La tragedia de la escasez es que cuando no hay, no hay.

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Sin importar cuántos tweets y RT obtengas, ni la urgencia. Sin importar si lo compartieron tus amigos, tres tipos famosos y 30 grupos de WhatsApp. Quizás en algún golpe de suerte consigas algo, pero cuando no hay, sencillamente no hay.

La emergencia, los contactos y la solidaridad pueden traerte algo de afuera, ¿pero para 5 días, 10 días, un paciente, dos, tres? Nos vamos reduciendo a resolver emergencias personales y familiares. Nos hacemos más pequeños y desesperados. También algunos se hacen más mezquinos, sin culpa.

Hace más de un año recibimos medicamentos para el corazón porque le sobraron a un chico que los había comprado en Colombia pero no llegó a tiempo y su padre murió. Otra donación fue más grave: el señor había dejado de tomar su tratamiento y al volverlos a tener, en la primera dosis, por el choque, murió también. Imagínense a un hijo decir: “maté a mi papá justo por conseguirle la medicina”. Recibes las cajas, pero no sabes cómo agradecer. Otra medicina neurológica la conseguimos por fortuna en España en cajas de 100 pastillas (50 días) que podemos recibir con regularidad, ¿pero suficiente para regalarle a todos los que te piden? Ni de vaina. Fallaron a partir de 2013 y no las volvimos a ver desde 2014. Estuve en el laboratorio y no tienen ni siquiera planeado volver a producirlas. La deuda que mantiene el Gobierno con ellos no sólo los redujo, sino que les hizo quedar mal con proveedores internacionales así que costará reactivar esa línea de producción. Mientras tanto he atendido a dos personas que convulsionaron en la calle porque sin pastillas son bombas de tiempo entregadas al azar.

Por lo tanto este año seguiremos enterrando gente. Enterrando gente y faltando a trabajos y escuelas por cuidar enfermos, porque cae uno y cae la familia.

La emergencia es real. La Federación Farmacéutica Venezolana solicitó esta semana ayuda internacional para conseguir 150 medicamentos. Es una emergencia humanitaria. Ningún país del continente está en una situación similar en este momento, ni siquiera Haití.

La decisión la tomó alguien que cree que el problema no son los controles sino que no se aplican con rigurosidad. La tomó alguien que prefirió matar para seguir robando. Alguien que te dirá que esto aún no es verdadero socialismo y que es necesario arrasar para que el pueblo abrace la idea y se entregue.

Peor: Alguien que usará dólares en unas semanas no para pagar a proveedores de alimentos y medicinas, sino para cancelar bonos de la deuda que ellos mismos emitieron y compraron, porque deben seguir fugando capital, en nuestra cara, sobre las tumbas de quienes no quisieron patria socialista y les quedó la otra parte de la ecuación. La revolución cumplió más amenazas que promesas, y esta era sólo una de ellas. Después del 6D tiraron la toalla y no les importa en lo más mínimo recuperar el abastecimiento sino repartir una escasez peor entre más gente afectada. Gente en cola es gente urgida de resolver lo inmediato, es gente reducida y colapsada a una mera transacción. Gente controlada por una huella, vulnerable y dependiente.

No sé si es posible que el plan de resistencia sea: hagamos un trato y no nos vayamos a morir, porque es absurdo. Sin embargo sí podemos contar la historia para crear anticuerpos que eviten repetir esta novela de realismo trágico. Porque cuentos sí tenemos, pero vacunas, tratamientos, reactivos, quimios, sondas, pastillas y plasma, cuando no hay, no hay.

Luis Carlos Diaz Vazquez
Derechos de publicación cedidos por el autor a InfoVzla.

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