“Adios al mérito”

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Por Diego Arroyo

InfoVnzla.com – Agosto 16, 2014

Es insólito, pero no increíble (¿qué es ya increíble en Venezuela, por más que asombre?). María Gabriela Chávez acaba de ser designada embajadora alterna de Venezuela ante la ONU. Es decir, se va a vivir a Nueva York, con todos los gastos pagos (se los paga usted, aunque plata no tenga; se los pago yo, aunque tampoco). Dichosos los tiempos en que el servicio exterior se regía todo lo posible por las normas de la meritocracia, o sea, de la cualificación, de la calificación profesional. ¡Adiós al estudio, adiós al esfuerzo, adiós a la excelencia! Hemos retrocedido a la época en que lo que definía la pertinencia del individuo para asumir cargos de envergadura gubernamental era la fulana “calidad de sangre”, con la diferencia de que ahora esa “calidad” no implica la tradición formativa que en muchos casos resultó favorable para el ejercicio de la función pública.

¿A quién no le ha tocado alguna vez ese fastidio infinito de tener que redactar su currículo y someterse luego a las larguísimas pruebas del departamento de Recursos Humanos? Es que para la Revolución no existe el “recurso humano” tal como se entiende y se valora hoy día. Lo esencial es que a su nombre vaya adosado algún apellido generoso: Flores, Rangel, Izarra, Chávez, y que por supuesto se pueda demostrar que usted no lleva cualquiera de esos apellidos por carambola, sino porque lo heredó de algún jerarca bien probado en el cumplimiento de la bajeza. Aun siendo hija de quien es, si se diera el caso de que la infanta María Gabriela tuviera credenciales que la acreditaran para ser embajadora de Venezuela ante la ONU, uno pudiera transigir con su nombramiento. Pero ¿cuál es su preparación, qué fuerzas lleva consigo que justifiquen que el Gobierno haya decidido responsabilizarla de un compromiso tan delicado como el de encargarse, eventualmente, de nuestra política internacional en un escenario tan complejo como el de Naciones Unidas?

En el absurdo en que vivimos, por supuesto, la pregunta sobra. En pocas ocasiones como en la actualidad Venezuela había causado de este modo la carcajada del planeta. Lo peor es que le pagamos a buena parte del mundo para que se siga riendo de nosotros, sin parar.

 

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