OPSU y el cerro de Graisa Molina

El profesor de Castellano I, O. Díaz Punceles, en el primer semestre de la ECS de la UCV, entró a nuestra segunda o tercera clase y antes de repartir las prácticas que habíamos hecho en la anterior, nos dio lo que para mi fue una lección irrefutable de vida y resumen de mi paso por la universidad. Palabras más palabras menos nos dijo: “Aquí se acabó el cerro. Se acabó la latica de agua en la espalda para llevarla al rancho. Se acabó el “yo soy pobre”, se acabó el liceo público donde se decía “haiga y jugábanos”. Ya llegaron a la universidad y aquí todos somos iguales, y todos estudiamos para ser periodistas, profesionales. El que no tuvo la suerte de ir a un buen colegio, póngase a trabajar, busque ayuda, arrímese al que lo puede ayudar, hable con nosotros que estamos para ayudarlos. La marginalidad llegó hasta aquí, porque cuando ustedes vayan a buscar trabajo en un periódico no van a poner de excusa que en su liceo no le enseñaron a construir una oración correcta o a acentuar palabras porque son pobres, ahora el responsable porque ustedes escriban bien o no, soy yo, y yo no educo periodistas mediocres”.

Todo ese discurso que podría ser tomado hoy día como clasista, ofensivo o despectivo, fue dicho con una sinceridad, calidez, amor y una fuerza tan grandes, que estoy segura de que, recordándolo o no, se quedó metido en la cabeza de muchos de nosotros a los 17 o 18 años.
En la UCV estudié en hogares en Prados del Este, El Valle, Sebucán, Las Acacias o El Paraíso. No veíamos quién era quién, no pedíamos pedigrí a los amigos, no entendíamos de Mercedes Benz con chófer y carrito por puesto. Simplemente estudiábamos y nos ayudábamos y ciertamente, vi como a mis amigos de clases más bajas que venían de liceos públicos se les hacía más difícil, porque aunque tuvieran el promedio para la carrera, su educación había sido muy deficiente; pero había notas, calificaciones que demostraban que se habían esforzado, que dentro de su universo socioeconómico, habían puesto de su parte para llegar allí.

El OPSU es un retroceso grave. No por la tesis “reduccionista” de que los niñitos de colegios privados pueden pagarse una universidad privada, si no porque le entrega a las universidades públicas del país una camada de bachilleres mediocres para ejercer carreras de alta demanda en capacidades y conocimiento.
Me atrevería a decir que el OPSU es el ejercicio más clasista que ha tenido la educación en Venezuela hasta hoy. Se acabó la educación de altura en el país y ya con eso nos terminaremos de ir por el barranco. Adiós país.

Graisa Molina
Derechos de publicación cedidos por la autora a Infovzla.

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