La tragedia del New York Times

Por Luis Henrique Ball.

Panam Post. Publicado el 02 de Abril, 2014.

El Chavismo y el Asesinato de la Democracia en Venezuela en 15 Años.

 

Los gobiernos venezolanos elegidos desde 1958 fueron todos social-demócratas o social-cristianos. Los partidos de la derecha nunca llegaron ni remotamente cerca de ganar elecciones nacionales. La atención a la salud y la educación pública, incluyendo las universidades, han estado disponibles para todos de forma gratuita desde 1936. Cualquiera con conocimiento de Latinoamérica que haya visitado el país durante los años ochenta, habría notado que la salud pública no sólo estaba disponible para todos, sino que era tan buena como los mejores sectores de salud privada del resto del continente.

Sin embargo, los reporteros y editores del New York Times han reportado consistentemente sobre Venezuela como si sus pobres hubieran sido desatendidos hasta que un, siempre bien intencionado, Hugo Chávez llegó a la palestra en 1998.

Pero los reporteros y editores del New York Times son hombres honorables, al igual que todos, son hombres honorables.

El presidente Carlos Andrés Pérez —a quien Hugo Chávez junto a Nicolás Maduro, colaborador del New York Times, trataron de derrocar en un golpe de estado sangriento en 1992— fue adorado por el “mundo progresista” durante dos décadas. Sin embargo, Pérez ya había reestablecido las relaciones diplomáticas con Cuba en 1974 y nacionalizó las compañías extranjeras y domésticas de petróleo y minería. Al comienzo de su mandato, la inversión extranjera no se permitía en las áreas de telecomunicaciones, distribución de alimentos y la banca; entre muchos otros rubros. Se gastaron miles de millones para crear compañías de hierro y aluminio del estado, y la producción de petróleo se restringió porque la riqueza petrolera “corrompía los valores del ciudadano venezolano”. El ingreso petrolero era considerado “El Excremento del Diablo”.

Estas mismas políticas no solo continuaron, sino que se profundizaron con los gobiernos siguientes. Todos los presidentes antes de Hugo Chávez pertenecían a partidos miembros del Movimiento Socialista Internacional. De hecho, en los últimos 40 años, el alza de precios en bienes y servicios no estuvo sujeta a la aprobación previa del gobierno únicamente durante tres años (1991-94).

Sin embargo, durante 15 años los reporteros y editores del New York Times han dado la impresión de que Venezuela era una economía capitalista antes del maravilloso paraíso socialista de Hugo Chávez. Pero estos reporteros son hombres honorables. Todos son hombres honorables.

Human Rights Watch, la Comisión Inter-Americana de Derechos Humanos, el Departamento de Estado de Estados Unidos y el Parlamento Europeo se han pronunciado en relación a la pérdida total de la independencia judicial en Venezuela. Durante las últimas dos elecciones presidenciales, la Unión Europea se ha negado abiertamente a enviar observadores y ha dicho con claridad que el gobierno venezolano no ofrecía el ambiente adecuado para que los observadores hicieran su trabajo.

Sin embargo, el New York Times y sus editores siguen refiriéndose a la elección legítima de Maduro como el líder de Venezuela; y sabemos que ellos son hombres honorables.

Encontrar evidencia de la participación de Cuba en el gobierno venezolano es bastante sencillo. El periódico más conocido de España, El País, ha publicado una serie de artículos muy bien documentados sobre este preciso tema. Cualquier abogado venezolano puede presentar amplia evidencia de reglas, leyes y tratados actualmente vigentes que permiten a oficiales de la policía cubana y a otro personal de seguridad portar armas en Venezuela, y hasta poder realizar arrestos dentro del país. Copias de contratos entregados a compañías del gobierno cubano para la automatización del sistema venezolano de cedulación y de pasaportes; su registro comercial y de propiedad y de todas las notarías son fáciles de obtener por cualquiera que lo intente.

Sin embargo, el reportero del New York Times en Caracas alega que los líderes de la oposición “mostraron pocas pruebas contundentes para respaldar su presunción” de la participación cubana.

Cuando el último presidente verdaderamente democrático de Venezuela, Rafael Caldera —un hombre de la izquierda que gobernaba junto con una coalición de partidos socialistas— le entregó la banda presidencial a Hugo Chávez en Enero de 1999, Venezuela estaba en medio de su peor crisis económica desde hacía un siglo. El precio del petróleo, el factor clave de toda la economía, fue tan bajo que ese año llegó a 7 dólares por barril.

Para el 2005 el precio del petróleo se había recuperado, y alcanzó lo que para entonces fue su nivel más alto en la historia. Fue esta enorme cantidad de petrodólares caídos del cielo lo que le permitió a Chávez, y ahora a Maduro, atribuirse la reducción de los niveles de pobreza. Sus alabados programas sociales son cáscaras vacías. Son Pueblos Potemkin gigantes con los cuales han engañado a los Walter Duranty modernos, y a aquellos que se han dejado engañar. Si alguno de los predecesores de Hugo Chávez, cualquiera de ellos, hubiese disfrutado de la misma cantidad de recursos, Venezuela se hubiera disparado hacia la prosperidad. Chávez y Maduro han logrado exactamente lo contrario.

El periódico francés Le Monde es parte importante de la izquierda francesa. Algunos hasta lo consideran el diario oficial del Partido Socialista de Francia. Recientemente, sus editores publicaron un editorial que concluyó así: “Se debe tomar en cuenta el ‘Exotismo Latino’ para entender por qué ciertos intelectuales franceses ven algo de encanto en el Chavismo. Principalmente porque este movimiento, ya sea bajo Maduro o bajo Chávez, restringe las libertades civiles, amordaza parte de la prensa y maltrata a toda la oposición. En realidad, el Chavismo se ha vuelto una pesadilla”.

Al dar igual importancia a las opiniones de Nicolás Maduro que a las del líder opositor encarcelado, Leopoldo López, cuyo artículo publicó la semana pasada, el New York Times ha causado un gran daño a la democracia y la prosperidad en Latinoamérica. Uno se pregunta quién será el siguiente en el Times con una página op-ed (opuesta al editorial). ¿Quizás Bashar Al-Assad?

 

Fuente Original: Ball, Luis Henrique. “The Tragedy of the New York Times.”

Panam Post. Publicado el 02 de Abril, 2014.

http://panampost.com/luis-henrique-ball/2014/04/02/the-tragedy-of-the-new-york-times/

 

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One thought on “La tragedia del New York Times”

  1. A LA IZQUIERDA INTERNACIONAL.

    Porque si pregonan que defienden los derechos de los más desposeídos, de los más humildes. Porque si pretenden luchar contra la pobreza, la injusticia y la miseria humana. Porque si se supone intentan liderar un mundo justo, la superación del hombre, el hombre nuevo de un mundo mejor.

    Porque entonces no se pronuncian y deslindan de regímenes que aunque demagógicamente dicen defender esa causa, en realidad no quieren el progreso de sus pueblos y que con ese vil pretexto sólo pretenden permanecer indefinidamente en el poder bajo un férreo totalitarismo no admitiendo ninguna opinión diferente. Porque si ven que no hay un progreso verdadero, que esos pueblos no avanzan, no hay resultados. Porque no denuncian. Porque no protestan y alzan su voz separándose de ellos, desenmascarando la hipocresía.

    No se dan cuenta que su silencio les hace daño, les hace cómplices…

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