La agonía de Venezuela: un presidente débil, generales fuertes, revueltas y cocaína

Por Marcel Ventura

The Daily Beast. Publicado el 14 de abril de 2014.

Un poco después de un año de la muerte del carismático y complejo presidente Hugo Chávez, su sucesor, Nicolás Maduro, está fracasando y los militares ganando.

En la oscuridad, antes del amanecer, una noche del pasado mes de febrero, el Coronel Martín Caballero conducía una camioneta Ford Explorer blanca por los campos de Venezuela, no muy lejos de la frontera con Colombia. Con él se encontraban su esposa, su hija y algo más de media tonelada de cocaína. Probablemente estaba seguro de que nadie lo cuestionaría por ser un oficial de alto rango de la Guardia Nacional del país, pero realmente es muy difícil ocultar esa cantidad de coca.

En un control de seguridad rutinario, otros miembros de la Guardia Nacional detuvieron al coronel. La historia sobre su arresto generó algunos titulares en la prensa nacional, que señalaban, quizá, que existen límites en lo que un militar puede hacer. Aunque de ser así, ésta fue la excepción de la regla. La captura del Coronel Caballero podría deberse a una cuestión de muy mala suerte. Podría deberse a que otro oficial quisiera vengarse de él, o existiera una confusión entre los soldados de qué órdenes acatar. En cualquier caso, nadie jamás ha dicho qué ocurrió con la cocaína.

De hecho, los militares venezolanos –omnipresentes, aunque en su mayoría sin rostro, ya que toman decisiones colectivas a puerta cerrada– se están convirtiendo en la fuerza más poderosa del país, a la vez que el gobierno civil de Nicolás Maduro continua perdiendo el control. Si el ejército es una institución corrupta o sencillamente tiene oficiales corruptos entre otros que no lo son, el ascenso de generales podría presentar un problema para los Estados Unidos en asuntos como el tráfico de cocaína hasta los mercados petroleros. De lo que no cabe duda es que dentro de Venezuela es esa militarización la que está ayudando a destruir los remanentes de la frágil democracia del país.

Venezuela atraviesa por una gravísima situación. Acabó el 2013 con una inflación del 56%, y este año comenzó con una importante devaluación de su moneda. En este país, uno de los mayores productores de petróleo del mundo, los alimentos subsidiados, de suma importancia para los sectores pobres, empiezan a desaparecer de los anaqueles y, por lo general, en las afueras de Caracas sólo están disponibles cuatro de diez de los artículos buscados. Las colas en los mercados son muy largas y la espera parece interminable. Desde febrero, han explotado varias revueltas esporádicas, que han dejado un saldo de 41 muertos hasta la fecha. Algunos líderes de oposición han sido encarcelados. Y el crimen casi se ha convertido en un estilo de vida. Venezuela es el segundo país con mayor índice de homicidios del mundo después de Honduras, según las últimas estadísticas de las Naciones Unidas.

Ha transcurrido un poco más de un año desde la muerte del presidente Hugo Chávez, tras una larga pelea contra el cáncer. Surgió de las filas del ejército, no lo olvidemos, pero su mandato de 14 años fue muy personal y dependió en gran parte de su carisma, en especial para el pueblo venezolano. Cuando Chávez se presentó a elecciones, sus márgenes de victoria fueron abrumadores. Pero cuando Maduro, su sucesor elegido, se presentó como candidato presidencial hace un año con la misma maquinaria de partido, ganó con un escaso 1,5 por ciento.

Cuando el fervor popular termina, empieza la fuerza y el presidente Maduro ha recurrido consistentemente a la coerción. En julio, para reforzar el apoyo de las fuerzas armadas, promovió a 200 generales: una cantidad sin precedentes. El periódico local, El Nacional, calculó que Maduro asignó a 368 miembros del ejército a cargos públicos durante sus primeros nueves meses como presidente. Los ministerios del agua y el transporte aéreo, de economía, asuntos alimenticios, industria, energía eléctrica, defensa (por supuesto), y los llamados ministerios de “relaciones interiores, justicia y paz”, están todos en manos de los militares. Once de 23 gobernadores visten en uniforme militar al igual que el presidente de la aerolínea nacional, Conviasa, un general de brigada.

La debilidad de  Maduro no se traduce en más fuerza para la oposición …La pérdida de popularidad de Maduro sólo significa el triunfo de la militarización.

La retórica marcial no se queda atrás. Chávez es recordado constantemente como el “comandante supremo” con variaciones como “vivo para siempre y el eterno comandante”. La abogada Cilia Flores, la primera dama, hoy en día es llamada “la primera combatiente”. Los orígenes democráticos de la revolución en Venezuela están forzados a coexistir con la idea de estar en una situación de guerra por la que hay que amenazar a enemigos internacionales (como los Estados Unidos) para justificar las medidas excepcionales que ha estado tomando el gobierno de Maduro, que sólo se han recrudecido, desde que comenzaron las manifestaciones serias.

Según todas las encuestas confiables, Maduro tiene una continuada pérdida de popularidad y muchos de sus discursos militantes, en los que califica a la oposición como fascistas y traidores, no ayudan. Pero la debilidad de Maduro no se traduce en más fuerza para la oposición. Los últimos siempre han tenido problemas para dirigirse al viejo populismo del chavismo, y además han sido lentos en adaptar sus tácticas al nuevo militarismo. Las barricadas están desapareciendo de las calles, pero no habrán significado nada si los políticos no muestran una mayor habilidad al confrontar a un gobierno cada vez menos democrático. Hasta ahora, la pérdida de popularidad de Maduro sólo significa el triunfo de la militarización.

Los cimientos han quedado bien colocados. Se remontan a 1992, cuando el teniente coronel Hugo Chávez fracasó en un intento de golpe de estado en nombre de la salvación del país. Unos años más tarde, él y sus aliados, inhabilitados oficialmente del servicio militar, emprendieron una campaña de izquierda populista, que los llevó al poder en 1999. Como presidente, Chávez asignó a más de 1.200 soldados a cargos públicos. Más adelante, en 2007, creó las Milicias Bolivarianas, donde más de 800.000 civiles recibieron algún entrenamiento militar y, en muchos casos, armamento. La retórica oficialista supone que cada venezolano es un soldado potencial en lo que llaman una “unión cívico-militar”, lema que suele repetirse en todas las concentraciones del gobierno.

En la práctica, es habitual la presencia de hombres uniformados en grandes y pequeños mercados en los que las personas pasan tres, a veces hasta seis, horas para conseguir productos subsidiados como la leche o la harina de maíz. Toda la red de distribución está supervisada por militares a través de organizaciones que deciden adónde o no se dirigen alimentos.

Venezuela se encuentra en primer lugar en Latinoamérica y de treceavo a nivel mundial como comprador de armas, pero eso no se traduce en seguridad. El número de muertes violentas en Venezuela es 450 por ciento más alta hoy que cuando Chávez llegó a la presidencia. La respuesta de Maduro ha sido implementar el Plan Patria Segura: llenar las calles con 21.000 soldados. Pero los resultados no han sido nada positivos. En el primer cuatrimestre de este año, el índice de asesinatos se encuentra igual de alto que el año pasado, cuando Venezuela tuvo una media de 79 personas asesinadas por cada 100.000 habitantes, según la ONG Observatorio Venezolano de Violencia, o 53,7 según las Naciones Unidas (México, con la violencia del narcotráfico, tiene un índice de 21,5; los Estados Unidos en el mismo esquema tiene un índice de 4,7).

Nada de este caos beneficia las relaciones entre Caracas y Washington, que ya eran complicadas con Chávez y han empeorado con Maduro. No sólo genera problemas su demagogia anti-yanqui o su camaradería con Cuba y Rusia, sino la participación de muchos oficiales del ejército venezolano en masivos contrabandos de drogas. Y, de nuevo, Chávez empeoró el problema. Dejó de cooperar con la DEA (Administración de Cumplimiento de Leyes sobre las Drogas de los Estados Unidos) en 2005, y aunque Venezuela anunciaba haber aumentado sus actividades anti-drogas después de ello, los acontecimientos durante el primer año de presidencia de Maduro sugieren lo mal que se encuentra el asunto.

El coronel con media tonelada de coca en su coche es sólo un ejemplo. En agosto, la tesorería de los Estados Unidos añadió a un antiguo capitán del ejército venezolano, Vassyly Kotosky Villaroel, a su lista de “cabecillas de la droga”. En septiembre del año pasado, tres oficiales de la Guardia Nacional fueron arrestados en el país por presuntamente haber participado en el envío de 1,3 toneladas de cocaína en un vuelo de Air France a París. Maduro, como es usual, alegó que debía tratarse de un montaje de los Estados Unidos.

Mientras Maduro tiene problemas, están apareciendo nuevas voces como los auténticos abanderados del chavismo. El ministro de asuntos interiores, el general Miguel Rodríguez Torres, tiene raíces revolucionarias que datan de 1992, cuando Chávez le asignó tomar la casa presidencial. Ese plan falló pero Rodríguez Torres se convirtió, en los ojos de Chávez, en un hombre de confianza. Ahora está a cargo del Plan Patria Segura y de la represión de las últimas manifestaciones. En el proceso, está conociendo los que es tener las riendas del poder.

Lo más probable es que Maduro se mantenga un poco más de tiempo en el poder. Este año no hay elecciones, así que por el momento el gobierno no necesita incrementar sus bases populares. Los militares pueden estar contentos de que Maduro sea quien aguante el chaparrón de todos los problemas del país mientras ellos siguen con sus negocios. Lo único que necesitan es tener cohesión entre los altos cargos –si se quiere una “unión cívico-militar”– para asegurarse de que cuando un coronel conduciendo una Ford Explorer blanca sea detenido por un control de seguridad, nadie lo detenga para mirar lo que tiene en el coche.

 

Fuete original: Ventura, Marcel. “Venezuela’s Agony: Weak President, Strong Generals, Riots and Cocaine.”

The Daily Beast. Publicado el 14 de abril de 2014.

http://www.thedailybeast.com/articles/2014/04/14/venezuela-s-agony-weak-president-strong-generals-riots-and-cocaine.html

Foto principal: Tomas Bravo/Reuters

Traducido por infoVnzla

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