo, con sus ciudadanos alcahuetas.

El portugués

Cincuenta años en un país es mucho país en la piel, en las arrugas, en la retina, en los intestinos. Cincuenta años de Venezuela tenía el señor José en su portuguesa humanidad de setenta y siete años. Emboscado en la puerta de su comercio, ejercía la más noble y espiritual profesión que las manos y el fuego pueden gestar: panadero.

Asesinado en la mañana, cuando no se ha vendido ni una canilla.

Asesinado sin motivo, cuando el horno todavía está frio.

¿Para robarle qué? ¿El trocado del día anterior? ¿Para que no echara paja? ¿Porque no pagó vacuna?

Conocí al señor José, no solo era mi vecino, también comí del pan que hicieron sus manos, lo compré casi todos los días desde hace más de ocho años; como seguramente lo hicieron alguna vez sus asesinos, alguna mañana en que su madre salió del trabajo y les llevó de desayuno pan de El Faro. La familia me reconfortó con cariño y amistad en mis lutos y celebró la llegada de mi hijo con alegría y aprecio.

Me pesa tanto tener que hablar de la violencia como política de estado y que sea uno de los ejemplos de nuestra terrible indefensión, de la mierda que nos cerca…es inminente que la sangre de todas estas víctimas salpica a quienes detentan el poder, ahí está en la espalda de la señora fiscal cómplice de cerca de cinco mil muertes sólo en lo que va de año.

Como decía Chateubriand: “la justicia es el pan del pueblo, siempre esta hambriento de ella.”

 

Por Torkins Delgado para #infoVnzla

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UN PAÍS POR PEDACITOS

Recopilación realizada por: Guaritoto González

Junio 18, 2014

1. La verdad es que me vale madre el fútbol y toda la “farsanticada”. Mary Hoepp

2. Sigamos comiendo fútbol (y mierda) en Venezuela, total, no hay más nada que comer (ni medicinas que tomar). Stella Marín M.

3. Venezuela no va al mundial pero el gobierno nos tiene eliminados. Gustavo Alemán

4. Después de 15 años de cadena y de show, no quiero MAS SHOW, ni héroes de cartón, quiero un presidente trabajador, honesto y ético. Solange Pastor

5. De dos semanas para acá he tenido varias conversaciones con oficialistas y en todas se han quedado callaítos en puntos que antes defendían con fervor. No soy optimista, pero me llama mucho la atención. Graisa Molina

6. PDVSA busca otro crédito en China, de 4 mil millones de dólares, para aumentar sus ventas a Estados Unidos. Así de loco. Luis Carlos Díaz Vázquez

7. “Vamos a fingir que somos un país con una Constitución. Vamos a fingir que el Presidente es un ciudadano esclarecido.” J. I. Cabrujas, cortesía de Paula Cadenas.

8. Lo que decía Clemenceau, la pacification sociale à coups de bottes, voilà son idéal juridique (Clemenceau, Iniquité, 1899, p.314), “la pacificación social a botazos, tal es su ideal jurídico”, vale perfectamente para nuestro gobierno. Juan Luis Delmont

9. Incluso con el triste Maduro aún en el poder, todo apunta a que el chavismo será pronto recordado como el periodo más mediocre, intrascendente, cutre e inane de nuestra historia; solo se estudiará para no repetirlo y ojalá que eso abra paso a una verdadera visión progresista de la política más allá de todos los atavíos y antiguallas de la izquierda autoritaria y populista que pobla de miseria nuestra América Latina. Erik Del Bufalo

10. Cada historia de atraco-homicidio que escucho me debilita. Y mira que son muchas en estos días. Sara Carolina Díaz

 

Bonuscrack Se abre el portón lentamente y mientras saco el carro para llevar a mi hija al kinder en la acera de enfrente de casa aparece un hombre bañándose con champú y jabón, con calma y agua de botellón. Sorprendida sigo mi camino y nos enfrentamos a una cola de 45 minutos, motorizados que te mientan la madre, gente que cruza por donde le da la gana y con niños. Se ven policías y hace ruido “Hay muchos carros, mucha cola” dice ella y al llegar al semáforo, justo, justito del lado de mi hija 2 policías detienen a un motorizado y uno saca su pistola y la otra funcionaria mantiene el arma baja. “¿Qué hacen esos señores?” Me pregunta ella y yo le veo por el retrovisor y me pregunto ¿Qué hago, qué estoy haciendo? Elene Kintana

 

Producido por #infoVnzla

@inoVnzl

UN PAÍS POR PEDACITOS

Recopilación realizada por: Guaritoto González

Junio 10, 2014

1. Si un gobierno utiliza 2/3 del presupuesto en reducir la pobreza y la misma aumenta más de 6 puntos en un año, pues están PERDIDOS EN EL ESPACIO!!! Nacho Suárez

2. Lo que costó el mundial a Brasil es poco menos de lo que se perdió en Cadivi, y nosotros aquí, en la debacle, entre falta de agua, comida o gas. Jibél Rojas

3. Que vergüenza! No hay ni urnas en el país … Alfredo Vargas

4. En menos de 24 horas en Nueva Casarapa, Guarenas: ayer noche asesinaron a un taxista llegando a su casa, ayer 25 denuncias de robos, hoy, en lo que va de dia, 9 denuncias y un intento de robo frustrado, con el resultado de una vecina herida, que estaba haciendo deportes en el parque. Mientras tanto en Ciudad Gótica todos haciendo la vida normal. Fred González

5. Seis horas y media sin luz … pero en algún lugar de mi pobre país rico, habrá Patria!! Mary Isabel Pulido

6. Es más fácil contagiar resentimiento que ideología … Alejandro García Fernández

7. ¿Sigue siendo el chavismo hábil para apoderarse de los tontos? Desarrolle su respuesta. Jonathan Reverón

8. Un chavista muy joven me dice, que beneficiar a Simonovis sería ignorar un Golpe de Estado donde murió gente. Y entonces le hablé de Caldera. Willy McKey

9. La única razón para mantener a Simonovis preso, es que el gobierno prefiere ser temido que amado. Marcelo Vasquez

10. Si alguien desea ser escuchado en el gobierno, tiene que buscarse un malandro que sirva de “contacto”. Chuo Torrealba

Bonuscrack ¿Alguien sabe a dónde puedo ir a cuidar leche en polvo, harina pan y maceite? Mari Montes

 

Producido por #infoVnzla

@inoVnzl

UN PAÍS POR PEDACITOS

Recopilación realizada por: Guaritoto González

Junio 03, 2014

1. No es magnicidio, es genocidio en contra de los venezolanos. 24 mil muertes violentas en 2013 y el gobierno protegiendo delincuentes. Gustavo Alemán

2. Magnicidio marca ACME. Vicente Corostola

3. Si Maduro es el pueblo, este fin de semana hubo trescientos ochenta y pico de magnicidios. Rafael Sáez N

4. Trescientos ochenta y cuatro cadáveres han entrado a la morgue de Bello Monte en lo que va de Mayo (30 días) en promedio, han asesinado a 13 personas por dia, es decir, que cada 57 minutos matan a alguien, solo en Caracas y zona Metropolitana … Claudia Saavedra

5. El Ministerio más eficiente en Venezuela es el de la Felicidad. ¡Nunca antes habíamos sido tan felices! David De Los Reyes

6. Un funcionario me dice que los pasajes en avión no aumentaron, que es un problema de matriz creada por los medios. Como Condorito: ¡Plop! Humberto Jaimes

7. Que dije hablar positivo de mi país. No del Gobierno! me tocó vivir la patria: dos días sin dormir y bañarme con totuma de agua potable. Jibél Rojas

8. Volver a Venezuela es como haber estado en Acapulco y volver a la vecindad del Chavo. Pero el Chavo lleva muerto más de un año y nadie más pagó la renta. Luis Carlos Díaz Vázquez

9. Chiabe vive, salgan un ratico pa’la calle para que vean! Jesús “Chuchin” Loreto

10. El cambio es inevitable. Chávez murió, el chavismo es el pasado. Este es el momento de la anarquía, la violencia, el militarismo ramplón. Peligroso, aterrador. Pero ya no hay un país dividido. Si hay minorías histéricas de un lado y el otro, pero su mayoría le urge un cambio civilista, restaurados. María Alejandra López Hernández

Bonuscrack: “La máquina del tiempo” pasar del mejor hotel en Cannes a no tener papel toilet. Rayma Suprani

 

Producido por #infoVnzla

@inoVnzl

¿SANGRE O HELADO DE FRAMBUESA?

Por Cynthia Bustillos

Especial para infovnzla – Mayo 31, 2014

Caminaba hace poco por Chacao, ya algo tarde al salir de la oficina, estaba bien oscuro porque en Caracas a las seis de la tarde ya cae la noche. Venía subiendo por una callecita bastante transitada y como siempre suelo hacer-ser- veo todo a mi alrededor; el cielo, detalles, colores, movimientos, miradas, palomas, sombras, carros, semáforos, motos, piñatas, luces, policías, texturas, paredes, pensamientos, recuerdos, pisos; todo, todo, todo lo veo, atenta o curiosa -aunque a veces no veo bien o veo hacia adentro-. Pues en eso estaba cuando mirando al piso empiezo a ver algo muy curioso que se repetía mientras avanzaba; era un patrón de puntos, esferitas, redonditos, estrellitas redondeadas, todas de color rojo. Gotas de sangre pensé, pero dudaba por su color vino tan intenso y esa superficie lisa y algo brillante, casi plastificada y pensé, ¿cómo podría haber tantas gotas de sangre como un camino? y haciendo esas formas, muy extraño. Levanto la mirada y veo que nadie parece percatarse del caminito salpicado…cada vez más salpicado. Entonces rompo el silencio y le pregunto a la muchacha que por azar pasaba a mi lado, coye, disculpa ¿qué es eso en el piso? ¿es sangre, verdad? ella baja la mirada y dice con un frío sí, -sí, es sangre- como si hubiese dicho, sí, son cayenas…

Detrás venía un grupito de gente de la que tanto abunda en Venezuela, para quienes todo es un chiste y una burla. Empezaron entonces a decir riéndose, que eso no era sangre; que ¡qué cosa! la gente siempre inventando un drama…yo observé mejor, pues quizás sí, era entonces helado de fresa o sangre de pollo -también pensé- podría ser de alguna bolsa que llevase una vecina, pero no es algo que se consiga fácilmente para comprar así, y además un pollo muerto para comer ya no tiene tal cantidad de sangre, la señora que llevaba la bolsa se hubiese dado cuenta. Fue entonces cuando les dije, -pues parece que a alguien se le derramó todo el helado, o quizás eran cinco hermanitos con helado de mora que salpicaron todo, pobres…-. Las risas idiotas resonaron aún más, como hienas. Así siguieron y nos pasaron por el lado, riéndose y pronunciado a cada rato la palabra helado de frambuesa… Pero los helados no tienen ese color tan homogéneo, esa textura y, con un mínimo de observación curiosa se daba uno cuenta que el patrón en el cual estaban derramadas ¨las gotas de helado¨ era algo sin sentido. Luego de un camino de zig zag de gotas de todos los tamaños que abarcaban lo largo y en partes ancho de la acera, llegué al charco donde se debe haber ¨caído el helado¨ y luego hacia el norte, proseguía uno y proseguían también las salpicaduras. El patrón más extraño de derramamiento de helado. Pintura tampoco era; era sangre y por cierto, había muchos policías en la calle.

Más adelante vi a dos muchachas hablando con dos policías, me detuve sin discreción a escuchar la conversación, y le decían que allá abajo había una persona en una esquinita, que lo ayudaran porque había botado mucha sangre… –todo parecía reciente, incluso una comentó que tenía salpicada su ropa con un poco de esta sangre. Los policías ni se sorprendieron, ni se inmutaron, ni se movieron, ellas les repitieron lo mismo y ellos sin moverse le dijeron que sí, que ahorita iban. Más adelantito se esfumaba el grupito ese, alarmante representación de esa falta de sensibilidad e inteligencia de muchos venezolanos, muertos de risa diciendo a cada rato ¨helado de frambuesa¨, así siguieron, como muchos, como unos idiotas, indiferentes, riéndose y burlándose, caminando sobre la sangre de los otros.

(Luego recordé unas palabras de Rómulo Gallegos en un cuento que se llama Marina, de 1919 que tanto impresiona por su paisaje, el de la naturaleza y el del personaje. “…Bajo la garra de la tragedia no sentía la tortura del sufrimiento que acelera y agudiza la vida espiritual; su alma primitiva y ruda como el paisaje permanecía impasible en presencia del dolor y no había en su corazón una fibra que diese la nota humana (…) …su vida estaba regida por instintos puramente animales; sobre su alma pesaba el embrutecimiento de una raza que no tiene vida interior.”)

 

Caracas, 2014.

Fuente Original: Bustillo, Cynthia.”Sangre o helado de frambuesa”. infovnzla.com. Mayo 31, 2014

@infoVnzla

Supervivientes

Por Leonardo Padrón.

Publicado el 30 de marzo de 2014

supervivientes

“Si no hay harina, hacemos cachapas. Si no hay jabón de olor, usamos jabón Las Llaves. Si no hay papel higiénico, nos arreglamos con unos trapitos viejos”. Así le contestó Gladys, una mujer humilde a una joven profesora que se sentó a conversar con ella. Cuesta entender que alguien asuma el descalabro económico de su país con tanta resignación. El hombre es un animal de costumbre, se suele decir. El caso es que en el barrio de esa mujer, y en centenas, la precariedad es un modo de vida. Son los supervivientes históricos. Gente acostumbrada a la escasez como norma, a la violencia como paisaje, al futuro como una línea borrosa. El piso de la casa de Gladys es de tierra. En apenas 30 metros convive con cinco personas más. El traqueteo seco de las armas es la banda sonora de sus noches. Toparse con un cadáver en el ascenso al cerro es solo un signo ortográfico de su cotidianidad. Ella ha visto crecer a muchos de los integrantes de la banda armada más temible del barrio. Y soporta con estoicismo las colas de seis horas para comprar café y arroz. Gladys trabaja como personal de mantenimiento en una agencia de publicidad. Allí nadie le pregunta por su vida. Nunca. No saben si es casada, si tiene hijos, si le gusta la cerveza, si tiene lavadora o, al menos, luz eléctrica. No les interesa. Es solo una silueta que barre el piso y vacía las papeleras.

***

“Mi jefe jamás se ha acercado a preguntarme cómo me siento”, le contó un vigilante a Pablo, un maestro de la Pastora, que gusta de indagar en la mente de los habitantes de las barriadas caraqueñas. Habló largamente de sus problemas. Diez minutos después le confesó: “la realidad es muy fea”. Pablo relata que la conversación se extendió por casi una hora. Al final, el guardián nocturno, sorprendido, le agradeció que lo escuchara. Nadie lo suele hacer.

Una prostituta del Barrio Los Postes le confió: “Si sigo con esta vida, en cinco años voy a estar destruida”. Hoy recibe una mensualidad del gobierno. Se logró ubicar en alguna misión. “Esos 3 mil Bs. me han salido muy caros, porque me obligan a ir a cada evento que arman. Pero algo es algo”. Quizás se ahorra un poco de asco, el manoseo de varios borrachos, dos días que llegará más temprano a su casa.

Tales anécdotas revelan la orfandad de los supervivientes de esta sociedad. Asoman un indicio de lo que significó la llegada de Chávez al poder. “El papá de los helados”, según la trabajadora sexual, los oyó, les dio una mano y una promesa de redención. Les dejó, en el hogar de cada uno, una palabra inflamable: esperanza. Hasta qué punto esa esperanza resultó defraudada es un tema que hoy todo el país debate con pugnacidad y sangre. El caso es que se forjó en millones de personas algo muy poderoso: lealtad.

Por eso, a pesar de pervertir la economía del país, agudizar la brecha ente “ellos” y “nosotros” hasta el odio, alentar el exilio masivo de familias y empresas, superar los índices de corrupción del pasado, imponer la bota militar y un rosario de desatinos que todos sabemos, todavía muchos venezolanos siguen retribuyendo la dádiva recibida. Saben que ya Chávez no está. Pero se aferran a su “legado”. Un legado que se derrumba gracias a la torpeza del heredero y su corte.

Pablo le preguntó a un obrero qué opinaba sobre los ricos: “Ellos están ahí para explotarnos. Si la revolución se acaba, yo me jodo”,  contestó, repitiendo el estribillo ideológico. La realidad es tan fea, que se ha quedado sin matices.

***

Ese fue el tenor de algunos de los relatos que escuché la semana pasada. Era domingo, 11 am. El día y la hora ideal para prolongar la cama, retozar con las páginas de algún libro, reencontrarse con algo de sosiego dentro de tanta tribulación nacional. Sin embargo, muchos nos acercamos a una jornada de reflexión que un grupo de la sociedad civil organizada realizó en las instalaciones de Teatrex El Bosque. “Vamos a escucharnos”, así lo llamaron.

Allí suele funcionar un nuevo espacio para la escena teatral venezolana. Tiene pocos meses y, seguramente, la mayoría de los caraqueños aún lo desconoce. En cartelera debía estar un stand up comedy llamado “Cambiando de Tema”. Pero no es fácil hacer humor en estos días. Por eso decidieron, justamente, cambiar de tema. Y, junto con los directivos del teatro, procurar, no la risa dentro de la desgracia, sino la reflexión dentro de la crisis. La experiencia se ha repetido durante tres fines de semana.

Ese domingo había gente de perfil muy variado: profesionales, madres con sus hijos, una que otra figura pública, pero sobre todo, estudiantes. La sinopsis del evento era llamativa. Escuchar a personas cuya vida profesional se ha desarrollado en  zonas populares y han tenido gran interacción con las comunidades. Evaluar por qué no termina de llegar el mensaje de la oposición a muchas de esas áreas. Bobby Comedia, notable miembro de la nueva generación de humoristas, fungió de moderador. El micrófono que suele destinar para sus rutinas ese día ameritaba otro uso. Propuso las instrucciones de vuelo para la sesión: “Mente en blanco. Absorban todo. Dejen atrás paradigmas. Estamos acostumbrados a hablar. Es hora de escuchar al otro”. Escuchar, verbo que tantas veces olvidamos ejercer. Todo cambio profundo del país –sin duda- pasa por escuchar al otro. Valorarlo. Como bien rezaba la invitación: “No se trata de convencer al otro, sino de buscar puntos de encuentro”.

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Una joven académica contó la agonía de su madre en un hospital público. No había ni camilleros porque era fin de semana: “Usted sabe, la inseguridad”, alguien explicó. Le sugirieron que comprara a los buhoneros vasos con hielo, a 5 Bs. cada uno. “¿Vasos con hielo? ¿Para qué?”. La respuesta le descolocó la quijada: “Para trasladar los exámenes que necesitan refrigeración”. En la noche, preguntó por un baño. Le señalaron un lugar, un tanto retirado, y la previnieron: “Después de las 9 de la noche, en esos baños roban y violan”. Le apuntaron, entonces, la metodología en uso: “Los buhoneros también venden perolitos de mantequilla vacíos. Cómprelos. Ahí puede hacer pipí”. La crisis de los hospitales comporta un panorama patético, humillante, que ni “el papá de los helados”, ni su heredero, han tenido la disposición de resolver. Los supervivientes siguen allí, con su perolito en la mano y su susto en el ánimo. Hay lealtades incomprensibles.

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Uno de los saldos más notorios de esa mañana en Teatrex El Bosque fue terminar de entender que hay que derrumbar la gigantesca pared que nos divide. La unión del país pasa por conectarnos con ese otro venezolano que no terminamos de conocer. Aquí todo el mundo tiene razones para protestar, pero no necesariamente son las mismas. La falta de papel para la prensa y la falta de papel para nuestros intestinos tienen resonancias distintas. No todas las Gladys se resignarán a un puñado de trapitos viejos, pero sí pueden sobrevivir sin leer las noticias. Hay un Muro de Berlín semántico que el gobierno ha sabido robustecer. Resulta que “ellos” y “nosotros” tenemos la misma bandera en nuestras gorras, los mismos paisajes y la misma música en nuestro imaginario. En las clases de geografía queda claro que somos un solo país. Nos une haber sido víctimas de distintas pandillas que han usufructuado el poder para disponer de ese monumental botín que es Venezuela. “Ellos” y “nosotros” nos merecemos un destino  que no sea el odio, y mucho menos, la guerra.

Al final de la jornada, Bobby Comedia lo resumió todo en una frase: “Según el CNE somos la mitad del país. Si cada uno de “nosotros” conecta con uno, el “nosotros” será el país entero”. ¿Acaso hay otra opción?

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-Papá, anoche tuve una pesadilla.

-¿Qué soñaste, mi amor?

-Que estaba en el transporte del colegio y había una manada de militares tan grande como una marcha de la oposición. Entonces el transporte tuvo que esquivar todos los carros para que no nos atacaran.

-¿Y luego qué pasó?

-Nada, ahí terminó.

Me inquietan esas pesadillas de mi hija. No deseo que sus ojos teman a ningún hombre de uniforme. No quiero “manadas de militares” en el lenguaje de sus sueños.

Al día siguiente, una compañera de clases, con sus 12 años en pánico, le contó de la bomba lacrimógena que cayó en la jardinera de su apartamento. La represión se trepa en los balcones de los niños.

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¿Qué va a quedar de nosotros después que todo pase? Hemos invocado cien veces el nombre de Adriana Urquiola, asesinada junto con el hijo que esperaba nacer. ¿Hemos pensando en la familia de Miguel Antonio Parra, el sargento de la GNB que murió asesinado por un disparo en Mérida el lunes pasado? ¿Estamos cayendo en el mismo siniestro juego de sólo llorar a los muertos que nos convienen? Eso que llaman “el lado correcto de la historia” no es una línea recta, ni una sola calzada, es un amasijo de intersecciones, desvíos y rutas confusas. Es un lugar harto complejo. El lado correcto incluye también voltear hacia todos lados y reconocernos donde estemos.

No dejo de preguntarme cómo van por la vida los distintos asesinos de estudiantes, guardias nacionales y transeúntes caídos desde el 12 de febrero. ¿Eran ya homicidas? ¿Están acostumbrados a matar? ¿Qué los hizo así? Me niego a aceptar que el país asuma la cultura de la muerte sin resistirse.  Quiero creer en lo que le escuche a un ponente ese domingo: “Venezuela siempre vale la pena”.

Por eso deseo subrayar que hay algo conmovedor en lo que nos está pasando: la abundancia de gente que no se deja vencer por la desesperanza. Gente que prefiere apostar a la reconstrucción del país sin esa vergonzosa pared que nos divide. Gente que organiza foros de reflexión, reuniones en su comunidad, gente que escribe canciones, que arma videos, que lanza campañas, que inventa lemas. Gente sin extremos en su verbo. Gente sin guerra en su paz.

Al final de este doloroso capítulo todas las cruces de muerte estarán hundidas en tierra común. El cementerio de nuestro desencuentro no puede seguir creciendo. Basta. No podemos seguir siendo un país de supervivientes.

Fuente Original: Padrón, Leonardo “Supervivientes” 30 de marzo 2014

Derechos cedidos a Infovnzla por: Leonardo Padrón

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