Ya lo viví

Por César Yegres

infovnzla – Publicado el 17 de junio de 2014

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Ver la foto de Lilian Tintori acostada en horas de la madrugada en los “bancos de granito” de los pasillos del Palacio de (in)Justicia en la esquina de Cruz Verde del Centro de Caracas junto con la madre y hermana de Leopoldo López, me hizo recordar un pasado no muy lejano con tres sencillas palabras, “ya lo viví”.

Fue durante el 2010 y 2011, en la llamada “crisis financiera” que llevó a la intervención de varios bancos. Mi esposa, Verónica Cubek, ex empleada bancaria con una impecable y reconocida trayectoria en el mundo financiero venezolano e internacional, fue detenida, acusada, obligada a admitir unos hechos que no cometió y sentenciada a más de siete años de prisión por los delitos de un grupo de banqueros, quienes huyeron del país dejando en manos de la Fiscalía a inocentes que fueron sometidos al escarnio público[1].

Largas horas pasé sentado en esos “asientos” dispuestos para los familiares de los detenidos, que esperan saber la suerte que correrán sus hijos, hermanos o esposos. Era una tortura, pero nunca comparada a la que vivía Verónica en los calabozos mientras esperaba por sus audiencias. En su caso, los bancos eran de concreto y a su alrededor, junto al excremento y la orina producto de mucho tiempo sin poder ir a un baño y de tampoco disponer de éstos en las celdas, la acompañaban todo tipo de personas señaladas por diversos crímenes y delitos. Desde la delincuente con más entradas a la cárcel, pasando por personas con trastornos mentales producto del uso de drogas o sabrá Dios qué otras razones, hasta la más humilde cuyo único error fue haber estado en el sitio y el momento equivocado.

A la mañana siguiente, luego de la decisión de la juez de control, pude ver una foto en las redes sociales del dirigente político con su esposa en uno de los recesos de la audiencia. Fue inevitable recordar la infinidad de veces que pasé con Vero en las mismas condiciones, bajo la mirada atenta del alguacil que procuraba evitar cualquier “exceso de contacto”. Eran horas difíciles donde, con el alma en vilo, me tocaba tener una sonrisa dispuesta y una palabra de aliento para alguien que ya casi había perdido ambos. Respiré profundo y pensé, ya lo viví.

Las redes sociales nuevamente sirvieron para recordar aún más ese pasado. Esta vez se trataba de un video de Leopoldo caminando por los pasillos del Palacio de Justicia, escoltado por la GN y esposado, cuando su único delito ha sido pensar diferente. En nuestro caso, también fueron varias y humillantes las veces que nos tocó ver a Verónica caminando por los pasillos del “palacio” donde debería reinar el imperio de la ley, esposada y vejada, cuando su único delito (o error) fue ser una simple empleada bancaria. Ambos, tanto López como mi esposa, fueron necesarios en momentos que el régimen necesitaba “dar el ejemplo” y qué mejor manera de hacerlo que con un preso. Fue inevitable hacer la comparación… Ya lo viví.

Al despertarme esta mañana muy temprano me tocó ver una foto del dirigente de Voluntad Popular tras las rejas. Era la misma imagen que durante más de año y medio me tocó ver tres veces a la semana durante las visitas a Vero en su sitio de reclusión. Era la mirada que, por más que intentara no darme vuelta, recibía de mi esposa cuando finalizaban las tres horas a su lado y sonaba el ruido característico al cerrarlas. Esa imagen y la de mi memoria me recordaban, ya lo viví.

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La asistencia a la convocatoria este domingo en apoyo a Leopoldo y los estudiantes universitarios fue bastante pobre, si lo comparamos con la masa que lo acompañó el día de su entrega. No sé qué habrán sentido los familiares al retirarse del evento esta tarde, pero imagino que debió haber sido una profunda tristeza y desesperanza, tal cual como aquella que sentí la noche del 18 de enero de 2010 al dejar sola a Verónica, esposada a una litera y que al cerrar estas líneas sólo me llevan a decir, ya lo viví.

 

Fuente Original: Yegres, César.”Ya lo viví”. infovnzla. 18/06/2014.

Foto: Tomada de @Caraboboreporta

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[1]Les recomendamos leer el artículo “Los peces gordos se fueron” publicado por el Universal el 24 de julio de 2011.