En Venezuela los manifestantes apuntan a sus cicatrices

Por  WILLIAM NEUMAN

The New York Times – 27 de Abril, 2014

VALENCIA, Venezuela – Durante una protesta, Clipso Martínez recibió un disparo por parte de un soldado, a tan corta distancia, que su cirujano explicó que tuvo que sacarle de la pierna piezas plásticas del cartucho de escopeta junto a fragmentos de llaves, que el Sr. Martínez llevaba en su bolsillo,  destrozadas por la estallido.

Jorchual Gregorio fue detenido junto a otras 10 personas quienes declararon que a lo largo de tres días, fueron pateados​​, apuntados con revolver, rociados con gas pimienta y golpeados con cascos y culatas de escopeta.

“Querían que la gente sintiera miedo y dejara las calles”, dijo Gregorio, 19. “Pero lo que ocurrió fueron más protestas y más muertes”.

Venezuela ha sido sacudida por más de dos meses de protestas, a menudo violentas, que según el presidente Nicolás Maduro, están diseñadas para derrocarlo. Ha declarado a la oposición como responsables de la violencia que ha cobrado más de 40 vidas, incluidos  manifestantes, observadores y seis soldados de la Guardia Nacional.

Hasta hace poco, la mayoría de países de la región habían apoyado, otros se habían pronunciado poco y otros tantos han persuadido al presidente Maduro hacia la moderación inmediata. Sin embargo, hay fuertes indicios en la región de que el apoyo al Sr. Maduro se está debilitando. Algunos de los países vecinos de Venezuela muestran malestar ante la respuesta del gobierno a la crisis, incluyendo el tratamiento agresivo a los manifestantes.

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Rosa Maria Orozco Seijas, 54, sostiene una foto de su hija, Geraldín Moreno, que dijo fue herida de bala fatalmente por la policía durante la represión a las protestas contra el gobierno en febrero.

Este mes (Abril), los ministros de la Unión de Naciones de América del Sur, un grupo en el que Venezuela jugó un papel decisivo en su creación, presionaron al Sr. Maduro para que sostenga una conversaciones cara a cara con los partidos de oposición. Con los diplomáticos de Brasil, Colombia y Ecuador presentes, el gobierno y la oposición acordaron la creación de una Comisión de la verdad para investigar las denuncias de abusos contra los derechos humanos durante las protestas, los cuales fueron alimentados por la frustración con el crimen rampante, la creciente inflación, la escasez de bienes básicos y una campaña contra la disidencia del gobierno.

Sumándose a la presión, este mes (Abril) el ex presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, hizo una inusual crítica pública al Sr. Maduro, diciendo que él debe “establecer una política de coalición” y “bajar la tensión.”

Los comentarios fueron particularmente notables ya que el Sr. da Silva, firme defensor de su antecesor Hugo Chávez, quien murió el año pasado, hizo un reconocimiento audiovisual para el Sr. Maduro cuando se postuló para la presidencia en abril de la año pasado. El Sr. Maduro ganó las elecciones por un estrecho margen.

Michael Shifter, presidente de Diálogo Interamericano, un grupo de políticas en Washington, dijo que la intervención de otros países de América del Sur fue impulsada por la escalada de violencia.

“La principal preocupación es que, sin moderación alguna, sin espacio para el diálogo, sería muy probable la existencia de un riesgo y una continua represión que estimularía más violencia”, dijo Shifter.

La creciente preocupación en la región coincide con la creciente evidencia de un patrón de conducta violenta por parte de las fuerzas de seguridad. El Sr. Maduro ha dicho que “un número muy pequeño de las fuerzas de seguridad personal” han sido “acusados ​​de cometer actos de violencia,” y que el gobierno los ha detenido. Sin embargo, las acusaciones de abusos continúan aumentando, sobre todo contra la Guardia Nacional, una rama de la milicia a la vanguardia de la respuesta gubernamental a las protestas.

Los soldados han sido acusados ​​de disparar escopetas cargadas con perdigones de plástico duro a quemarropa, hiriendo a numerosos manifestantes y matando a una mujer de 23 años de edad. Soldados y policías también han sido ampliamente acusados de golpear a los detenidos, a menudo con severidad. Son muchos los que dicen que  las fuerzas de seguridad luego les han robado teléfonos celulares, dinero y joyas.

El gobierno, quien se ha enfrentado a las violentas tácticas de los manifestantes, entre ellos bombas Molotov, dijo que está comprometido con la protección de los derechos humanos mientras  mantienen el orden. El mes pasado, el Sr. Maduro creó un Consejo de Estado de los Derechos Humanos para investigar acusaciones. Los críticos se quejaron que el Consejo incluye a los mismos funcionarios del gobierno responsables de las fuerzas de seguridad implicados en los abusos: el ministro de Defensa y el Ministro del Interior.

“Han habido excesos por parte de la policía, pero lo estamos investigando”, dijo la fiscal nacional, Luisa Ortega en una entrevista televisada el pasado mes. Defendió a la Guardia Nacional, diciendo que las acusaciones en su contra ascendió a “un ataque desproporcionado”.

Dijo,”Si bien es cierto que ha habido excesos por parte de algunos agentes de policía, no significa que el comandante de la Guardia Nacional reúne a su gente y les dice: ‘Tú vas a salir a violar los derechos humanos’ ”.

La Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos ha expresado su preocupación por las denuncias contra los fuerzas de seguridad en Venezuela por abusos, y este mes (Abril) la Conferencia venezolana de obispos católicos se opuso a “la brutal represión de la disidencia política.”

“El gobierno se equivoca al querer resolver la crisis a través de la fuerza”, dijeron los obispos.

Aquí en Valencia, la tercera ciudad más grande de Venezuela, Geraldin Moreno, una estudiante que se encontraba caceroleando, el 19 de febrero, en una protesta a escasos pasos de su vivienda, cuando soldados llegaron en motocicletas, según su padre, Saúl Moreno. Ella cayó tratando de correr hacia el complejo.

Testigos dijeron que un soldado se bajó de la motocicleta, apuntó con su escopeta a la cabeza y disparó. Los perdigones de plástico duro fueron directo a su cerebro a través de su cuenca ocular, dijo su padre. Ella murió después de una larga cirugía el 22 de febrero, ocho días previos a su cumpleaños número 24.  “El dolor nunca desaparecerá”, dijo Moreno. “Cada día su ausencia es mayor.”

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Oswaldo Torres dijo que fue torturado por la policía por participar en protestas, aunque negó haber estado involucrado en protesta alguna. 

El Sr. Gregorio, quien dijo ser detenido con otras 10 personas, había ido a una protesta aquí el 13 de febrero con su amigo Juan Carrasco, 21, y Jorge León, 25. Cuando vieron a soldados disparando gases lacrimógenos y escopetas corrió de vuelta al carro del Sr. León. Según ellos, los soldados rodearon el vehículo, rompieron las ventanas y lanzaron una granada de gas lacrimógeno al interior. El Sr. Gregorio dijo que un soldado disparó con una escopeta a quemarropa mientras se sentaba en el asiento del pasajero y lo golpeó en los brazos y la parte posterior de la cabeza.

Los hombres dijeron que fueron sacados del coche y golpeados brutalmente. En un momento dado, dijo Gregorio, un soldado le destrozó las manos con la culata de su escopeta, diciéndoles que era un castigo por arrojar piedras. Los hombres dijeron que los soldados le prendieron fuego al coche del señor León.

Luego fueron pasados a un camión con otros detenidos y les llevaron a un puesto de la Guardia Nacional. Uno de los detenidos, Oswaldo Torres, de 25 años, vendedor en una tienda de frenos, dijo que los soldados fingieron que ellos eran un balón de fútbol y los patearon una y otra vez. Los hombres explicaron que estaban esposados ​​juntos, fueron amenazados con un perro de ataque, les hicieron agachar en cuclillas por largos períodos de tiempo, les rociaron con gas pimienta y posteriormente les golpearon.

El Sr. Torres mencionó que fue golpeado con tanta fuerza en la cabeza con el casco de un soldado que escuchó cuando este se rompió. “Todo se volvió negro”, dijo.

El Foro Penal, un grupo legal, expresó que han documentado 70 casos de supuestos abusos hasta ahora. “Es continuo y sistemático”, apuntó Gonzalo Himiob, director del grupo. “La forma en que son maltratados es muy similar en todas las regiones del país.”

Las entrevistas con más de dos docenas de personas que dijeron que fueron maltratados por las fuerzas de seguridad mostraron patrones similares de abuso. En San Antonio de los Altos, en las afueras de Caracas, Luis Gutiérrez, 26 años, dijo que él y otros fueron arrinconados en un estacionamiento el 19 de febrero por soldados quienes les ordenaron acostarse y los patearon.

El Sr. Gutiérrez indicó que a uno de ellos le dieron una patada en la cara. Cirujanos tuvieron que utilizar tornillos y placas de metal para reparar su frente y nariz fracturadas.

“Ellos tienen derecho a detenernos porque estábamos bloqueando la carretera”, dijo el Sr. Gutiérrez. “Pero no hay ninguna justificación para hacernos este tipo de lesiones.”

La oficina del fiscal dijo que estaba investigando 145 denuncias de abusos y que 17 funcionarios de seguridad están en la cárcel. Los críticos cuestionaron la agresividad de las investigaciones. El número de personal de seguridad encarcelados no ha cambiado en más de un mes. Según el recuento del fiscal el mes pasado, sólo un miembro de la Guardia Nacional, la fuerza de seguridad que había sido ampliamente acusada de abusos, estaba en la cárcel.

El soldado que disparó fatalmente a la Srta. Moreno en la cara no había sido arrestado, dijo Rafael Ramírez, abogado de su padre. “Si bien es cierto que los fiscales han sido receptivos, hemos visto que la investigación no ha avanzado, dijo el Sr. Ramírez.

Al igual que muchos de los manifestantes, al Sr. Martínez, a quien le encontraron fragmentos de llaves incrustados en la pierna cuando le dispararon el 20 de marzo, se le imputaron cargos de alteración del orden público.

“Fue fácil para ellos imponerme un arresto domiciliario y decirme a la cara los cargos que se me atribuyen”, dijo. “Pero nunca dijeron: vamos a buscar al soldado que le disparó. ”

Keyla Brito, de 41 años, una ama de casa en Barquisimeto, comentó que cuando iba en camino a la carnicería con su hija de 17 años de edad el 12 de marzo. Fueron detenidas por los soldados de la Guardia Nacional, junto con otras seis mujeres, llevadas a un puesto militar y entregadas a las mujeres soldados. Las golpearon, las patearon y amenazaron con matarlas, según la Sra. Brito, su hija y otras dos mujeres. También dijeron que soldados amenazaron con violarlas. La Sra. Brito dijo que un soldado le cortó su larga cabellera, dejándolo desigual. Su hija y las otras mujeres fueron sometidas a cortes de cabello similares, señalaron.

Las mujeres dijeron que fueron puestas en libertad después de haber sido obligadas a firmar un documento declarando que no habían sido maltratadas.

Fuente: Neuman, William. “En Venezuela los manifestantes apuntan a sus cicatrices”. The New York Times. 27 de Abril, 2014. The New York Times Company. 28 de Abril, 2014.

http://www.nytimes.com/2014/04/28/world/americas/in-venezuela-protesters-point-to-their-scars.html?smid=tw-nytimesworld&_r=2

Foto principal: Meridith Kohut (Clipso Martínez, recuperándose de la cirugía en su pierna, dijo que recibió un disparo a quemaropa de un soldado durante una protesta).

Traducido por #infoVnzla

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