Optimista crónica

La madurez me alcanza en un país con una de las tasas de homicidios más altas del mundo, con miles de emigrantes jóvenes tratando de buscar una vida sin la amenaza de la violencia, ahora con escasez de alimentos, carestía, dificultades para encontrar medicamentos.

Creo que solo nos faltan las bombas para ser un real estado de guerra, pero tenemos la granadas. Esta semana dos jóvenes delincuentes que operaban en un secuestro murieron dentro del carro porque se les activo accidentalmente la granada que llevaban para el caso. Se preguntarán qué se puede hacer con una granada si ya se tiene una pistola? Así de absurda es la guerra. Días después en un operativo policial con el fin de liberar a un militar y en operación contra un barrio donde opera una de las bandas delictivas o varias de ellas de mayor poder, crecida bajo la vista gorda de este gobierno y ahora tan poderosa como ingobernable, una mujer de 20 años, una muchacha pues, embarazada, murió en respuesta de los efectivos a los que les lanzó una granada en defensa de odio contra la invasión, la muchacha era hampa, probablemente el policía de otros 20 años también.

La vida continua, ponen los renos del CCCT, la gente va en lycras ridículas bajo el sol al gym, las guacamayas pasan, los cines atiborrados, aunque pasen apenas una mísera variedad de películas.

Yo me encuentro en el punto que nunca temí pero ahora temo, muy joven para la entrega sosegada de la vejez pero ya sin los ímpetus juveniles de arriesgar la vida por una cuba libre. Conozco mi ciudad, la pateo, de día, rápido, zagas me muevo, de noche me agazapo.

Mis amanecidas son con azulejos que me visitan buscando cambures. Mis libros, lo que no pude regalar después de leer y ahora releo. No hice hallacas, no puse arbolito, amigos queridos me regalaron matas de Navidad y un alegre rojo que se esparce por mi pequeño apartamento me recuerda que es navidad, que no me da la tristeza para celebrar, que esto es una bomba de tiempo porque me alcanzó a mi. Celebren el 6 D con toda la magnificencia de ese logro, pero se viene los estertores de la guerra, donde peores cosas nos tocará ver.

Sueno como un profeta apocalíptico, pero soy una optimista crónica, por eso sigo aquí.

Monito Underwood

Derechos de publicación cedidos por la autora a InfoVzla.

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