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Crónicas desde el meollo de la cuestión: Venezuela

Freír cabezas…

Por Sandra Caula

A veces me parece que todavía muchos no saben qué enfrentamos.
Esta historia comenzó con alguien que ofreció, a modo de justicia, freír cabezas en aceite. A la gente le pareció bien, seguro creyeron que era un decir. Lo votaron, lo apoyaron. Aquí estamos. Era verdad literal: están dispuestos a freír cabezas en aceite. Las nuestras. Y no por justicia, sino por maldad y por ambición.

Estos meses han sido duros e importantes. Se han conseguido cosas. Muchas, como nunca. Hemos perdido a muchos también. Nos hemos deteriorado más aún. Y ahí están los que prometían freír cabezas en aceite, tambaleantes pero con vida, bloqueando la salida con una roca enorme.

Lo cierto es que no aguantamos mucho más a este ritmo, en las calles, con escudos de cartón contra armas refinadas y gorilas dispuestos a todo. Saliendo a buscar comida y medicinas en cada ratico libre. Con los negocios, los estudios, las vidas destruidos, con más gente que nunca yéndose. Hay que calmarse, hay que pensar, hay que ver con realismo cómo seguir y soportar más dolor con inteligencia y entereza. No queda otra.

Se nombró un nuevo TSJ y allí está buena parte en la Embajada de Chile y dos presos. Lo mismo pasaría con un CNE, con un Defensor del Pueblo, con lo que sea.

Hay que seguir, pero no a esta mecha. Esa es la verdadera fortaleza. No va a ser fácil. No va a ser rápido, no será sin dolor, pero será. Se han dado pasos decisivos y la razón nos asiste, como diría Jenofonte.
Ir a elecciones regionales es necesario. También seguir defendiendo la Asamblea Nacional y la MUD, aunque las critiquemos. Pero no critiquemos a quienes tanto han hecho y arriesgado por frustración con la realidad difícil que nos ha tocado (y nos hemos buscado). Nos enfrentamos a algo de verdad terrible, es posible que perdamos, aquí todos perderemos mucho cada día en todo caso, eso es seguro.

Lo único firme que tenemos para seguir enfrentando esta pesadilla, lo único organizado, lo único que se ha mostrado eficaz, son esos dirigentes y esas instituciones que ha costado muchos años reorganizar después del deslave que ha sido este régimen millonario y sin escrúpulos apoyado por una izquierda y una comunidad internacional muy idiotas que despertaron hace dos días.
Tengamos confianza, no en que saldremos de esta, porque nadie puede asegurarlo, sino en esos dirigentes que bien podrían estar viviendo fuera del país o tranquilos en sus casas. Nos han traído hasta aquí. Tengamos un poco más de paciencia. Por los que han muerto, por lo que tanto hemos sufrido y resistido, soportemos el dolor por lo devorado en estos malditos años y por lo que les falta por devorar. Ese cíclope incivil, capaz de todo, cada día volverá a sellar la salida de la cueva con una roca gigantesca que no podemos mover. Hay que buscar la manera de que él mismo la quite, nosotros no podemos. Hay que hacer que duerma y apuntarle bien al único ojo. En eso estamos.

Escrito de la Madre de Wuilly Arteaga:

Foto: Leo Alvarez. https://www.instagram.com/p/BUfzcLVjv4u/?taken-by=oelzer

“Después de horas de espera en el Destacamento de la GNB 433 tratando de obtener algún resultado positivo que llevara a la liberación de WUILLY, me tocó desplazarme hasta el CICPC con Alfredo Romero, su abogado y otro compañero, a quien por respeto y por medidas de seguridad no mencionaré. Al llegar allí, automáticamente fui su madre, sin que hubiera dudas. Nos permitieron el acceso…pero allí me derrumbé. En instantes mi mundo se volteó al revés, ante su cuerpo diminuto, su voz entrecortada, su cabello quemado, sus ropas ensangrentadas, rotas y sucias y su rostro desfigurado. Sólo alcanzó a pronunciar en voz muy trémula: “QUE VERGUENZA QUE TENGAN QUE VERME EN ESTE ESTADO”.

Y su figura se me volvió de nuevo ese gigante muchacho, valiente y orgulloso patriota, pacifista de naturaleza, sensible, de alma sencilla y de verbo fácil. Su espíritu indomable se vistió de gloria porque sus heridas sanarán y su música volverá a sonar. Mañana este luchador inédito será presentado a tribunales de control, en el Palacio de Justicia. Desconocemos cuáles serán los cargos que le imputará el Ministerio Público en manos de sus Fiscales, pudiera ser Terrorismo, Detentación de Armas, Alteración del Orden Público, sí, tal vez todo eso lo pueda producir un violín.”

Evelyn de Arteaga

De Laureano Márquez

EFE/Miguel Gutiérrez

Maduro: has dañado cuanto es hermoso y bueno en Venezuela.

Has contribuido como pocos a destruir la convivencia, la democracia y la libertad. Tú pasarás y serás solo un mal recuerdo del peor país que podemos ser, de lo bajo que podemos caer con la brutalidad y la ignorancia encumbrada. Serás emblema de la barbarie que ancestralmente arrastramos. Te aseguro que la civilización y la civilidad volverán a Venezuela, también la cultura y la bondad. Los acordes de los violines de nuestros jóvenes anunciarán la patria nueva y -para alegría de nuestra tierra-tú habrás pasado, como pasan las pesadillas al amanecer y serás eso: solo un triste recuerdo de lo viles que podemos llegar a ser, una frontera de barbarie que nunca más debemos volver a cruzar.

 

La calle ciega de la ANC

Lo que sigue es un mero ejercicio de análisis especulativo. Considérenlo apenas unos simples apuntes para un análisis posterior, acaso más profundo por parte de algún experto, sobre la compleja y desconcertante crisis venezolana:

A una semana de su instalación, la Asamblea Nacional Constituyente se ha revelado como una jugada de diabólica efectividad por parte del oficialismo, dejándolo en una posición de ganar-ganar. Le sirve de moneda de cambio en una posible negociación, en caso de que las cosas no le salgan bien (al gobierno). De este modo, no tendría que ceder en cuestiones verdaderamente importantes o vitales para su subsistencia.

A largo plazo, la ANC podría provocar una de las condiciones más buscadas por la revolución prácticamente desde el inicio: el aislamiento internacional como consecuencia de una agresión imperialista.

Nada como el aislamiento de un país socialista para asegurar la longevidad de su sistema. Basta con repasar la historia de la URSS en sus comienzos o con observar Cuba y Corea del Norte hoy. Las posibles sanciones a PDVSA anunciadas por Trump, se convertirían en la excusa perfecta para justificar el fracaso de las (inexistentes) políticas económicas de Maduro, haría de las cajas del CLAP, una medida humanitaria heroica destinada a salvar al pueblo de la hambruna a que nos condena el Imperio, y podríamos seguir enumerando excusas similares a partir de aquí para justificar todo tipo de fracasos gubernamentales

Internamente, el anuncio de las sanciones ha contribuido a aglutinar al chavismo en torno a Maduro. Figuras notorias del movimiento revolucionarias y organizaciones de base, han silenciado sus críticas a la ANC para brindarle todo su apoyo al gobierno en vísperas de la agresión imperialista. Pero ya el mismo Marx veía la historia como un proceso dialéctico, cambiante, como el río de Heráclito en el que es imposible bañarse dos veces porque nunca es el mismo. Hoy, las condiciones en Venezuela no son las mismas que en la Cuba del Bloqueo. Ni siquiera se trata de un mismo país. Son dos países con antecedentes históricos muy diferentes. Mientras la historia cubana, de alguna manera, ha sido de sumisión y estabilidad con breves estallidos de violencia, la de Venezuela se caracteriza por una rebelión constante con muy pocos momentos de paz y estabilidad. Hoy, el país atraviesa uno de sus periódicos episodios de convulsión social, agravado por una aguda crisis económica y un nudo gordiano institucional. Las sanciones económicas de TrumpLas sanciones económicas de Trump pudieran tener consecuencias imprevisibles dentro de este contexto. Tanto para el gobierno como para la oposición.

No obstante, ‘money talks’. Sanciones a funcionarios individuales podrían hacer tambalear esta cohesión. Muy anti imperialista y todo lo que tú quieras, pero los ahorros están en bancos del imperio y el Tío Sam es el único cliente que paga por el petróleo venezolano. Sin el chorrito de petrodólares, el gobierno estaría en serios aprietos para mantener la represión, podría desestabilizarse y “pescuezo no retoña, mi general”.

¿Qué puede hacer la oposición ante este panorama? Su problema es que mientras el gobierno juega al ajedrez de la lucha revolucionaria violenta, la oposición se ve obligada a mover sus piezas según las reglas de las Damas Chinas democráticas —la comparación no intenta ser peyorativa: mientras el gobierno pone en marcha complejas estrategias bélicas para aniquilar su enemigo, la oposición debe luchar con la simples reglas del juego democrático si quiere que su triunfo sea reconocido internacionalmente.

La consulta popular del 16 de julio fue la prueba de su talante democrático —seriamente lesionado por el vuelo del helicóptero rebelde o el linchamiento de Altamira— que buena parte del mundo le exige a cambio de su apoyo. Visto los resultados, el mundo hizo sus jugadas: declaraciones de la Unión Europea, discurso de Almagro en el congreso estadounidense, la visita de Santos a Raúl Castro, reprimenda en el Mercosur y, finalmente, el anuncio de Trump.

Pero este éxito, doméstico e internacional al mismo tiempo, encontró a una oposición dispersa, fragmentada y enemistada, consecuencia de otra jugada maestra del gobierno: el otorgamiento de casa por cárcel a Leopoldo López.

¿Resultados? La coalición opositora reaccionó erráticamente al triunfo del 16J y no logró capitalizar el momento a su favor. El radicalismo encontró en el disgusto de los manifestantes hacia sus dirigentes, el caldo de cultivo perfecto para imponer su propuesta de confrontación, lo que contribuyó a dispersar aún más a la masa opositora —no hay mejor prueba que la merma en la asistencia a la marcha del sábado pasado—, a arrojar nuevamente dudas sobre su carácter democrático y sobre la efectividad de sus métodos pacíficos de lucha contra el gobierno. Una agenda y unas acciones violentas que en algunos casos está promovida incluso por el mismo gobierno. Sólo los viejos zorros políticos venezolanos lograron sacar algo de provecho del gobierno, aunque de forma tardía: anunciaron la formación de un gobierno de transición.

Hacia el fin de la semana pasada, la coalición opositora pugnaba por mantenerse unida y en pie, mientras que el gobierno avanzaba avasallante, ciego y letal como una de esas máquinas de muerte, pintarrajeadas y pestilentes que arrollan estudiantes y derriban muros de conjuntos residenciales.

Decía Marx que la revolución era un caballo que avanzaba por los latigazos de la contrarrevolución. No le faltaba razón. Cada vez que la oposición se ha involucrado en un conflicto no democrático, ha emergido más débil y los venezolanos con menos derechos; mientras que el gobierno termina fortalecido, un paso más cercano a su definitiva consolidación totalitaria. Esta semana que apenas inicia, la coalición opositora se enfrenta a la titánica tarea de desentrañar esa paradoja, al mismo tiempo en que, con sus seguidores en contra, debe reagrupar sus fuerzas y lograr un consenso interno para impedir la instalación la ANC.

@mccarlanga, youtube.com/c/CarlosCaridad_Selfiementary

De “la calle” a las ramblas.

Tan solo menos de un día fue suficiente para  que sentado apaciblemente en la terraza de un bar, comiera un bocadillo de butifarra catalana y tomate mientras bebía una “clara”. Tan solo menos de un día tardé para pasar de caminar y correr la “calle” oscura y apestosa a pasear por una rambla limpia, olorosa y sin huecos.

Se dice fácil pero hay que tragar grueso y es que olvidar el olor a gas y el ruido de los bombazos me resulta por ahora imposible.
Colgarme la cámara al cuello, sin sobresalto ni miedo para luego no retratar nuestra tragedia, a ratos me causa vergüenza.

Fueron casi 18 años pateando la calle, gritando consignas, maldiciendo al régimen, aupando la protesta, montando barricadas, tragando gas del bueno, esquivando metras y perdigones y dejando registro de todo lo que podía para que la historia no lo olvidara ni nos olvidara, para que en menos de un día amaneciera en un paraíso terrenal que mi mente había olvidado pudiese existir, donde no hay guerreros ni niños de la calle, ni se come de la basura, donde el agua no falta y la electricidad no se va, donde el super esta lleno y la internet no falla y a ratos me siento culpable.

Culpable de dejar a mi país y a mi gente en su peor momento, con mínimas posibilidades de un cambio, de sentir que mientras ellos enfrentan el “calor” de la batalla yo disfruto de la calidez del verano.
Aquí tengo a parte mi familia querida, que me cuida y mima como a un infante, allá dejo a mi hermana, a mi sobrino, a mis primos y a muchos pero muchos amigos casi que a la buena de Dios y a ratos me siento egoísta y traidor.

Dicen que el tiempo lo cura todo, a veces pienso que no, que la herida es tan grande y profunda que no habrá cura que la sane.
Aquí amanecerá de nuevo y veré, allá amanecerá y veremos  …

Jordi Contreras

EL PAÍS TOMA LA PALABRA

Por: Leonardo Padrón

Usted puede darle el nombre que quiera. Puede decirle consulta popular. O soberana. O, como dicta la tradición, llamarlo plebiscito. También puede asumirlo como la gran encuesta nacional, la que recogerá la opinión de todo el país electoral, el país que tiene edad para votar y elegir, para respaldar o rechazar, para elegir otro destino o persistir en la pesadilla. En realidad no importa el nombre que le de. Importa el sentido que tiene ese día. Importa que todos nos hemos puesto de acuerdo para -en un mismo domingo- expresar nuestra opinión, para responder tres preguntas que contienen el talante definitivo de nuestro futuro. Importa que la democracia, a pesar de lo sangrante y herida que está, le pide hoy a los ciudadanos que la invoquen, que digan lo que piensan sobre sus gobernantes, que lo expresen de la forma más sencilla posible: con un lápiz, con su cédula laminada y su verdad. Para que el mundo, y nosotros mismos, y los hombres que rumian su poder en Miraflores, oigamos la opinión de todos y cada uno de los que forman parte de un mapa, un gentilicio, una razón de ser llamada Venezuela.

Ellos dicen que no es legal, ni vinculante, que es sedicioso, que solo procura violencia, que si el CNE no participa no vale, que necesita el visto bueno del TSJ, de los hermanitos Rodríguez, del Contralor, del Foro de Sao Paulo en pleno, y hasta algún gesto inequívoco del eterno. Ellos andan nerviosos, inquietos, desajustados. No duermen bien, botan el café, se tropiezan con las vocales. Buscan esquinas oscuras en la constitución, le tuercen la oreja a los artículos, inventan leyes y sentencias de última hora. Quisieran saltarse el domingo 16 de julio, expropiarlo, que sea declarado un día postizo, inexistente, falso en el calendario. Ruegan por un milagro que los ayude a frenar la avalancha, el tsunami, la tormenta. Porque lo que asoma en el horizonte para Nicolás Maduro y su siniestro régimen es un desastre natural de enormes proporciones. Estamos hablando de millones y millones de personas, venezolanos todos, que expresarán de forma cívica, pacífica y organizada su ya basta, su no queremos más dictadura, su exigimos democracia y elecciones libres. Gente en todos los municipios y rincones, en todos los estados y esquinas, en decenas de ciudades en el resto del planeta, que marcará tres veces sí. Sí para expresar su rechazo a la Constituyente. Sí para demandar a la Fuerza Armada Nacional obediencia a la constitución y respaldo a la Asamblea Nacional que nosotros mismos elegimos. Sí para renovar los Poderes Públicos, para conformar un Gobierno de Todos, para realizar elecciones libres, para restituir el vapuleado orden constitucional. Tres veces sí para ser enfáticos, para que no queden dudas, para dejarle claro a la dictadura nuestro multitudinario deseo de volver a vivir en democracia.

Todos los muertos que han caído bajo la metralla del régimen, todos los que han recibido perdigones y bombas lacrimógenas en sus ojos, piernas y rostros, todos los que se llenan de oscuridad y oprobio en las cárceles, todos los que han recibido patadas y golpes en su dignidad, todos los ultrajados y robados por los colectivos y la Guardia Nacional, todos los que se tuvieron que ir del país, todos los que se quedaron sin presente ni sospecha de futuro, todos los que han sido saqueados, allanados, violados, humillados, amenazados, intimidados, burlados, todos, absolutamente todos, tendrán la oportunidad de expresar su opinión. Incluso los indiferentes, los temerosos, los replegados. ¿Acaso hay algo más vinculante que el sentir del propio país expresado en cada uno de sus individuos? ¿Hay algo más democrático y honesto que pedirle a todos los ciudadanos que manifiesten su opinión, sin manipularlos, sin obligarlos o amenazarlos con despedirlos de su trabajo o no darles la limosna de los CLAP?

Eso es lo que va a pasar el domingo 16 de julio, en más de dos mil puntos soberanos y más de catorce mil mesas de votación en toda Venezuela. Eso es lo que va a pasar en más de 70 países del mundo y 430 ciudades del exterior, por donde andan tantos venezolanos, errantes y melancólicos, huérfanos de país y de rumbo, con la nostalgia atragantada en el alma. Es imposible no participar en el evento más democrático de los últimos tiempos. Es un nuevo e inmejorable chance para ser protagonistas de nuestra historia. Es un gesto colectivo que expresará nuestra aspiración de volver a ser un país normal y decente, y no la región más sórdida del continente. Hemos marchado sin descanso. Hemos dejado la piel en la calle. Hemos manifestado de todas las formas posibles. Han sido más de cien días de protesta febril, más de noventa muertes dolorosísimas, mas de mil heridos y cientos de presos políticos. Ahora nos toca enfrentar una cifra más pequeña pero decisiva. Nos toca decir tres veces SÍ. Tres veces en una planilla. Millones y millones de personas diciendo tres veces SÍ.

Y que se exprese el deseo multitudinario de los ciudadanos. Que el país tome la palabra. Que la dictadura termine de entender que se ha vencido su tiempo. Que es el momento de irse y darle el paso de nuevo a la democracia.

Es hora de levantar el sol.

De atizar la dignidad.

De volver a empezar todos de nuevo.

Tomado de: caraotadigital.net

CIEN DÍAS

Por: Hector Torres

Hay quien no se ha perdido una marcha. Hay quien ha ido cada vez que puede. Hay quien ha estado en la primera línea. Hay quien ha cobijado a los que protestan. Hay quien ha arrebatado a muchachos de las garras de los represores. Hay quien ha hospedado a los que vinieron de lejos a protestar. Hay quien ha recibido a los que han marchado a Caracas desde diversos puntos del país. Hay quien ha fabricado implementos de manera artesanal para que las lacrimógenas no maten a los muchachos. Hay quien ha divulgado. Hay quien se ha informado y ha informado. Hay quien alertó y desmontó noticias falsas. Hay quien ha investigado y desmontado ollas del poder. Hay quien ha grabado y subido a la red videos de represión y de violación a los derechos humanos. Hay quien ha escrito. Hay quien ha organizado a sus vecinos. Hay quien ha estado, desde ya, pensando el país del futuro. Hay quien ha buscado llevar nuestra realidad a otros medios y otros lectores. Hay quien ha preparado comida para los desatendidos por la mafia en el poder. Hay quien ha rezado con fervor. Hay quien ha ayudado a los presos políticos. Hay quien ha asistido a los que necesitaron ayuda psicológica. Hay quien ha adoptado campañas sobre temas específicos. Hay quien se entregó a visibilizar casos de presos políticos olvidados. Hay quien asistió legalmente a esos presos. Hay quien llevó estadísticas. Hay quien lloró la muerte de un hijo, aunque no fuese el suyo. Hay quien llevó la cuenta. Hay quien organizó foros. Hay quien creó listas e informaciones de utilidad para la resistencia. Hay quien ha documentado. Hay quien, desde el exterior, ha protestado e informado acerca de lo que ocurre acá. Hay quien ha sustentado expedientes a violadores de Derechos Humanos. Hay quien se ha dedicado a cazar bots chavistas y los ha denunciado. Hay quien ha documentado fortunas mal habidas. Hay quien las expuso. Hay quien ayudó económicamente a causas comunes en esta lucha. Hay quien curó a los heridos de la represión. Hay quien localizó medicinas y las puso a disposición de la gente. Hay quien no estaba en la protesta y, gracias a eso, grabó una abuso que luego circuló por las redes. Hay quien, por tampoco estar, salió de su negocio a rescatar a un muchacho de las manos asesinas. O lo escondió de los perseguidores…

Venezuela nunca ha estado más unida ante un interés común. A lo largo de estos cien días cada quien ha obedecido con fidelidad a una voz dentro de su corazón que le ha dicho lo que es correcto. Y ha actuado en consecuencia. Lo importante es que todos, desde la obediencia a esa voz, estamos construyendo esta historia. Entre todos hemos llegado a este punto. Todos somos esa Venezuela que lucha por su tierra y por su vida. Todos tenemos algo que aportar. Y todos lo estamos haciendo. Lo importante, como dice mi querida Dira Martinez Mendoza, es que cada quien mantenga encendida la llama dentro de su corazón. Aunque falta por ver el horror del que son capaces de generar los que están sintiendo la proximidad de su fin, no nos dejemos distraer ni confundir. Esta convicción es irrevocable. Que no se apague esa llama.

Ciclos, amor y pertenencia

Por: Valeria Artigas Oddó

Foto: latercera.com

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9 de julio. Hace 42 años (sí, cuarenta y dos…) mi mamá, mis hermanos y yo llegábamos de Argentina a Caracas para reunirnos con mi papá, en lo que sería la etapa más larga y final de nuestro exilio. Yo tenía 6 años y recuerdo muchas cosas de ese día, la luz inigualable, el cielo movedizo y hermoso, el calor húmedo, el acento melodioso y dulce de los adultos que nos recibieron, aunque todavía no les entendía nada… Crecí, me formé, y me hice en Venezuela que ahora es mi patria putativa y el yang de mi identidad plena.

42 años después, de vuelta hace rato a mi ying, chilena casi  completa, me encuentro todos los días con niños venezolanos que vienen nuevecitos a hacer la vida en Chile, igual que yo en el 75; con papás aperrados y asustados también, que quieren que sus hijos crezcan a salvo. Vienen ya sin primos, sin abuelos, sin tíos, transplantados a una realidad que todavía no les pertenece. Que llegan a una ciudad de cielos estáticos, fríos secos y acentos cortopunzantes. Niñas y niños que miran con ojos grandes y se van adaptando a lo que, ojalá, será su nueva e híbrida identidad. Cada vez que puedo les converso, los abrazo, los acojo con toda la calidez que tengo, porque me veo a mi misma. Porque sé que es difícil, sé todo lo que cuesta, conozco lo que perdieron y deseo desde lo más profundo de mi guata y mi corazón que encuentren acá todo lo que su país de origen me dio a mi; pertenencia, solidaridad, risa, seguridad, amigos entrañables, familias escogidas desde el amor… en definitiva una buena y feliz vida.

Ahora, nos toca a nosotros devolverle la mano a la vida que permitió que nos salváramos en cada niño inmigrante que llega a lo desconocido, lejos de muchos de los que ama y más lejos de todo lo que conoce y le da seguridad.

Estoy segura que Chile está a la altura de ser para esos niños, todo lo que Venezuela (y tantos otros países) fueron para cada uno de nosotros.

Salud mamá, papá, Vero y Tito. ¡Fulía, fulía, fulía!

Soy joven y no estoy de acuerdo

Por Enrique Peña
Foto: Adriana García

Miren esas caras.

Miren los estudiantes “rodilla en tierra”.

Miren las armas que tienen los guardias. El fusil, los rolos, las bombas…

Miren los rodilleras, los petos, los cascos, las máscaras, los protectores.

Miren las caras de las dos únicas personas que se pueden identificar: la de franela blanca que posee una mirada de miedo, de súplica, de desesperanza, y  la otra chica,  con cara de impresión, de extrañeza, de sorpresa.

Calculen la hora del día, porque fue de día.

Calculen la edad porque son muy jóvenes. Estudiantes unos. Trabajadores otros.

Calculen la fortaleza que hay que tener para, sin nada, enfrentarse a los que tienen todo para doblegar al que se le ponga por delante.

Calculen que en la foto hay apenas unos 10 personajes sometidos. Imagínense la cara de sus padres. Imagínense la cara de sus amigos. Imagínense el terror vivido por estar presos durante varios días. Imagínense todo lo que pasó por la cabeza de estos muchachos.

Piense entonces, por un instante, que mientras ellos están hoy fuera de prisión gracias a la benevolencia de una juez civil, pasaron por todo lo que pasaron por apenas expresar que no estaban de acuerdo. “Somos jóvenes y no estamos de acuerdo”.

¿Se lo imaginó?

Ahora usted, el que está leyendo, colóquese frente al espejo y diga: Soy joven y no estoy de acuerdo.
Aquí en Venezuela, eso al parecer es delito.

22 estudiantes de Maracay no tuvieron la misma “suerte”. En vez de ser evaluados por un juez civil fueron juzgados pour un juez militar, desde ayer están recluidos en cárceles habiendo dicho sólo la misma frase que usted, que los otros diez jóvenes de la imagen:

Soy joven y no estoy de acuerdo.

Ah y vivo en Venezuela.

No se le olvide de decir esto último: Vivo en Venezuela

Los mirones no siempre son de palo…

En los complejos tiempos que se viven en Venezuela los juicios sobre el comportamiento de los ciudadanos se pone a la orden del día. Juzgar primero preguntar después, una práctica recurrente en un país sitiado y desestabilizado.
El vídeo viralizado el día 30 de junio, sobre el apresamiento de los estudiantes por los cuerpos de seguridad filmado por algún trabajador(a) desde la torre del BOD, se vuelve un punto de opiniones sobre los que supuestamente miran sin tomar ninguna acción. 
Nos hacemos eco de la reflexión compartida por Daniel Álvarez en su cuenta de Facebook. 
Una mirada sobre los mirones

 

Daniel Alvarez
Ayer a las 2:48

Voy a compartir un video de los realizados por los “mirones indiferentes detrás del cristal mientras reprimían y apresaban a los estudiantes universitarios de la USB y otras universidades” ( las comillas citándome a mí mismo en otra publicación)
El video me llegó acompañado de la siguiente nota:

” Yo trabajo en esa torre, fui una de esos “mirones” y resulta que como bien dijo sharon, estuvimos encerrados porque no abrían las puertas por medidas de seguridad. TODAS LAS TORRES EMPRESARIALES CIERRAN SUS PUERTAS EN ESA SITUACIÓN (PLANES DE CONTINGENCIA), pero te informo que las personas que ves allí en la foto son las que bajaron a defender a los chamos, gritaron tanto para salir y evitar eso, que la policía comenzó a atacar la torre.

Minutos antes de que cerraran las puertas, logramos resguardar a varios de ellos dentro de la torre (razón por la cual, no podíamos correr el riesgo de que la policía entrara y peinara la torre).

Cuando estás en ese momento de impotencia de no poder salir a hacer algo más comienzas a pensar como puedes contribuir, una de esas respuestas fue el fotografiar y filmar todo para que quedara evidencia de lo que estaba sucediendo e informar por las redes sociales ya que, los medios aún no lo hacían.

Adicional a lo mencionado anteriormente, informo que el personal de seguridad del banco se metió defender a los chamos y también fueron agredidos, eso sin contar que también defendieron a los periodistas que no podían ni acercarse a la zona de tantos gases que había.

El escándalo para poder salir fue tal, que la PNB mandó 3 convoy más a la torre en caso tal de que lográramos salir.
Así como tu no pudiste llegar al sitio ni durante ni después, estando a menos de una cuadra de distancia; imagínate quienes además de todo “el miedo” que podían sentir a la PNB también debían resguardar su lugar de trabajo.

Muchos han criticado a partir de imágenes totalmente tergiversadas y manipuladas, pero la verdad es que pocos fueron los que se apersonaron al lugar de los hechos…

…Bien me conoces y sabes que siempre he salido (no de unos meses para acá) y bastante que he expuesto mi vida desde mi carrera universitaria, hoy día no es la excepción, no hay convocatoria a la que no vaya; y para el conocimiento tuyo y de todos los demás, a las convocatorias vamos la mayoría de los que salen ahí mirando; solo que a diferencia de muchos no nos fotografiamos pues no estamos buscando capitalizar con un cargo a futuro a raíz de estas protestas.

Una imagen lleva más connotaciones de las que puede parecer a simple vista, les encanta decir que cualquier acción suma; ¿pero si la gente lo único que puede hacer es informar y viralizar las imágenes entonces es un indiferente?
Pensemos en sumar y no dividir y siempre tratar de ver todo con objetividad.”

El miedo también es parte de esto y como dice Mari Montes: “Es muy difícil juzgar el miedo de los demás” Mea Culpa

“¿Eran perdigones? No, eran balas”

Por Patricia Rodríguez Orozco

El ruido de muchas motos que le abren paso a una camioneta con la bandera de la Cruz Verde o azul, es ritual esta tarde de hoy.

Y como me niego a que la muerte sea indiferencia o cotidianidad decidí subir de nuevo a la Clínica El Ávila, como suelo hacerlo desde que una Tanqueta atropelló a un joven protestante. Esta vez el ingreso de heridos no era normal. Un hombre mayor que debe tener la edad de mi papá, pidió a los vigilantes de la clínica que retiraran todas las motos, todos los carros porque “abajo, en La Carlota, eso está muy feo y vendrán más”.

Y, así fue. Desde las 4:30 pm llegarían a la clínica 3 heridos más y una joven desmayada. Hora y media antes ya habían ingresado el joven que hoy murió: David José Vallenilla, y dos más.

Su nombre como la imagen de la joven del equipo de rescatistas de la UCAB, la que le habló antes de que lo asesinaran y lo auxilió mientras pedía ayuda a los paramédicos, ella deambulaba preguntando por los familiares: “No voy a declarar hasta que no hable con sus familiares”, respondía al funcionario del CICPC y al representante de la Fiscalía.

Salí del espacio habitual en el cual suelo colocarme para entrar en la clínica a cargar mi teléfono. Recargué las pilas y en vez de regresar a esperar con los reporteros un nuevo herido, fui a la antesala de emergencia. Dentro de la emergencia un hombre alto a quien nunca quise preguntar su nombre, se acercó a preguntar por David José.

-Soy el familiar de David José Vallenilla. ¿Dónde está?

-Está muerto. Hicimos todo para salvarlo.

Cayó en la silla. Le temblaban las piernas. Estaba con un amigo que le abrazó y lo acompañó a tomar agua, mientras descargaba, se contenía y volvía a llorar. Y como todos los que estábamos allí, seguimos el ritmo de su emoción. Si él dejaba de respirar, lo hacíamos todos, y si él comenzaba a llorar, también lo hacíamos todos.

30 minutos después llegó otra persona. Presumíamos que era o su padre, o su hermano, o su tío. La misma cara que había observado en la foto de la red, pero no estaba pálida, ni con los ojos cerrados, ni su rostro caía sobre el hombro de esos motorizados que suelen sacar a los escuderos, cuando están heridos. Era su otro tío. Tampoco sabía que su sobrino ya estaba muerto. La noticia los sorprendió a ambos.

De la misma manera que lo supe yo, los tíos de “Dani” -me imagino que lo llamaban de esa manera, pues así lo gritaban, así lo nombraban- se habían enterado por las redes sociales y es por eso que al llegar a la clínica, sólo preguntaban por su sobrino. No les dio tiempo de conocer el final de esa historia en curso, sino correr hasta el centro asistencial donde tenían al joven.

La muchacha de los primeros auxilios de la UCAB, seguía caminando hasta que llegó a donde estaban los familiares: “Con ustedes quiero hablar”. No debe tener más de 21 años. Me pareció estoica. Valiente. Fuerte. Digna. Sin miedo. Responsable.

-Yo estaba con él, mientras hacía mi trabajo. Lo conocía de allí. Me alejé cuando comenzó todo. Le dispararon. Cuando volteé, estaba en el suelo. Él No estaba haciendo nada, bueno tiró una que otra piedra, pero le dispararon.

-¿Eran perdigones? , preguntó el tío. Eso decían en las redes.

-¡No! Eran balas. Él recibió los primeros auxilios y respiraba despacio. Le apuntaron los de atrás. Eran balas. No lo pude salvar.

-Hizo lo que pudo, decía el tío decentemente, coherentemente. Me da su teléfono. Buscaba lápiz, papel, buscaba donde anotar. Se perdía entre sus bolsillos.

En medio de aquel silencio sepulcral en donde se escuchaba la voz de la joven, otra voz nos perturbó a todos. Alguien a mi lado pedía que apagaran la televisión: Maduro hablaba y la mamá de Neomar Lander, otro de los jóvenes asesinados, se acercó a bajar el volumen. No alcanzaba a apagarlo, es muy pequeña.

El tío sufrió una alta de tensión. Y mientras tanto el televisor seguía encendido y la voz de Maduro calló, enmudeció como desde hace mucho tiempo vive su voz dentro de nosotros. Porque Maduro es todo menos el Presidente de la República que nos merecemos los Venezolanos.

A las 7.30 de la noche, los padres del joven no habían llegado aún.