Soy joven y no estoy de acuerdo

Por Enrique Peña
Foto: Adriana García

Miren esas caras.

Miren los estudiantes “rodilla en tierra”.

Miren las armas que tienen los guardias. El fusil, los rolos, las bombas…

Miren los rodilleras, los petos, los cascos, las máscaras, los protectores.

Miren las caras de las dos únicas personas que se pueden identificar: la de franela blanca que posee una mirada de miedo, de súplica, de desesperanza, y  la otra chica,  con cara de impresión, de extrañeza, de sorpresa.

Calculen la hora del día, porque fue de día.

Calculen la edad porque son muy jóvenes. Estudiantes unos. Trabajadores otros.

Calculen la fortaleza que hay que tener para, sin nada, enfrentarse a los que tienen todo para doblegar al que se le ponga por delante.

Calculen que en la foto hay apenas unos 10 personajes sometidos. Imagínense la cara de sus padres. Imagínense la cara de sus amigos. Imagínense el terror vivido por estar presos durante varios días. Imagínense todo lo que pasó por la cabeza de estos muchachos.

Piense entonces, por un instante, que mientras ellos están hoy fuera de prisión gracias a la benevolencia de una juez civil, pasaron por todo lo que pasaron por apenas expresar que no estaban de acuerdo. “Somos jóvenes y no estamos de acuerdo”.

¿Se lo imaginó?

Ahora usted, el que está leyendo, colóquese frente al espejo y diga: Soy joven y no estoy de acuerdo.
Aquí en Venezuela, eso al parecer es delito.

22 estudiantes de Maracay no tuvieron la misma “suerte”. En vez de ser evaluados por un juez civil fueron juzgados pour un juez militar, desde ayer están recluidos en cárceles habiendo dicho sólo la misma frase que usted, que los otros diez jóvenes de la imagen:

Soy joven y no estoy de acuerdo.

Ah y vivo en Venezuela.

No se le olvide de decir esto último: Vivo en Venezuela