Jacinto por Rayma

A propósito de los 100 años de Jacinto Convit [1913-2014]: Jacintos poderosos

por Rayma

Que te inviten a una fiesta de cumpleaños no es un acontecimiento extraño, pero que te inviten a celebrar a un niño que cumple 100 años es cosa del otro mundo, uno pasa a sentirse como la celebración de Alicia en el país de las maravillas , en una gran mesa con su conejo y su relojero loco.

¿Por donde empezar? Me pregunto: ¿Y qué puedo regalarle a alguien que ya ha vivido tanto? ¿Qué le puedo llevar a un niño que ya ha completado su cofre de tesoros? Que podemos compartir sin caer en lo banal ? ¿celebramos un acto de vida o un acto de muerte? Me pregunto si en realidad estamos en el juego de la máquina del tiempo, volver a la zona cero, al inicio, al encuentro, al umbral de donde vinimos.

¿Qué le puedo regalar a un cumpleañero centenario tan importante? ¿Algún recuerdo borrado, una melodía que le haga viajar a un momento de felicidad, una sonrisa cómplice, una pastilla para el dolor ajeno, una idea compartida, un apretón de manos, un abrazo, una añoranza por los que se han ido, unas lágrimas, una sonrisa pícara por ser aun jóvenes, unos globos con carita feliz o una tarjeta de pésame? Qué difícil es sobrevivir al tiempo, despedirse de casi todos los seres amados y quedarse solo, o más bien con uno mismo, que ya es bastante. Aun cuando estén las nuevas generaciones, el vocabulario del camino compartido no es el mismo. El niño que hoy cumple 100 años siempre fue un pequeño prodigio, interesado por la filosofía y la humanidad desde sus primeros teteros, consecuente, metódico y disciplinado desde pequeño, siempre fue un erudito de la ciencia y un observador atigrado con unos inmensos ojos azules. Si me tocara llevarle una piñata, sería con forma de cachicamo, ese aliado eterno en sus inventos. En alguna caricatura que conserva en su casa, el maestro Pedro León Zapata le escribió: “Cachicamo no trabaja pa lapa. Trabaja para el Dr.Convit”.

El tío Jacinto, como le llamamos, se casó son la tía Rufa y tuvieron cuatro varones, todos jodedores. Cosa nada fácil de manejar en una familia: era como tener un partido final de la copa de fútbol europea constante. La tía Rafaela era una santa, pilar fundamental de esta historia. Le tocó la responsabilidad que han tenido tantas mujeres en la historia: acompañar con su genialidad al genio, quererlo, amarlo, cuidarlo y entalcarlo, así como a sus cuatro hijos, per sécula seculorum. Siempre me pregunté: ¿qué hubiera sido de ellos si Dios les regalaba una hija? Pero como todo en la vida se compensa a futuro, el Diablo les dio muchas nietas bellas…

Todos amamos al tío Jacinto. Desde pequeña me encantaba verlo comer gelatina al final de sus estrictos almuerzos, verlo mirar lo que acontecía a distancia, verlo sonreír de picardía en la mesa. Largas conversas familiares, viajes , almuerzos a la italiana y el tío Jacinto siempre trabajando en el instituto de medicina, con los pacientes, entregado.

Siempre me pregunte qué sintió la primera vez que pisó un leprocomio. ¿Cómo se puede aceptar ese submundo y ordenar que desencadenaran a los seres humanos que allí habitaban para tratarlos de tú a tú? ¿Qué se puede sentir al cambiar el sentido bíblico de las cosas, al inventar una vacuna que acaba con una de las enfermedades más antiguas y crueles de la historia de la humanidad, como lo es el destierro de ti mismo y de tu familia llamada? Eso llamado Lepra. Este niño fue muy travieso jugó a cambiar al mundo, a vivir entregado a la ciencia, a su juego, a su propia religión, a sus principios de igualdad social y de sanidad para los pueblos mas necesitados.

El tío Jacinto era muy guapo. En las fotos parecía un galán de cine, pero nunca sucumbió a lo que lo enaltece: la ciencia como método para mejorar el mundo. Un médico que lee filosofía los domingos en su día de descanso, que a los 100 años hace proyectos a treinta años, un soñador optimista de la construcción de un mundo mejor, dedicado a un trabajo arduo, a hacer equipo, a creer en la ciencia como un aval para la vida. Definitivamente Jacinto es nuestra mejor herencia.

Por el momento me preparo para la celebración. Me pongo mi mejor sonrisa, voy camino a su casa y recuerdo que cuando chiquita me decías que me parecía a la cantante La Polaca, porque era un torbellino y te reías. Eso, aunque es verdad, ya te lo he perdonado.

Muchas velas serán parte de un gran soplo de vida o, en último caso, apelaremos a un extintor de fuego profesional o llamaremos a los bomberos. Mi regalo será un poema, porque cuando ya no hay más que decir y el otro lo inunda todo de belleza, de orgullo, de admiración en el tiempo, hay que apelar a las letras.

Te dedico estas palabras de una poeta finlandesa que me recuerda a ti. Te quiero mucho, Tío Jacinto Convit. Feliz Cumpleaños… digo, ¡Feliz Centenario!

JACINTOS PODEROSOS

Nada me hará creer en moscas nauseabundas
venganzas y deseos mezquinos.
yo creo en Jacintos poderosos
que rezuman los tiempos primigenios.
los lirios curan y son puros
como mi propia rudeza.
nada me hará creer en moscas nauseabundas
que producen peste y mal olor.
yo creo que grandes estrellas
abren camino a mi deseo
en algún lugar entre el sol y el sur
entre el norte y la noche.

EDITH SÖDERGRAN. (Finlandia 1892-1923)

PD. Gracias a la http://www.majadesnuda.com por la traducción de este poema

 

Fuente Original: Suprani, Rayma. ”A propósito de los 100 años de Jacinto Convit [1913-2014]: Jacintos poderosos; por Rayma”.  prodavinci.com. Mayo 12, 2014. Mayo 10,2014.

http://prodavinci.com//2014/05/12/actualidad/a-proposito-de-los-100-anos-de-jacinto-convit-1913-1914-jacintos-poderosos-por-rayma/

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