La calle ciega de la ANC

Lo que sigue es un mero ejercicio de análisis especulativo. Considérenlo apenas unos simples apuntes para un análisis posterior, acaso más profundo por parte de algún experto, sobre la compleja y desconcertante crisis venezolana:

A una semana de su instalación, la Asamblea Nacional Constituyente se ha revelado como una jugada de diabólica efectividad por parte del oficialismo, dejándolo en una posición de ganar-ganar. Le sirve de moneda de cambio en una posible negociación, en caso de que las cosas no le salgan bien (al gobierno). De este modo, no tendría que ceder en cuestiones verdaderamente importantes o vitales para su subsistencia.

A largo plazo, la ANC podría provocar una de las condiciones más buscadas por la revolución prácticamente desde el inicio: el aislamiento internacional como consecuencia de una agresión imperialista.

Nada como el aislamiento de un país socialista para asegurar la longevidad de su sistema. Basta con repasar la historia de la URSS en sus comienzos o con observar Cuba y Corea del Norte hoy. Las posibles sanciones a PDVSA anunciadas por Trump, se convertirían en la excusa perfecta para justificar el fracaso de las (inexistentes) políticas económicas de Maduro, haría de las cajas del CLAP, una medida humanitaria heroica destinada a salvar al pueblo de la hambruna a que nos condena el Imperio, y podríamos seguir enumerando excusas similares a partir de aquí para justificar todo tipo de fracasos gubernamentales

Internamente, el anuncio de las sanciones ha contribuido a aglutinar al chavismo en torno a Maduro. Figuras notorias del movimiento revolucionarias y organizaciones de base, han silenciado sus críticas a la ANC para brindarle todo su apoyo al gobierno en vísperas de la agresión imperialista. Pero ya el mismo Marx veía la historia como un proceso dialéctico, cambiante, como el río de Heráclito en el que es imposible bañarse dos veces porque nunca es el mismo. Hoy, las condiciones en Venezuela no son las mismas que en la Cuba del Bloqueo. Ni siquiera se trata de un mismo país. Son dos países con antecedentes históricos muy diferentes. Mientras la historia cubana, de alguna manera, ha sido de sumisión y estabilidad con breves estallidos de violencia, la de Venezuela se caracteriza por una rebelión constante con muy pocos momentos de paz y estabilidad. Hoy, el país atraviesa uno de sus periódicos episodios de convulsión social, agravado por una aguda crisis económica y un nudo gordiano institucional. Las sanciones económicas de TrumpLas sanciones económicas de Trump pudieran tener consecuencias imprevisibles dentro de este contexto. Tanto para el gobierno como para la oposición.

No obstante, ‘money talks’. Sanciones a funcionarios individuales podrían hacer tambalear esta cohesión. Muy anti imperialista y todo lo que tú quieras, pero los ahorros están en bancos del imperio y el Tío Sam es el único cliente que paga por el petróleo venezolano. Sin el chorrito de petrodólares, el gobierno estaría en serios aprietos para mantener la represión, podría desestabilizarse y “pescuezo no retoña, mi general”.

¿Qué puede hacer la oposición ante este panorama? Su problema es que mientras el gobierno juega al ajedrez de la lucha revolucionaria violenta, la oposición se ve obligada a mover sus piezas según las reglas de las Damas Chinas democráticas —la comparación no intenta ser peyorativa: mientras el gobierno pone en marcha complejas estrategias bélicas para aniquilar su enemigo, la oposición debe luchar con la simples reglas del juego democrático si quiere que su triunfo sea reconocido internacionalmente.

La consulta popular del 16 de julio fue la prueba de su talante democrático —seriamente lesionado por el vuelo del helicóptero rebelde o el linchamiento de Altamira— que buena parte del mundo le exige a cambio de su apoyo. Visto los resultados, el mundo hizo sus jugadas: declaraciones de la Unión Europea, discurso de Almagro en el congreso estadounidense, la visita de Santos a Raúl Castro, reprimenda en el Mercosur y, finalmente, el anuncio de Trump.

Pero este éxito, doméstico e internacional al mismo tiempo, encontró a una oposición dispersa, fragmentada y enemistada, consecuencia de otra jugada maestra del gobierno: el otorgamiento de casa por cárcel a Leopoldo López.

¿Resultados? La coalición opositora reaccionó erráticamente al triunfo del 16J y no logró capitalizar el momento a su favor. El radicalismo encontró en el disgusto de los manifestantes hacia sus dirigentes, el caldo de cultivo perfecto para imponer su propuesta de confrontación, lo que contribuyó a dispersar aún más a la masa opositora —no hay mejor prueba que la merma en la asistencia a la marcha del sábado pasado—, a arrojar nuevamente dudas sobre su carácter democrático y sobre la efectividad de sus métodos pacíficos de lucha contra el gobierno. Una agenda y unas acciones violentas que en algunos casos está promovida incluso por el mismo gobierno. Sólo los viejos zorros políticos venezolanos lograron sacar algo de provecho del gobierno, aunque de forma tardía: anunciaron la formación de un gobierno de transición.

Hacia el fin de la semana pasada, la coalición opositora pugnaba por mantenerse unida y en pie, mientras que el gobierno avanzaba avasallante, ciego y letal como una de esas máquinas de muerte, pintarrajeadas y pestilentes que arrollan estudiantes y derriban muros de conjuntos residenciales.

Decía Marx que la revolución era un caballo que avanzaba por los latigazos de la contrarrevolución. No le faltaba razón. Cada vez que la oposición se ha involucrado en un conflicto no democrático, ha emergido más débil y los venezolanos con menos derechos; mientras que el gobierno termina fortalecido, un paso más cercano a su definitiva consolidación totalitaria. Esta semana que apenas inicia, la coalición opositora se enfrenta a la titánica tarea de desentrañar esa paradoja, al mismo tiempo en que, con sus seguidores en contra, debe reagrupar sus fuerzas y lograr un consenso interno para impedir la instalación la ANC.

@mccarlanga, youtube.com/c/CarlosCaridad_Selfiementary