Manifiesto País: 66 voces, letras, imágenes…

Por Lena Yau

Para infovnzla –
Publicado el 03/06/2014

Manifiesto-Lena-Yau

El 18 de mayo se inauguró en Caracas Manifiesto País: una exposición en la que las palabras de 66 escritores venezolanos se hicieron imágenes. Literatura y artes gráficas para abordar la respuesta a una pregunta: ¿Qué dice País?

A pedido de la Sala Mendoza, Lisbeth Salas, fotógrafa y editora venezolana residente en Barcelona ideó un proyecto ambicioso, hermoso, aglutinante, movilizador.

Tengo la fortuna de estar entre los autores participantes.

Recibí un correo electrónico en el que se me invitaba a escribir en no más de media cuartilla un texto a partir de la palabra país. Se rogaba discreción. No tenía más información que esa. Sabía que iban a participar más de 50 escritores pero desconocía sus nombres. Sabía que los textos iban a ser convertidos en imágenes, que se iba a usar tipografía que remite a distintos momentos históricos. La idea de participar en un proyecto colectivo que integra literatura y diseño me entusiasmó de inmediato. El hecho que el motivo del proyecto fuera Venezuela me llenó de emoción.

Después de 16 años fuera de mi tierra, después de 8 años sin volver, Manifiesto País era una forma de regreso. Trabajé llena de alegría y al entregar el texto tocó tamborilear los dedos sobre mi escritorio, tachar los días en el almanaque, buscar pistas que me adelantaran algún dato que satisficiese mi curiosidad casi infantil: ¿Cómo habrá quedado mi texto? ¿Cómo será el montaje? ¿Quiénes son el resto de autores invitados?

Una semana antes de la inauguración, Lisbeth y su equipo comenzaron a compartir en las redes detalles del proceso creativo del proyecto.

Fotos en las que se asomaban folios con los textos de los escritores, libros marcados con post it de colores, creyones, pinceles, rotuladores, collages en bosquejo, bocetos, listas llenas de tachaduras y notas al margen, una mesa de trabajo en la que comparten espacio tres palmeras, multitud de fotos tamaño carnet, ordenadores, tabletas, cartulina, recortes, plumas fuente, un flexo, gafas, un plato de almuerzo (¿o cena de madrugada?) breve y sano, frutos secos, zumo de fresas. Aperitivos que lejos de calmarme aumentaron mi hambre.

Expectante como estaba, tomada por la ansiedad de la fiesta próxima, intenté leer, completar las casillas de esa especie de damero que me daría una visión de los trabajos. Pero Lisbeth y su gente son expertos en sugerir sin decir, en mostrar sin revelar. Cada entrega reforzaba el hermetismo. Así que tocó seguir con paciencia las agujas del reloj. Finalmente aparecieron los nombres de los escritores en un cartel de promoción.

Invitación-Manifiesto-País

Tres generaciones dentro del espacio literario venezolano conformaban el grupo: maestros consagrados, adultos consolidados y en desarrollo y un prometedor conjunto de jóvenes emergentes.

Así lo reseñaron las notas de prensa. Yo añadiría a esa clasificación el conjunto de escritores venezolanos que por razones de índole diversa viven fuera de Venezuela. Destacar esto es importante porque la mayoría de los autores que estamos fuera de las fronteras del país asistimos al nacimiento y desarrollo de Manifiesto País desde la distancia. Nuestra herramienta para estar presentes y no perdernos ni un detalle de este proyecto fueron las redes. Facebook, twitter, instagram y google plus pasaron a ser el reflejo de las paredes de la Sala Mendoza repetido al infinito. La mirilla que nos dejaba ver.

El correo electrónico se convirtió en una sala en la que el aquí y el allá intercambiamos impresiones de la muestra. Alejandro Sebastiani, joven poeta, amigo querido, compañero de Manifiesto, me envió un email al día siguiente de la exposición:

¿Cómo se vive el Manifiesto desde Madrid?

Comparto aquí la respuesta.

Manifiesto-Oscar-Marcano

Se vive con la paradoja aumentada: estás más cerca que nunca, estás más lejos que nunca. El plasma que te acerca es al mismo tiempo lo que te separa: quieres tocar y no puedes, quieres escuchar y no puedes.

Pero sientes, sientes, sientes mucho.

Y saberse en esa pared junto a tantos amigos que son literatura es estremecedor.

Se vive como un privilegio.

Se vive como una acción balsámica.

Se vive  como pasos que no has podido dar en tantas marchas.

Se vive intenso.

Se vive como letra  en sístole y gentilicio diástole.

 

Aprovecho el intercambio de correos con otros compañeros para organizar los sentimientos.

Manifiesto nos remueve a todos.

Nos agita.

Nos jurunga las tripas.

Nos despeluca la voz.

Manifiesto-Israel-Centeno

Miramos al país en las paredes de la Sala Mendoza, leemos el País en palabras del otro, observamos versos, frases y aforismos junto a imágenes que los nutren, que los cuestionan, que los hacen saltar.

La voz del otro es un golpe de aliento.

Hay una suerte de intimidad expuesta.

Cuando estallas de risa y descubres esa explosión registrada en un espejo, frenas en seco con una mueca.

El rostro baja acompañando una reflexión.

Así se siente mirar cada Manifiesto.

Un stop en el acto reflejo.

 

El día de la inauguración recogí el trabajo de mis compañeros gracias a las fotos que los asistentes a la muestra compartieron en las redes.

Si el público hace lecturas de la exposición, los manifiestos dialogan entre sí.

Yolanda Pantin y Elisa Lerner hablan del país como la casa de infancia.

 

Manifiesto-Yolanda-Pantin

Una mano abierta sostiene el país declinado de Yolanda: su casa, su sitio, su cuarto.

Las palabras de Elisa flotan sobre las casas coloniales de Caracas para contar desde allí al país como la casa de la infancia roca contra toda desolación.

La casa de infancia es habla primera y el habla es eventualmente escritura.

 

El país de Leonardo Padrón está en el lenguaje y en los primeros años: Tengo evidencias felices en el idioma. Una bocacalle que da a la infancia.

Manifiesto-Leonardo-Padroìn

La voz nos identifica con nosotros mismos, es la persona en el aire. La escritura nos fija y nos salva.

 

Eso queda patente en los Manifiestos de Rayma Suprani y Federico Vegas.

Manifiesto-Rayma-Suprani

Rayma habla desde la protección que otorga una casa y un lenguaje. Contra la obscuridad, la escritura, las ideas, el papel: ideas que en Braille van encendiendo día a día mi esperanza.

En ocasiones la salvación puede ser nuestra condena.

Somos fragmentarios y como tales somos también nuestro mayor oponente.

Así la letra que nos libera puede también encerrarnos. Al final letra, persona y país se funden.

Vegas encuentra pistas leíbles en una cuerda lanzada al aire.

Desde ella ejercicios caligráficos y cifras incompresibles anuncian aislamiento, letras bien dispuestas a enloquecerme, a incomunicarme para siempre.

Nombrar al país como conjuro.

Jugar con el nombre Venezuela para hacer en ese lugar los deseos.

Así se mueven los manifiestos de Gina Saraceni y Rodrigo Blanco Calderón.
Gina habla de un país sonoro, de un país pronunciado, de la Z de Venezuela como la estela de un barco dentro de la lengua.

Blanco Calderón recurre a lo lúdico en un Manifiesto pleno de oralidad.

Seis bocas que van de Benedicto XVI a Benny Moré para cerrar con la boca del mismo autor quien solo necesita mudar una consonante para dejar patente su visión.

Carlos Sandoval retrata al país diario, cotidiano, tangible. La calle, la urbe. El hoy resultante de 15 años de trasiego. Escribe en un texto rotundo lo que podría ser un doloroso cuadro de costumbres: En la esquina siguiente tres indígenas comen de un plato. Pido un café en la barra. “No hay leche jefe”.

 

En contraposición, Tulio Hernández siente a un país extraviado y evoca al país memorabilia para no desfallecer: Repaso canciones y tonadas; pequeñas y grandes gestas civiles; las tallas de Juan Felix y la cinética de Soto.

Manifiesto-Tulio-Hernaìndez

 

También se aborda al país desde la ironía, dentro un sentido del humor marcadamente venezolano.

Willy Mckey le da la vuelta a un conocido slogan: Venezuela el mejor país del mundo. Invita a leer la letra pequeña, allí donde la trampa esconde verdades ineludibles.

Alejandro Sebastiani abre con el sonido de las armas de Giacomo Leopardi, narra a mano la vida y muerte dentro del caos ruidoso de la ciudad y en medio del pandemonio lanza una pregunta que él mismo contesta con una interjección. Tres letras, dos sílabas y un significado contundente, aplastante: ¿Un país? Ajá.

Edmundo Bracho se acerca al país desde el lado hiperbólico de nuestra idiosincrasia. Estruendo, exceso, una interrogante y una onomatopeya incisiva: ¿entiendes, hijo, la hummer que es el país? Humm.

El país es una denuncia en las palabras de Armando Rojas Guardia.

Los textos de José Rafael Pocaterra y de Henry Thoreau son trampolín para hablar de lo inadmisible: la oleada de detenciones arbitrarias que ha generado la masiva protesta, sobre todo estudiantil.

Manifiesto-Erik-Del-Bufalo

 

Venezuela es una moneda que se lanzó al aire.

Hubo un tiempo en que la cara cayó en la inmigración.

Otro en que la cruz fue la emigración.

Esas dos caras hacen acto de presencia en los Manifiestos.

La inmigración que hizo a un país se lee en el bellísimo Manifiesto de Victoria de Stefano. Por momentos sus palabras me hacen ver en ella la mezcla de una voz infantil, un cronista de indias y Levi Strauss.

Manifiesto-Victoria-De-Stefano

Un largo viaje en barco y el arribo a una tierra con nombres difíciles y frutas con sabor a perfume: Maiquetía, La Guayra, Cambur.

Y la promesa.

El bienestar queda en un porvenir: Mañana se te pasará todo.

 

La emigración queda plasmada en las palabras de Ricardo Ramírez Requena.

RAMIREZ-REQUENA-PRINT

El texto se abre como las varillas de un abanico para diseccionar una realidad de estos últimos tiempos. El país es éxodo: Los amigos que se fueron, que se van nos miran con piedad.

Frente a esto, las razones del que se queda.

Manifiesto-Enza-Garciěa-Arreaza

Para Enza García Arreaza la triada escritura, país y padre son permanencia: Escribo porque no puedo marcharme del lugar donde nació mi padre.

Emigración, éxodo, exilio, insilio, vacío. Parafraseando a Julio Ramón Ribeyro la tentación de ellos y el fracaso.

Del fracaso a la nada, la parálisis, la vacuidad.

El Manifiesto de Alejandro Castro es un salto a ese abismo sin fondo. Sin país, no hay suelo: exilio viene del latín y significa saltar, saltar hacia fuera, al vacío.

Ese país personal va del vacío a la llenura, de la nada a la repleción.
País es un estado de ánimo que se ahueca o se abomba.

Roberto Martínez Bachrich ya no encuentra esencias.

Del país no hay rastro.

La palabra parece demudada cuando no huera.

CORDERO-DIOMEDES-PRINT

Desde esa negación ¿cómo enfrentarse a la tierra?: Quizás lo atroz no se pueda expresar.

 

Sonia Chocrón afronta al territorio pensando en repleción. Dentro de la llenura una verdad. Todos significamos todo. Todos pertenecemos. Todos derivamos. Todos somos: Sueño a mi país como un diccionario de sinónimos.

SONIA-CHOCRON-PRINT

Martínez Bachrich y Chocrón quizás describen lo que hay, lo que hubo y lo que habrá: valores, insumos, seguridad, libertad, democracia, pensamiento plural.

Diego Arroyo cuenta un país a través de los idos y de la huella de un notable. Huella sobre una página de trabajo, rastro de vida y rastro de hábitos y costumbres. Mancha que viaja en aromas. Él y todos somos una gota de café. Ese café que hoy no se encuentra. Sobre ese folio las palabras: Mi país es la presencia de mis deudos, los personales y los de común afecto.

El Manifiesto de Diego, texto casi táctil, me conduce a los trabajos en los que mensaje e imagen se funden.

El país lágrima de Milagros Socorro, el aguacero gráfico lingüístico de Lola Mares.

MILAGROS-SOCORRO-PRINT

Un Manifiesto que es la promesa de una novela o de un conjunto de cuentos engarzados está en el índice de Natasha Tiniacos.

18 frases que rezan a la manera de capítulos acontecimientos, miradas, percepciones.

Cada frase es una semilla. Todo es contingencia: País que te expulsa y te inmanta.

En ocasiones el país parece vestirse de sino. Un destino que no hemos sabido dignificar, un camino que nos hemos empeñado en torcer. De allí los desastres, la culpa, el castigo, la expiación.

Ese país aparece en los trabajos de Héctor Torres y Juan Carlos Chirinos.

Torres sostiene que Todos somos responsables de ese destino común.

Chirinos explica: este trozo de país lo llevo encima como una penitencia.

Juan Carlos Chirinos es, junto a Corina Michelena, Gustavo Valle y Juan Carlos Méndez Guédez, entre otros, parte del grupo de escritores que expresan su parecer desde el horizonte.

Corina habla desde Moscú y superpone realidades y conceptos entre ambos países. Ella en medio. Árbitro, observadora, guía: En Moscú ser la entrenadora, escucharlos fracasar una y otra vez, es mi noble, dulce tarea.

Gustavo Valle deja un trazo claro y certero sobre la portada de un manual de matemáticas perfectamente reconocible. Una fórmula aritmética para calcular al país: País es igual a nación menos patria.

Manifiesto-Gustavo-Valle

Juan Carlos Méndez Guédez entiende que lo contrario a un país es el grito, el escándalo, el ruido. Se abre los ojos desde el bisbiseo, la voz queda nos adentra en la realidad de manera gentil, dándonos espacio para entender, reflexionar, integrarnos y actuar: Encontrar, inventar, redescubrir un país de susurros porque el susurro es proximidad. Es  despertar.

Dejo aquí mi lectura de los Manifiestos.

Me gustaría hablar de los 66 pero no los he visto. Estas líneas responden a los trabajos que vi el día de la inauguración. Al releerlos días después me sorprendió comprobar cómo crecían, cómo resplandecen en significados, cómo interconectan unos con otros, cómo dialogan. Es maravilloso porque, aunque se trata de una exposición colectiva, cada texto fue escrito de manera individual. Los autores no intercambiaron ideas entre ellos o con los diseñadores.

Creo que las paredes de la Sala Mendoza exhiben un gran libro hecho entre muchos. Eso incluye las lecturas del público asistente: las miradas siempre nutren. Y también suman las palabras que dejan los visitantes en volantes que se adhieren al edificio que aloja la muestra y en la pizarra llena de frases y dibujos.

Quizás todas las líneas que allí reposan se concentran en el Manifiesto de Rafael Cadenas: busca este país su verdadero rostro para curarse.

Manifiesto-Rafael-Cadenas

 

Por Lena Yau para #infovnzla

Foto: Manifiesto País©

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