Héroes de la buena nota por Macu Miguel

Aquí se vende buena nota

El chamo del kiosco

Mike es el chamo del kiosco. Vive en el Barrio el Pedregal, un barrio sano, donde la gente se ha organizado y lo tienen como tacita de plata. Como en cualquier zona de Caracas, nunca falta el malandro, el borrachito de la esquina, la loca de ambulante y el perro callejero, pero aquí la mayoría es gente tenaz, de los que se fajan día a día con trabajo y 100% actitud.

Hay una bodega, guardería, licorería y la quincalla, donde en otros tiempos conseguías de todo. No puede faltar el perrocalentero y la señora de las empanadas, que los sábados, si pasas tipo temprano, puedes sentarte, en mesitas y todo, a comerte un mondongo o una contundente sopa de pollo.

Ellos son algunos de los vecinos de Mike, quien atiende el kiosco del barrio con su prima. Lo heredaron del abuelo que lo tenía hace todos los años del mundo, los mismos que tienen viviendo en el barrio, aunque él tenga solo 23. Oloroso y sonriente, Mike siempre está de punta en blanco para venderte: cigarros detallados, refrescos, galletas, chuquerías varias y a veces, unos yogures de muerte.

Hay tardes adictivas donde el exceso de trabajo necesita un respiro y uno sale a caminar un rato para toparse con el amarillo número 5 de Frito Lay, en cualquiera de sus variantes. Últimamente la escasez golpea también el rubro de la chatarra y ahí está Mike que, con una pícara sonrisita te dice: – eso “no se consigue mijita” – y sale orondo de la penosa situación, en donde todos estamos inmersos, pero él lo hace más vivible que otros.

Parece de 15 pero tiene 23. La tremendura se le ve en los ojos, la viveza se le asoma en la piel. Quisiera comerse el mundo, pero tiene que cuidar a sus sobrinas, tres, en escalera descendente… 10, 5 y 3… Unas muñecas que ayuda a mantener, pues su prima es madre soltera, con dos trabajos y una gran familia a cuestas. A veces, están jugando en el kiosco, o las consigues durmiendo la siesta en una colchonetica, pequeñita como ellas.

Él tiene algo en la mirada, algo que produce un pequeño vértigo que se contagia. Yo la llamo “la adrenalina veinteañera”, esa que no cansa, que te hace superhéroe. Siempre se despide de los panas con su grito de guerra: ¡“Pórtate mal y niégalo todo”!

Hay días que paso distraída y oigo ese eco de lejos, que me hace cosquillas en el alma, e inevitablemente me saca una sonrisa.

Son los chamos del hoy, el futuro, echados pa´ lante, jodedores, alegres y muy conscientes de la situación que vivimos en estos tiempos de furia. Hablan mal del gobierno con conocimiento de causa, porque antes les creyeron. Vivieron en carne propia de las falsas promesas gobierneras y ahora padecen, como todos nosotros, el periodo de las vacas flacas.

Chamos como Mike agradecen al que les tiende la mano y reconocen a quién los ayuda a surgir. Con trabajo, Mike estudia y se supera. Está sacando el bachillerato en un Parasistemas. No quiere estar en ese kiosco para siempre. Quiere viajar y conocer las discotecas del mundo. Para ir a las de Caracas, espera por tiempos más seguros.

Es mi héroe preferido, sobre todo por su grito de guerra. : ¡“Pórtate mal y niégalo todo”!

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