Callados, conformes, arrastramos los pies por un litro de leche de Angela Molina

A José lo corroe el remordimiento. Y la vergüenza. Hace un par de años, y a sus cuarenta y tantos, el nacimiento de su primera hija eclipsó toda sombra de tristeza, o de conformismo. El futuro se abría a sus pies con un par de ojos azules infinitos. Cualquier batalla merecía lucharse. El mundo era una promesa de tres kilos y medio que apenas ronroneaba.
La buena nueva nos sorprendió a todos. En la madrugada del luto de su madre y la nuestra, la luz de Sara enceguecía el llanto. Y cambiamos el arrastrar los pasos. Amanecimos de rosa y alegría, un buen martes de mayo. Con sonrisas y abrazos celebramos la victoria. Hoy la incertidumbre nos gana la batalla. ¿Quedarnos, irnos? ¿A dónde? A pesar de mis letanías optimistas, la otra orilla es una a la que nunca hemos de arribar. Cambiamos la Ellis Island de los que se van, por la cuarentena de los que nos quedamos. Callados, conformes, arrastramos los pies por un litro de leche. Y una certidumbre.

Angela Molina

Derechos de publicación cedidos por la autora a Infovzla.

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