YO SÍ ASPIRO

Yo sí aspiro a otra cosa y no dejaré de hacerlo. Aspiro a un país como ese al que llegó mi padre donde era moda que las madres de las zonas populares les pusieran por nombre a sus hijos “Arnoldo”, por Arnoldo Gabaldon, el gran médico sanitarista y político, al que debemos el fin de la malaria, y no Yonder ni Yuraima para que parezcan jugadores de basket gringos o putas exóticas con culos y tetas operadas, que les den alguna oportunidad de salir adelante.

Aspiro a un país donde los diputados sepan que hay un joven de una zona popular, Alejandro Castro, que también ha dicho “Perrea, mami, perrea”, pero en un magnífico poema y no en un reguetón machista cuya letra oyen sin reparar en lo que dice, por lo visto.

Aspiro a campesinos que sepan la diferencia entre comunismo, capitalismo y democracia social, como el padre y el tío de Josefa, esos que salen en la foto de los mítines de El Silencio en los años 60 tomadas por Leo Matiz y Tito Caula.

Aspiro a medios que publiquen El Sádico Ilustrado cuando quieren conectar con lo popular, revista que convocaba las plumas de genios como Salvador Garmendia, Elisa Lerner o Pedro León Zapata, y no esa vergüenza que es El Nacional de hoy, y en especial El Nacional Web, que convierte a una importante artista venezolana como Amada Granado en una chica rumana que se bañó en la piscina del Conejo, todo para tener más visitas en su página. O por ignorancia pura, quién sabe.

Aspiro incluso a ese país un poco cursi, sencillo, que adoraba Píntame angelitos negros o Silva a la Agricultura Criolla y no está canallada cultural construida por Sábado Sensacional, Feria de la Alegría, la Guerra de los Sexos y las telenovelas de todo cuño (menos las brasileñas que comprendieron el valor formativo de la televisión), avanzada idiotizante de los cubanos batisteros y sin escrúpulos, que políticos irresponsables dejaron actuar sin controles de ningún tipo y sin contrapesos que dieran alternativas culturales más variadas y menos alienantes a los más desposeídos. Alternativas sencillas como canchas de bolas criollas, un campeonato de dominó o de pelotica de goma (como aquel que organizó Causa R en Catia), talleres de tumbadoras como los que hubo en Sarría y San Agustín y no recibieron ningún apoyo, festivales de teatro penintenciario dedicados a Antonin Artaud (como los que promovían alumnos de filosofía en las cárceles venezolanas), escuelas de bailes populares y hasta canchas deportivas, además de sistemas de orquestas y museos de primera. Porque lo popular no es chabacano y balurdo necesariamente.

Si ustedes piensan conformarse con Nacho, los felicito, si piensan ganar la batalla política y no la cultural, los felicito también, muy pragmáticos todos y seguramente eficaces, pero les recuerdo que Chávez no era mucho más que un caudillito montuno y resentido, pulido por esos infames programas de la televisión venezolana. Un aspirante a locutor famoso, a nuevo rico prepotente de la Gran Venezuela, que despreciaba en el fondo todo lo propio y cuyos únicos dioses fueron la fama, el poder y el dinero. De ahí la porquería que ha revelado esta “revolución”; no viene de la Unión Soviética, se los aseguro, donde la cultura al menos tuvo peso e importó mucho tiempo.

Allá ustedes entonces. He dicho. La próxima vez que sean los nachos o las lúcidas misses de la patria quienes hablen en el hemiciclo. Si para eso lo recuperamos, casi que mejor dejarlo como estaba. Tanto nadar para morir en la orilla.

Sandra Caula

Derechos de publicación cedidos por la autora a Infovzla.

One thought on “YO SÍ ASPIRO”

Comments are closed.