Violencia en Venezuela: La contadora de cadáveres de Bello Monte

Por David Böcking, desde Caracas

Spiegel Online – Publicado el 16 de marzo de 2014

El índice delictivo en Venezuela es el más alto del mundo, y el temor a una guerra civil se acrecienta en cada encuentro mortal entre policías y manifestantes. La violencia en el país está fuera de control. Esto se evidencia a diario en la morgue de Caracas.

El día de trabajo de Sandra Guerrero empieza en un lugar verdaderamente idílico. Bello Monte, literalmente hermosa montaña, es una de las urbanizaciones más agradables de Caracas. Por la mañana se escucha el canto de los pájaros, en vez de los habituales alambres de púas, muros de piedra natural limitan los terrenos. La entrada bajo una extensa azotea plana es discreta, podría pertenecer a la ambulancia de un hospital. Si no existiera el lacerante olor a descomposición, que surge del interior a intervalos regulares.

En Bello Monte queda la morgue de Caracas. Allí son ingresados diariamente los muertos de una ciudad que es considerada como una de las más violentas del mundo. Así fue también en las pasadas semanas: sólo durante las protestas contra el gobierno del presidente Nicolás Maduro hubo según fuentes oficiales 28 muertos y al menos 400 heridos.

Ante la profunda animadversión entre Maduro y la oposición, todo parece posible en Venezuela. La violencia se expande fuera de control, esto ya se hacía notar en una visita a Bello Monte el año pasado. Muchos venezolanos mueren por razones mucho más profanas que la política. Y Sandra Guerrero cuenta sus cadáveres.

Guerrero trabaja como reportera de sucesos para el periódico de la oposición “El Nacional”. Una mujer mayor en una blusa colorida, en la mano un Blackberry raspado, en su cuello un dije de la virgen María. No habla mucho, y cuando lo hace su voz es baja y serena. Cada mañana espera junto con sus colegas frente a la morgue la llegada de nuevos casos.

Un día de mayo del 2013, por ejemplo, estaba Jesús, un obrero de 19 años de edad, sentado con Tomás, diez años mayor que él, en la escalera de la casa de su tía, cuando un hombre del barrio les disparó a ambos. Probablemente por asuntos de drogas. Sus amigos llegaron para identificar sus cuerpos sin vida. Ellos hablaron de buena gana con la periodista, pero no quisieron ser fotografiados ni que sus nombres fueran usados. Guerrero y sus colegas aceptaron sus deseos sin discusión.

Los familiares de las víctimas se contentan con que al menos alguien les escuche.

Los reporteros policiales suelen ser considerados en el peor de los casos como “sacude viudas”, de esos buscan sacar información a los desencajados parientes para luego escribir barbaridades. Sin embargo, esa no es la impresión que da Bello Monte. No pocos familiares de víctimas se contentan con que alguien hable con ellos. Las autoridades públicas ya hace mucho que dejaron de hacerlo.

Antes era diferente, cuenta Guerrero en un quiosco con techo de calamina en donde la periodista reposta café y electricidad gratis para su móvil. “Todo era normal”. Había estadísticas de criminalidad y conferencias semanales de prensa como en otros países. Ahora ya no hay información alguna por mandato del gobierno. La inseguridad es uno de los temas preferidos de la oposición, esa puede ser la causa número uno de la censura.

En la carencia de cifras oficiales, Guerrero y sus colegas se han convertido en contadores de cadáveres. Tampoco la reportera se siente segura. Ella vive a diario el hecho de que los criminales pueden atacar cuándo quieran y dónde quieran. “Ellos saben que no les va a pasar nada y matan y matan”. Keisy de 23 años encontró la muerte a las dos de la mañana frente a una discoteca en el centro. Estaba a punto de graduarse de contable y celebraba que su novia estaba embarazada por primera vez. A Oswaldo, de 33 años, le dispararon dos hombres en motocicletas cuando quería comprar un repuesto para su coche. “Me siento estafada por la justicia venezolana”, dice su madre, aturdida.

Las fuerzas de seguridad venezolanas son consideradas corruptas y gozan de muy poca confianza. En las protestas de las pasadas semanas, además de paramilitares no se descarta la presencia de policías que dispararan a los manifestantes. En la violenta cotidianidad de Caracas mueren, no obstante, muchos representantes del poder del Estado. Repetidamente aparecen policías en la morgue para identificar a sus colegas. Como Robinson de 28 años de edad, quien estando fuera de servicio regresaba de jugar baloncesto y fue atacado por varios hombres. Después de ser baleado, le robaron su arma de reglamento, un codiciado trofeo.

Muerte en el turno de noche.

Un caso ocupa especialmente a Guerrero y sus colegas: el de Johnny. Él era uno de ellos, un reportero del periódico deportivo “Líder”. A sus 33 años fue tiroteado en su coche cuando salía del turno de la noche en la redacción. Varias cámaras de seguridad documentaron el crimen.

Un colega de Guerrero muestra las grabaciones en su iPad. Allí se muestra cómo pasa el vehículo de Johnny seguido de una motocicleta y otro coche -obviamente el criminal-. Poco después se ven disparos como cortos destellos, luego vigilantes del periódico que abordan un auto y salen a perseguir a los criminales. La última grabación muestra el hecho desde arriba. La resolución es absurdamente alta, casi como en un largometraje. El cuerpo del periodista yace junto a su coche boca abajo, policías lo fotografían.

Hasta el presidente Maduro reaccionó al asesinato y prometió que los criminales serían interrogados. Pero hasta ahora esto no ha ocurrido.

Los periodistas comparten las informaciones obtenidas de los parientes. Deben mantenerse unidos, porque les ha sido prohibido el acceso a la morgue. El detonante fue una fotografía en la portada de “El Nacional” en el 2010 que mostraba cuerpos que yacían apilados en camillas de la morgue. Desde entonces apenas han mejorado las condiciones higiénicas. Una vez entraron dos empleados de la morgue portando máscaras de protección respiratoria.

Ruleta rusa.

Aunque posteriores escaladas de violencia política puedan ser evitadas: No se ve salida a la violencia cotidiana. Muchos venezolanos mueren jóvenes y bajo circunstancias completamente aleatorias. Como el hijo de Yaidira, quien llegó a la morgue con su esposo.

El chico de 14 años apuntó con un arma la cabeza de otro chico de su edad invitándolo a jugar a la ruleta rusa. “Esos no son juegos”, debe haber dicho la víctima, y el otro disparó. Fue el muerto número 261 del mes. “Él quería ser cocinero”, cuenta Yaidira.

Fuente Original: “Spiegel Online – Publicado el Domingo, 16.03.2014 – 10:53am”

http://www.spiegel.de/panorama/justiz/venezuela-trauriger-alltag-vor-dem-leichenschauhaus-von-caracas-a-957259.html

Foto principal: David Böcking

Traducido por #infoVnzla

@infoVnzl

3 thoughts on “Violencia en Venezuela: La contadora de cadáveres de Bello Monte”

  1. Que tristeza me da mi país. Precisamente por lo señalado en este artículo y por muchas cosas más es que en estos momentos estamos dando la pelea por cambiar el rumbo al que nos quiere llevar este gobierno plagado de corrupción e indolencia. Y lo incongruente y más triste es que todavía haya personas de la comunidad nacional e internacional que crean en las buenas intenciones de un grupo inescrupuloso de aventureros que mienten descaradamente a diario y lo único que quieren es permanecer indefinidamente en el poder para su propio enriquecimiento.

    Es la lucha del bien contra el mal, son tiempos muy duros y con un futuro muy negro por venir. La lucha continua.

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