Crepúsculo del populismo latinoamericano

Por Paulo A. Paranagua

LE MONDE. Publicado el 20 de marzo de 2014 a las 18:10

América Latina conoce el fin de un ciclo: el renacimiento del populismo. La historia contemporánea de la región estuvo marcada por el primer ciclo populista en tres países principales: Brasil, con la dictadura de Getulio Vargas (1930-1945), México, con el presidente del general Lázaro Cárdenas (1934-1940), y Argentina con el régimen del general Juan Domingo Perón (1946-1955), sin olvidar las experiencias de otras naciones.

El resurgimiento del nacionalismo populista está vinculado al lugarteniente coronel Hugo Chávez, en el poder en Venezuela entre 1999 y 2013, y a su “Socialismo del Siglo XXI”. Sin embargo, el populismo es una tentación frecuente en las fuerzas políticas latinoamericanas, que no son necesariamente de izquierda. Así, el antiguo presidente colombiano Álvaro Uribe (2002-2010), figura de la derecha dura, no era diferente de su homólogo venezolano en su manera de gobernar y establecer una relación directa con la opinión pública a través de los medios, sin pasar por las mediaciones políticas tradicionales.

Bajo la influencia de Chávez, la pulsión populista se manifestó en Ecuador, otro país petrolero, con la presidencia de Rafael Correa desde 2007, y en un país gasífero, Bolivia, con la presidencia de Evo Morales desde 2006. Pero esta pulsión populista también la encontramos, a pesar de los grandes equilibrios restablecidos y respetados desde hace veinte años, en el seno de la centroizquierda, en Brasil. Así, la denuncia por corrupción política de quien fue la mano derecha del presidente Luiz Inacio Lula da Silva, José Dirceu, así como otras personalidades, mostró un Partido de los trabajadores (PT, el partido oficialista) dividido en relación al manejo del escándalo, aun cuando Dilma Rousseff intenta mantener el rumbo en vista de su reelección en 2014. La desaparición de Hugo Chávez, en marzo de 2013, marca un momento crucial. Un año después, la crisis en Venezuela es, a la vez, una crisis económica, social e institucional. Verdadero animal político, Hugo Chávez tenía la capacidad de transformar las derrotas en victorias, de caer de pie. En cambio, su sucesor, Nicolás Maduro, consigue estropear cualquier éxito. Elegido por poco en abril de 2013, Maduro perdió la oportunidad de estabilizar la situación a través de un reajuste al centro de la izquierda y un diálogo con la oposición. El 8 de diciembre (2013), las elecciones municipales confirmaban la merma electoral chavista, pasando de 59% de los votos de las elecciones locales y regionales de 2008, al 49% luego del fallecimiento del jefe carismático de la “revolución bolivariana”. Por segunda vez Maduro deja pasar la ocasión de tender la mano a los nuevos elegidos y prefiere la injuria, como su rival, el capitán Diosdado Cabello, el número dos del régimen y presidente de la Asamblea Nacional. Resultado: dos meses más tarde, se dispara el número de descontentos, y no está cerca de detenerse.

El resquebrajamiento del peronismo

La crisis del populismo es palpable en otros países. En Ecuador, el presidente Correa, partidario de la democracia plebiscitaria, acaba de sufrir su primera derrota electoral el 23 de febrero, cuando sus candidatos perdieron el control de las grandes ciudades, como los chavistas en Venezuela.

En Argentina, el peronismo, auténtica madre del chavismo, advierte un resquebrajamiento inédito después de la elección de Néstor Kirchner, en el 2003. Las elecciones legislativas de octubre de 2013 pusieron fin a la posibilidad de una segunda reelección de su viuda Cristina Kirchner.

El próximo presidente argentino será tal vez peronista, pero no un descendiente de las filas de los Kirchner, grandes servidores de Chávez. El crepúsculo del populismo deriva de un estancamiento de su modelo económico. La inflación del 56% de Venezuela y del 30% en Argentina son los síntomas de un desbarajuste más general. La economía colombiana dejó atrás a Argentina, la venezolana es la luz roja de la región.

El agotamiento del modelo populista es confirmado por la política puesta en marcha por el Partido revolucionario institucional (PRI), en México. Durante el primer año de su mandato, el presidente Enrique Peña Nieto, quien llegó al poder en diciembre de 2012, eligió la vía de las reformas que durante mucho tiempo estuvieron bloqueadas por el mismo PRI en el congreso. La educación, la fiscalidad, las telecomunicaciones, la legislación electoral y sobre todo la energía, son muchas obras abordadas a pesar de las reticencias de una parte de la izquierda, para la que el petróleo enaltece la identidad nacional más que la economía.

El viraje tomado por América Latina no beneficia necesariamente a los conservadores. Cierto, en Honduras, la candidata populista a las presidenciales de 2013, fue derrotada por la derecha. Sin embargo, en Chile, la alternancia sirvió a la centroizquierda, que vuelve a los negocios después del paréntesis Piñera. La socialista Michelle Bachelet integró a los comunistas en su Nueva Mayoría, pero deberá satisfacer las peticiones abandonadas durante su primera presidencia (2006-2010), como la educación o el medioambiente. El ocaso del populismo podrá barajar de nuevo las cartas de la integración regional, mal puestas por la ideología y las fuerzas centrífugas. Frente al bloque de los países vueltos hacia el Pacífico, Brasil deberá relanzar sus vínculos con Europa a propósito de las negociaciones entre la Unión Europea y el Mercosur –la unión aduanera sudamericana-, liberadas de las resistencias de Argentina y de Venezuela

Fuente original: Paraguana, Paulo.  “Le crépuscule du populisme latino-américain” LeMonde.  20 marzo de 2014

http://www.lemonde.fr/ameriques/article/2014/03/20/le-crepuscule-du-populisme-latino-americain_4386956_3222.html

Foto principal: AFP

#infoVnzla /  @infoVnzl

One thought on “Crepúsculo del populismo latinoamericano”

  1. Hugo Rafael Chávez Frías, el más grande irresponsable de los últimos tiempos. Ególatra y déspota. Destapó una olla de presión sin tener la más mínima intención de solucionar de raíz el grave problema de la miseria existente desde tiempos inmemorables, como consecuencia de malos y peores gobiernos anteriores. Promotor de que el pueblo debe continuar pobre bajo una esperanza para hacerlo totalmente dependiente de su gobierno. Promotor de la destrucción del aparato productivo privado del país, para que toda una nación dependiera de sus misiones sociales y así poder controlarla a su antojo. Acabó con la separación e independencia de los poderes públicos, Ejecutivo, Legislativo, Judicial y Electoral, para convertirlos en brazos ejecutores de su política y permanecer indefinidamente en el poder con total respaldo de las fuerzas armadas, razón principal de su confianza en la realización de cantidad de procesos electorales que legitimaron su mandato ante la opinión pública internacional. Dividió a un país de hermanos ahondando la brecha social entre ricos y pobres con odio y resentimientos nunca antes vistos. Abusó de los medios sociales de comunicación, en especial de la TV, como forma populista de gobernar ineficientemente. Continuador de los planes de expansión de la política de Fidel Castro Ruz, de promover una alianza continental de dictaduras militares bajo fachadas de democracias, repitiendo las mismas técnicas usadas en Venezuela. Izo la bandera de la izquierda y tomó la causa de los más desposeídos con la única intención de perpetuarse en el poder. Su más audaz conquista el haber engañado y logrado su aceptación por parte de la izquierda internacional a pesar de su origen militar y sus inclinaciones dictatoriales.

Comments are closed.