Una de Bachacos

Por Yoyiana Ahumada Licea

@yoyiahu

Caracas, 15 de Enero de 2015

Acabo de vivir mi experiencia de abastecimiento. Una gigantesca lección de sociología, un desgarro ver y palpar en lo que nos convirtieron, así no participe de esa conducta, formo parte del país, en lo que nos convirtieron a los venezolanos. No acepto entrar a formar parte de la masa bestializada, no comulgo con la viveza criolla, de aprovecharme del otro, y menos convertir una bolsa de jabón en una pelea callejera, pero el arrinconamiento a la vida cotidiana, es de una vileza que escapa a cualquier calificativo – Por cierto me recuerdan que así fue en la URSS pero también en el Chile de Allende -. El juego que está haciendo el gobierno es perverso y de allí hay muchos factores ganadores.

Apenas recorrí tres supermercados, imposible entrar.

Escaso personal empaquetando, si acaso tres cajas abiertas para desesperación de la gente.

Estamos tomados, nuestra psique ha sido colonizada.

Llego por fin y en estado de profunda calma a un comercio donde, pese a las santamarías abajo, señal de saqueo, cautela – el otro ya es una amenaza – se puede entrar. Vengo a por verduras, y como todos “lo que encuentre de lo que no se consigue” sin expectativas. Miro la larga cola de gente que no ingresa, solo espera. Pregunto ¿Y esta cola para qué es? -Estamos esperando al camión. ¿Qué trae?, insisto ingenua. No importa, algo…De inmediato me siento en una obra de Becket, esperando a Godot…Godot llega en el camión, de jabón, de leche, de…no importa, hay que esperarlo. Dentro la gente se arremolina, las colas para pagar van acompañando a la que se hace afuera del local, sólo que los que estamos dentro no vemos, estamos santamaría de por medio, lejos de Godot.

Una chica se contonea y se acerca a uno de los empleados. ¡Mira negro tu que lo sabes to’…¡ ¿va a venir mercancía?! El empleado quiere su número, sabe que no puede perder la oportunidad. Mira a los otros buscando respuestas, una ayuda para llegarle a la morena. Otro le echa la partida hacia atrás “A nosotros no nos dicen, pero el camión va a venir. Bingo, la morena contoneadora, marca un número, se comunica con el “socio” y le dice “Aquí en…sí… no sabe pero y que si viene… Manda el mensaje a tu sabes quien…” Más adelante un chico, en un carrito pequeño, no sabe cómo lidiar contra el nerviosismo, la tensión, la crispación que va a reventar de un momento a otro. De pronto, un ruido y todos miramos hacia el lugar de donde proviene. La puerta del almacén, espacio que siempre estuvo vetado a otro personal que no fuera del supermercado, se abre. Sale un empleado con una carretilla y lanza, en medio del gentío, calculando que no haya daños colaterales, cajas de atún….Me sorprendo porque el que un día fue un lugar ordenado, limpio y agradable con sus carriles variopintos, luce un final de fiesta o de botín: paquetes de galletas engullidos a medias, para aprovechar la oportunidad de que nadie mira porque está pendiente de la puerta del almacén. Rastros de la economía empobrecida que van quedando en el camino, expulsados de la cesta familiar y de la imposibilidad de pagar a brinco rabioso 5000, 6000….y no sigo… Gente que prepara los codos como arma mortal para aferrarse al paquete de aceite, de papel toilette, de atún, de jugos. Me quiebro. Lloro para mis adentros, pero lloro! Por un momento creo que salté de la página de Beckett a Los Miserables de Víctor Hugo… Quiero decirles que no es así como vamos hacia adelante. Me detengo en la carnicería, solo a mirar. El carnicero dice “es que como hay un rumor que el lunes…” Me meto y le digo… ¿Paro? El país está postrado en una cola, envenenado de muerte y alguien llama a paro. Ya no lloro para adentro. Me siento avergonzada. Pero tengo que llegar al final y respiro hondo.

Por fin termino, recojo algunos de los restos del botín, intentando que al menos la hora que me tocará de cola sea un poco menos áspera, el caos visual lo dice todo. Mangostas, bachacos…Bachacos? Oigo la palabra, conozco la picada del animal y como se comporta cuando se decide a invadir un espacio. Un señor oscila con una pequeña botella de ron. No se atreve a pedir que le den un espacio. Yo tomo la delantera. Señor no estoy al tanto de saber si ese para usted es artículo de primera necesidad, o si es para una taima en medio de este horror, por mí si los que me siguen no les importa pase con su botella. El señor sonríe, y me da las gracias. Hasta eso hemos perdido, nadie es bueno con nadie, todo el mundo anda amargado y arrecho. Le pregunto…usted hablaba de bachacos…yo soy muy curiosa… ¿Qué son los bachacos? Insisto. Se abre la santamaría y en medio de una lluvia triste que es como una misma que enferma y asfixia, y solo enferma y mojapendejos entra un rayo de sol. – ¿Usted ve ese gentío allá afuera? Si, le digo, los de la cola del camión.

-Nooooo! esos están esperando a ver que llega, cuando ya saben que está por estacionarse el camión de la carga llaman a cinco, esos cinco se meten en la cola, cuando no llaman a otros dos cada uno, llega el camión, uno de ellos tiene los reales -caifá, les reparte a cada quien, compran todo lo que trae el camión y luego lo revenden al triple de lo que está marcado. Supóngase esta lata de atún, la compran cada una a cincuenta se llevan todo como los bachacos y lo revenden hasta a 300 bolos…Y le digo en voz alta, tipo mitin ciudadano. “Pero ese siempre fue el plan, pero parece que a la gente le gusta que la maltraten. Mire usted nosotros viendo como compramos, no hay pollo, no hay leche y el Presidente Maduro comiendo pato pekinés en la muralla china…Dándose la gran vida, con una comitiva de 82 personas, en una gira que más parece el ruleteo de un muchacho cuando agarra el carro por primera vez y anda en una de quemar gasolina, que la agenda seria de un mandatario que debe afrontar la crisis de los precios del petróleo; mientras que en su país la gente está desesperada, entrándose a piñas para medio llenar la nevera.”

El señor me dice “Y ahora y que va a construir no sé cuantas escuelas, Simoncitos de esos…A buena hora, además, que escuela ni que escuela. Nosotros lo que queremos es comida… ¿Acaso uno va a mandar a los muchachos pa’ la escuela sin comer?

….Me impresiona la conducta de pillaje, la indiferencia con mujeres embarazadas, o con minusválidos. Me impresiona, y duele ver como la gente humilde tiene que gastar una buena parte de su dinero en transporte, y hacer escalas para acceder a supermercados del este, en colinas y montes. Me impacta la escasez de ira en movimiento. Me deja helada la inmensa distancia que hay entre quienes se benefician de la gota que va quedando de lo que alguna vez fue el excedente petrolero. Me pregunto ¿Por qué los partidos políticos no están haciendo trabajo de calle, canalizando la indignación, el dolor, la impotencia?

Apenas trabajan dos cajas, muy poco personal para empaquetar. Amargura e impaciencia rodean como un zumbido el ambiente. La chica que me ayuda con las bolsas parece un silbido. Le pregunto si trabaja cargando bolsas, le digo que es muy fuerte y me dice “Ahora cuando sea mayor lo resentiré” Como un destino manifiesto, como una renuncia, como un “¿Qué más me queda?”
Me comenta que está preocupada por su madre mayor, que se siente enferma y con el pecho trancado. “Adentro no me dejan llamar”. Pienso, claro no vayan a pensar que es un mensaje para los bachacos.

Pregunto ¿Qué tiene? No se sabe…y le digo que lo lamento. “No es chikungunya, pero no quiere ir al médico” Es una apretazón del pecho. Y siento la que tenemos todos. Se llama angustia, incapacidad de manejar tanta incertidumbre, pero me callo. En nada le voy a hacer mejor su vida con mis reflexiones. Estoy desconcertada, no sé como prometernos a la chica silbido, a su madre y a mí, que vamos a estar mejor.Me impresiona leer que esto, este espanto llamado gobierno, o régimen, o castigo, está por terminarse, digo son algunos tuits, un par de llamados de unos militares que siempre aparecen, siempre en estos momentos, en unos videos

Me impresiona leer que esto, este espanto llamado gobierno, o régimen, o castigo, está por terminarse, digo son algunos tuits, un par de llamados de unos militares que siempre aparecen, siempre en estos momentos, en unos videos pret a porter, que asustan por el aventurerismo. Los veo de espaldas al perverso sistema que se ha implantado con el mercado negro, que se da a luz del día, frente a las autoridades, cuando veo a los bachacos babear y empezar a digitalizar la miseria, llamando a sus contactos para venir a lucrarse de la necesidad. La operación se pone en marcha, recuerdo el cinismo del comentario, hecho por uno de los funcionarios, cualquiera que sea, da lo mismo, el discurso es un tono monotonal, sin sorpresas- sobre los hijos de papá infiltrados en las colas, la semana pasada la patria fue Daka *. Cada compra que se realice, tiene que venir acompañada de por lo menos un artefacto para “Mi Casa Equipada”. Hay campamentos, la cola es el nuevo espacio público. Hasta asaltos convoca ya.

La simulación tiene que sostenerse, en un país quebrado con alto riesgo de entrar en default, se lee que tenemos la estatua más alta del mundo. Irónicamente es el monumento a La Virgen de la Paz.

Otro silogismo del socialismo del siglo XXI me estremece “Hay colas porque hay productos. Hay anaqueles vacios porque hay mucha gente comprando. La gente compra porque hay productos”

Estoy sin habla y temporalmente sin gentilicio.

*Tienda de electrodomésticos, cuya fama creció, por un operativo, del gobierno según el cual todas las tiendas (electrodomésticos, zapatos, Zara, Berska entre otras debía rebajar sus precios a niveles risibles llamados “precios justos”. Muchas de estas no repusieron inventario)

@yoyiahu

 

Fuente original: Ahumada Licea,Yoyiana. “Una de Bachacos”. 10 de enero 2015

Derechos cedidos a #infoVnzla por Yoyiana Ahumada Licea

 

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