del país que dejé -y él a mí- atrás. Karina Sainz Borgo

“El país, decíamos,
lo poníamos en las mesas,
lo cargábamos a todas partes,
el país necesita,
el país espera,
el país tortura,
el país será,
al país lo ejecutan,
y estábamos allí por las tardes
a la espera de algún doliente
para decirle
no seas idiota
piensa en el país”

Poema de El invierno próximo, de Miyó Vestrini. Mi mantra cívico (fue el epígrafe de mi tesis y del primer libro que publiqué, cuando entonces yo publicaba libros, tenía un lugar que me quitaba el sueño y me hacía escribir a gritos). Es de las pocas pertenencias que quedan del país que dejé -y él a mí- atrás. Fue escrito por La poeta y periodista más grande que haya parido la frontera que separa el Zulia de Francia. La más hermosa y terrible suicida. La guerrillera que se apuntó al ejército de bares y redacciones. Ella lo vio venir antes que todos nosotros. Ella guardó su cuchilla para hacerse un pentagrama en las muñecas. Hoy pienso en ella, en su país soñado de guerrilleros pacificados adictos a los barbitúricos, pienso en ella, en ellos, en nosotros, con estas ganas de echarme a llorar. Siempre pensé que la palabra exilio era presuntuosa y no, es así, sencilla, puñetera: el golpe que recibe el sparring, porque le toca.

Karina Sainz Borgo

Derechos de publicación cedidos por la autora a InfoVzla.

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