De “la calle” a las ramblas.

Tan solo menos de un día fue suficiente para  que sentado apaciblemente en la terraza de un bar, comiera un bocadillo de butifarra catalana y tomate mientras bebía una “clara”. Tan solo menos de un día tardé para pasar de caminar y correr la “calle” oscura y apestosa a pasear por una rambla limpia, olorosa y sin huecos.

Se dice fácil pero hay que tragar grueso y es que olvidar el olor a gas y el ruido de los bombazos me resulta por ahora imposible.
Colgarme la cámara al cuello, sin sobresalto ni miedo para luego no retratar nuestra tragedia, a ratos me causa vergüenza.

Fueron casi 18 años pateando la calle, gritando consignas, maldiciendo al régimen, aupando la protesta, montando barricadas, tragando gas del bueno, esquivando metras y perdigones y dejando registro de todo lo que podía para que la historia no lo olvidara ni nos olvidara, para que en menos de un día amaneciera en un paraíso terrenal que mi mente había olvidado pudiese existir, donde no hay guerreros ni niños de la calle, ni se come de la basura, donde el agua no falta y la electricidad no se va, donde el super esta lleno y la internet no falla y a ratos me siento culpable.

Culpable de dejar a mi país y a mi gente en su peor momento, con mínimas posibilidades de un cambio, de sentir que mientras ellos enfrentan el “calor” de la batalla yo disfruto de la calidez del verano.
Aquí tengo a parte mi familia querida, que me cuida y mima como a un infante, allá dejo a mi hermana, a mi sobrino, a mis primos y a muchos pero muchos amigos casi que a la buena de Dios y a ratos me siento egoísta y traidor.

Dicen que el tiempo lo cura todo, a veces pienso que no, que la herida es tan grande y profunda que no habrá cura que la sane.
Aquí amanecerá de nuevo y veré, allá amanecerá y veremos  …

Jordi Contreras