La lógica moralmente retorcida de Venezuela

Por Andrés Velasco.*

BDlive, de Business Day — Marzo 5, 2014

Cuando la violencia estalló en Ucrania y comenzaron a morir manifestantes a manos de los agentes del gobierno, la Unión Europea amenazó con establecer sanciones contra los funcionarios ucranianos responsables por la “violencia y fuerza excesiva”. El Presidente Viktor Yanukovych huyó de Kiev, dejando atrás su zoológico privado con cerdos y chivos exóticos —y también a los Ministros de Asuntos Exteriores de Alemania, Francia y Polonia quienes se encontraban en la ciudad para negociar un acuerdo que pusiera fin a la violencia.

Pero cuando la violencia estalló —casi simultáneamente— en Venezuela y manifestantes comenzaban a morir a manos de agentes del gobierno, la Organización de Estados Americanos (OEA) levantó su voz para anunciar que… no levantaría su voz. Dependía de Venezuela resolver la situación, dijo la OEA. No hay ministros de ningún país latinoamericano en Caracas —definitivamente no para denunciar la represión y exigir el fin de la violencia. Mientras tanto el total de víctimas sigue creciendo.

El contraste resalta lo que ya todos saben: las instituciones regionales de América Latina son débiles —aún más débiles que las europeas. Pero también revela algo más: una lógica moralmente retorcida que condena a gobiernos y líderes a permanecer callados ante la agresión, la represión y hasta la muerte; porque expresarse al respecto sería calificado de “intervención” en los asuntos internos de otro país.

No siempre fue así. No hace mucho, en América Latina se consideraba la vida y la libertad como derechos universales que debían ser defendidos más allá de las fronteras nacionales.

Mi padre era chileno, abogado y activista por los derechos humanos. El general Augusto Pinochet lo expulsó del país junto a su familia y yo pasé mi adolescencia y mis primeros años de adulto en el exilio, compartiendo esperanzas y temores con expatriados de Chile, Argentina, Brasil y Uruguay. Ninguno de nosotros —y nadie de la izquierda latinoamericana— habría dudado por un momento que defender los derechos humanos era responsabilidad de todos y que la comunidad internacional debía presionar con fuerza a los gobiernos que torturasen y matasen a su propia gente.

En el Chile de Pinochet o la Argentina del general Jorge Rafael Videla, todo el que protestaba contra la violencia respaldada por el gobierno era acusado de ser parte de una conspiración comunista internacional. Hoy, cualquiera que de queje de la violencia en Venezuela es — según el presidente Nicolás Maduro— un fascista y un lacayo del imperio de los Estados Unidos. Todo ha cambiado,  sin embargo todo sigue igual.

Sí, la situación en Venezuela debe ser resuelta por los venezolanos. El problema es que algunos venezolanos no pueden marchar pacíficamente por las calles sin que les disparen. Algunos venezolanos no pueden hablarle libremente a sus compatriotas porque todos y cada uno de los canales de televisión que podrían transmitir sus palabras han sido amordazados o sacados del aire.

Y algunos venezolanos no pueden estar seguros de que sus derechos serán respetados. Los mandatos oficiales del fiscal general, miembros de la comisión nacional electoral y de los jueces de la corte suprema han expirado, pero no se han nombrado sucesores porque el presidente Maduro no está dispuesto a negociar con la oposición pero la mayoría de dos tercios en la Asamblea Nacional que necesita para escoger funcionarios a su gusto.

Los venezolanos nada quisieran más que decidir su propio destino, pero actualmente no tienen acceso a los medios democráticos para hacerlo. De hecho, uno de los líderes claves de la oposición, Leopoldo López, ha sido arrestado bajo cargos absurdos de “incitar el crimen”.

Hubiese sido ridículo decirle a los manifestantes ucranianos quienes se enfrentaban a los soldados del gobierno que sonrieran y siguieran adelante sin solidaridad ni apoyo externo. Es igual de ridículo decirle lo mismo a los manifestantes venezolanos. Bajo estas circunstancias, el principio de autodeterminación tan venerado por los Ministros de Asuntos Exteriores del mundo entero, se convierte en un eslogan vacío.

Quizás la reacción internacional más triste vino de la federación de estudiantes de la Universidad de Chile. Con un lenguaje que evoca el estalinismo de los años 50, la federación —que ha encabezado protestas estudiantiles por una mejor educación en Chile— condenó a sus pares venezolanos por “defender el viejo orden” y “desviarse del camino escogido por el pueblo”.

El problema con este argumento (si se puedo calificarlo como tal) es que “el pueblo” no habla con una sola voz y sus pronunciamientos no están perfectamente definidos. Para descubrir lo que la gente realmente quiere, las democracias tienen procesos, garantías constitucionales y derechos individuales; pero cuando son pisoteados, como en Venezuela, la gente no puede hablar libremente ni escoger su propio camino.

Es igualmente absurdo argumentar que las acciones de Maduro son legítimas por el haber llegado al poder a través de una elección. Un líder elegido democráticamente sólo mantiene su legitimidad mientras mantenga un comportamiento democrático.

Como recordó recientemente el profesor Hector Schamis, de la Universidad de Georgetown (Washington, D.C.), António de Oliveira Salazar en Portugal, Alfredo Stroessner en Paraguay y Suharto en Indonesia llegaron al poder mediante elecciones; sin embargo, ningún libro de historia los califica como democráticos. Yanukovich también ganó una elección, pero será recordado principalmente por el derramamiento de sangre, la actual quiebra de la economía ucraniana y, por supuesto, su zoológico privado y sus Ferraris.

Los venezolanos, igual que los ucranianos, deberían saber que no están solos. Su lucha por los derechos democráticos es la lucha de todos. La gente de América Latina lo sabe, aún si sus líderes no estén siempre dispuestos a decirlo en voz alta.

* Velasco, ex Ministro de Finanzas de Chile, es profesor invitado en la Universidad de Columbia.

 

Fuente original:Morally crooked logic in Venezuela. BDlive, de Business Day. Marzo 5, 2014.

http://www.bdlive.co.za/opinion/2014/03/05/morally-crooked-logic-in-venezuela

Foto: REUTERS

Traducido por #infoVnzla

@infoVnzl

One thought on “La lógica moralmente retorcida de Venezuela”

  1. Interesante artículo. Así están las cosas en Venezuela.

    A la opinión pública internacional, cómoda e indiferente, le resulta más práctico pensar que en Venezuela
    si hay de verdad una democracia, que el pueblo se ha manifestado reiteradamente en distintos procesos electorales y que todo este movimiento de protestas es vilmente organizado por “El Imperio” aliado a una extrema derecha burguesa que pretenden derrotar a un legítimo gobierno elegido por el pueblo.

    Más, sin embargo, se olvidan o se pretende ignorar que, en países como Cuba y Corea del Norte, también hay elecciones. La cuestión está que tanto las autoridades del Consejo Nacional Electoral (órgano rector de los procesos electorales), como las autoridades de los demás poderes públicos; Ejecutivo, Legislativo y Judicial, son miembros del partido oficial de gobierno, PSUV, y colaboradores directos de todas las medidas tomadas por Nicolas Maduro y gabinete, violando descaradamente la Constitución Nacional. En este sentido, se presentaron suficientes pruebas de irregularidades que suponen fraudes electorales, al menos en las 2 últimas campañas presidenciales, las cuales fueron cinicamente desechadas por las autoridades competentes sin darle la menor importancia.

    Aunado a esto, el descontento popular de gran parte de la sociedad civil explotó, cuando los estudiantes fueron brutalmente reprimidos por manifestar su descontento ante tantas señales claras de fracaso de las medidas políticas y económicas que a la fuerza quieren imponer en contra de su futuro. Actualmente el país lucha por no dejarse someter a un sistema que pretende consolidar una dictadura militar que quiere perpetuarse indefinidamente en el poder, reprimiendo las libertades y controlando a su voluntad el destino de una población que solo quiere vivir en democracia.

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