¿qué hay que celebrar?

Hace apenas un par de días, leí los comentarios de uno de los comunicadores sociales más importantes del país  celebrando, con fotos y todo, la muerte de El Picure afirmando que su muerte por efectivos de la Guardia Nacional era un logro de la Revolución Bolivariana y un ejemplo que debería seguirse a futuro.

Su alegría, su sed de sangre, me perturbó enormemente.

Ahora, ¿de dónde surge El Picure? ¿Qué factores juegan para que individuos como él logren tener tanto poder e influencia? ¿Qué clase de sociedad crea una a persona como él?

Por mucho que se quiera poner la etiqueta de “antisocial”, no se puede negar que gente como él, Picures en potencia, surgen todos los días en Venezuela. Y no se puede poner la etiqueta de “hampa común” y comparar los niveles de violencia Nicaragua, Colombia y El Salvador, países que a diferencia del nuestro, todavía viven secuelas de sus respectivos conflictos armados.

Nosotros, por el contrario, no tenemos excusa. Hemos normalizado la negligencia, sistematizado el abuso, generalizado la apatía, aceptado la violencia como parte inherente de nuestro ser. He visto gente alegrarse por linchamientos y señalar la psicopatía de los malandros, quejarse de los bachaqueros y ser los primeros en pagar cualquier cosa por harina y jabón, Quejarse de la corrupción de los políticos y empresarios y ser el primero en buscar a un contacto quien te haga la segunda en el Ministerio, en cuadrarte un negocio allí.

Y no los culpo. Tienen responsabilidad y no los culpo, porque han habido ocasiones donde yo he sido esa persona, donde yo he tenido responsabilidad. Donde yo he puesto mi granito de arena en este derrumbe. Pero también soy víctima, como gran parte del país y si hay algo que nos encanta es culpar a la víctima: si te robaron es culpa tuya por salir de noche, si no hay comida es culpa tuya por no votar por quien debías, y así sigue. Se necesita mucha creatividad y cinismo conectar comerse la luz roja con el dinero perdido de Fonden, aunque ambos se resuman en unos pocos ignorando el bien común, y la normativa establecida, por el beneficio propio.

¿Al final de cuentas quién sigue a quién? ¿La sociedad forma a sus líderes o sus líderes forman la sociedad? No lo sé. Supongo que es un poco de ambas. Algo complejo y simbiótico.

Ahora, ¿es todo esto un logro? ¿qué hay que celebrar?

José Eduardo González Vargas
Derechos de publicación cedidos por el autor a InfoVzla.

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