Reencuentros

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Hace algún tiempo, conversando con un escritor cubano, éste me comentaba el malestar que los venezolanos despertábamos en sus compatriotas que viven en la isla: “¿Sabes lo que es pedir una cita médica en tu propio país y tener que esperar meses para ser atendido porque los venezolanos tienen prioridad?” Recordé que hacía un par de años cuando me disponía a comerme un precario pan con queso en el tarantín de uno de esos cuentapropistas que han florecido en los últimos años en La Habana, un muchacho que pasaba por allí me preguntó por mi nacionalidad. Cuando se la dije, me ripostó a pleno gañote sin temor a micrófonos o a algún ávido cederista o seguroso “ustedes son comunistas y a mí no me gustan los comunistas, ustedes son los que mantienen este gobierno”.

Que los venezolanos nos hayamos convertido en los gringos del siglo XXI, con privilegios por encima de los nacionales en otros países y con suficientes recursos como para sostener cuestionables regímenes, me pareció no sólo la paradoja de una isla que hizo una revolución antimperialista hace más de cincuenta años, sino también la de una Venezuela que en nombre de la soberanía parece perfilarse en aquello que buscaba combatir. Esta contradicción se acentúa cuando los venezolanos, por ejemplo, debemos someternos a los controles de inteligencia cubana para obtener el pasaporte o la cédula de identidad. Desde luego, tampoco de este lado escasean los malos comentarios sobre nuestros pares insulares. Adjetivos como parásitos u oportunistas son algunos de los calificativos con que vamos revistiéndonos de una solapada xenofobia. La gran paradoja trágica de nuestros regímenes es la edificación de una “solidaridad” que resulta divisoria. Y es divisoria porque bajo esta particular solidaridad aquel joven habanero del tarantín y el venezolano esculcado en su propio país para obtener un documento, jamás llegan a encontrarse.

Sin embargo, aquella conversación con el escritor cubano sobre nuestros reclamos mutuos, prueba que es quizás desde nuestras comunes marginaciones y agravios, desde donde podemos plantearnos ciertos reencuentros. En cada uno de nuestros países, así como a través de  la diáspora causada por situaciones como la descrita, surgen espacios alternativos de solidaridad ajenos a aquellos discursos oficiales o imperantes que nos distancian. Es allí donde hay que mirar.

Fuente original: López, Magdalena. “Reencuentros” Fecha de publicación: 28 de abril de 2014

http://ociososenfuga.wordpress.com/2014/04/28/reencuentros/

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