Delia Fiallo y Cristo

Relevante figura del gran género narrativo popular latinoamericano por excelencia, y por Cristo, dado el predominio de una visión caritativa y paternal sobre la pobreza

Por Gisela Kozak Rovero

TalCualDigital.com – Junio 03, 2014

El discurso político venezolano está marcado por Delia Fiallo, relevante figura del gran género narrativo popular latinoamericano por excelencia, y por Cristo, dado el predominio de una visión caritativa y paternal sobre la pobreza.

El enorme talento melodramático del difunto Hugo Chávez Frías era superior a cualquier galán de telenovela desde el añejo Alberto Limonta hasta los chamos de las estupendas producciones brasileras que hasta son gays. Lamento dejar de lado a Leonardo Padrón o Alberto Barrera, pero son muy siglo XXI.

En cambio Delia Fiallo es nuestra tradición en sentido de pasado que todavía nos alimenta con truculencia y cursilería. Ojo: como decía el gran escritor argentino Manuel Puig, la cursilería evidencia un deseo de ser mejores, pero, agrego yo, no hay que exagerar.

La truculencia es abundante del lado del gobierno: se mezclan la guerra contra el capitalismo y las gangas de televisores con grandes conspiraciones malévolas en las que Estados Unidos está detrás de protestas por falta de agua. La villana de la telenovela es María Corina Machado; acicatea, maltrata, humilla a la buena, la pobre revolución que de muchachita de servicio pasó a señora de gran fortuna.

El malvado Leopoldo López está en la cárcel, pagando sus crímenes horrorosos: seis pedradas y una candelita que prendieron cuatro loquitos. Henrique Capriles está libre, es el malo que se quiere disfrazar de Hugo Chávez con buena gerencia y vive hablando de dios, las vírgenes y los pobres, pobrecitos-pobrecitos, a los que él quiere ayudar. Participa en la secta satánica sionista y no come en restaurantes árabes.

Del lado nuestro abunda la cursilería pareja. Los que saben de eso (a veces una gente más sifrina que servir comida japonesa en una boda) dicen que es de lo más conveniente “para conectar con el pueblo”, suponiendo que el pueblo es una joven soñadora que ve telenovelas, pasa hambre y tiene niños que no puede mantener producto de su amor por algún canalla jerarca rojo.

Cómo se explota en entrevistas el drama familiar de Lilian Tintori y el de los alcaldes presos injustamente, que tal como ocurre en las telenovelas tenían unas esposas que por arte de magia se convirtieron en alcaldesas, en una vuelta de tuerca en la que los alcaldes parecen monarcas y lo sucede un familiar…con voto popular.

Como en las buenas telenovelas, el miedo al hambre y a la muerte plena el discurso de Henrique Capriles, quien rompe la tradición republicana anticlerical y de separación estricta entre iglesia y estado para emular a Hugo Chávez en sus sistemáticas alusiones a que dios (Cristo o las vírgenes) estaba de su lado.

La rezandería plena las filas opositoras, las políticas se presentan como esposas y madres, lo que los hombres no suelen hacer o hacen con menos frecuencia, como si temieran ser consideradas nomujeres porque participan en la vida pública.

El chavismo ha triunfado: el populismo telenovelesco ahora es de todos

 

Fuente Original: Kozak Rovero, Gisela. “Delia Fiallo y Cristo”. TalCualDigital.com. Junio 03, 2014. Editorial La Mosca Analfabeta, C.A.

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Foto: ASSOCIATED PRESS

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