Venezuela se vuelve loca

Por: Rafael Osío Cabrices.

The New York Times. Publicado el 10 de Marzo, 2014.

Caracas, Venezuela. Las demostraciones violentas que han sacudido a Venezuela durante semanas, amenazan con eliminar la poca democracia que allí queda tras 15 años de erosión sistemática por parte del estado. El gobierno de Nicolás Maduro ha respondido con una fuerza militar rotunda: asaltando oficinas y residencias sin órdenes judiciales, y apresando a civiles mientras grupos paramilitares aplauden la muerte de manifestantes.

Sin embargo, las protestas no auguran una Primavera Venezolana. Para el gobierno, son una bienvenida desviación del ojo público sobre una economía tambaleante y un crimen en aumento. Podrían, incluso, revitalizar esta flácida dictadura.

La agitación comenzó el 4 de febrero, tras el abuso sexual de una estudiante encendiera protestas en las instalaciones de una universidad cerca de la frontera con Colombia. La Guardia Nacional respondió con una fuerza desproporcionada, y las protestas se multiplicaron a través del país. Había mucha ira a punto de estallar. Durante el primer año de la presidencia de Maduro, Venezuela ha vivido la violencia urbana y la escasez de productos de primera necesidad comúnmente asociadas a una situación de guerra. La tasa de inflación anual, que sobrepasa el 56%, es una de las más altas del mundo.

El 5 de marzo, cuando el gobierno más militar que civil del presidente Maduro conmemoró el primer aniversario de la muerte de su venerado comandante, Hugo Chávez, cerca de 20 personas habían muerto y más de 1000 habían sido detenidas. La mayoría de los prisioneros fueron liberados en pocos días, pero algunos denunciaron haber sido violados y torturados. Hoy, grandes protestas continúan llevándose a cabo en localidades de clase media de las principales ciudades. Los manifestantes, en un gesto que mezcla una resistencia anárquica con la defensa propia, bloquean las calles con barricadas improvisadas, o guarimbas, y las incineran. Esto sólo incita más violencia por parte de la Guardia Nacional y los colectivos, los grupos paramilitares chavistas.

Creando congestión de tráfico y reteniendo el alimento y otras provisiones fuera del alcance de los mercados, las guarimbas también aumentan la tensión entre los manifestantes y los ciudadanos comunes. Mientras escribo este artículo, el humo llena las calles a las afueras de la casa de mi familia; las barricadas ardían después de otra batalla entre los manifestantes y las fuerzas públicas. Pero tuvimos suerte. En otras urbanizaciones, la Guardia Nacional y los colectivos irrumpen en los edificios buscando a manifestantes, arrestando no sólo a jóvenes encapuchados, sino también a amas de casas furiosas que los insultaron por arremeter contra los manifestantes.

Por el momento, nadie – ningún partido político, ni movimiento social, ningún líder – está a cargo de las protestas. Las manifestaciones han creado una crisis política, de acuerdo, pero es una crisis menor para el gobierno que para sus oponentes. Después de años de lucha para formar una coalición, la oposición parece estar dividida otra vez.

Aparte de los estudiantes que comenzaron las protestas, hay dos ramas dentro de la oposición. Uno es un grupo de fanáticos dirigidos por María Corina Machado, una congresista de la oposición con un fuerte apoyo en Caracas; y Leopoldo López, un ex alcalde del municipio antichavista de Chacao. Ellos quieren que caiga el gobierno; su gente está activa en la calle y escupen insultos tanto a chavistas como a antichavistas moderados por Twitter (Leopoldo ha estado bajo custodia militar desde el 18 de febrero bajo los cargos de promover la violencia). Otra fuerza de la oposición intenta mantener con vida a la Mesa de la Unidad Democrática, una organización que abriga partidos antichavistas y que cree en políticas institucionales.

En este momento, los más radicales parecen ser los más populares entre los manifestantes; sin duda, son los más ruidosos. Y mientras más gritan, más reprimen las fuerzas de seguridad a los manifestantes, mientras más reprimen las fuerzas de seguridad a los manifestantes, más incendios generan en las barricadas los manifestantes. La situación más descabellada es en el Táchira, donde comenzó el alzamiento y donde la violencia y la escasez de bienes domésticos básicos se han extendido durante más tiempo que en el resto del país. Allí, las protestas ya se han propagado de las zonas de clase media a los barrios. Ocasionalmente, un jet militar cruza el cielo.

Sin embargo, el levantamiento en Venezuela no es una versión Latinoamericana de la Primavera Árabe. Tan sólo un miembro de la Guardia Nacional ha fallecido hasta ahora; y los manifestantes no van en contra de las fuerzas del estado. Aún así, construyen barricadas y las queman, y gritan que no aceptarán una dictadura a la cubana. No hay ningún grupo que esté respaldando a los manifestantes venezolanos como la Hermandad Musulmana, con una plataforma, un sistema y la logística necesaria para derrocar al gobierno actual. A pesar de lo que afirman los chavistas en el poder, repitiendo la trillada línea izquierdista sobre la injerencia estadounidense, estas marchas y protestas no son una conspiración para derrocar un gobierno electo. Los fanáticos dentro de la oposición que quieren un cambio del régimen, no pueden sacar a Nicolás Maduro del poder, y mucho menos reemplazar la creciente institución chavista. Los militares permanecen firmemente alineados con el heredero de Hugo Chávez.

El gobierno no muestra señales de colapso; nada, y los oficialistas insisten que nada podrá detener la revolución socialista de Hugo Chávez. Al contrario, las protestas podrían inyectar una nueva energía a una dictadura débil e ineficiente. El gobierno parece estar ganando tiempo hasta que la silente mayoría se vuelva impaciente con los manifestantes. Está tratando de solicitar préstamos a China, su nuevo aliado clave, para reiniciar la economía. También parece estar contactándose con líderes de negocios locales con la esperanza de reavivar la producción agrícola y la actividad industrial.

La violencia continuará mientras tanto, incluso aunque esta oleada de protestas sea aplastada bajo la bota de los soldados. Puedo verlo en la ira de los conductores que encuentras haciendo barricadas de camino a sus casas; en los insultos que se intercambian los vecinos; en el sinnúmero de reportes en los medios sociales sobre asaltos, incendios, entradas forzadas y vandalismo. El crimen y la inflación, que ya está fuera de control, y hará más difícil la vida para casi todos.

Desde hace tiempo ya, Venezuela es un país sin espacios para medios independientes, las reglas de las leyes o la política competitiva. Ahora bien, también es un país donde miles de manifestantes, absurdamente, toman órdenes de un profeta auto-proclamado desde Miami, Reinaldo Dos Santos, quien anunciara la caída de Nicolás Maduro. Y es un país donde miles de chavistas exigen el encarcelamiento, el exilio, o la desaparición de los oponentes de su gobierno represivo. Venezuela no está atravesando ninguna revolución. Venezuela se está volviendo loca.

Fuente Original: Osío Cabrices, Rafael. “Venezuela Goes Mad.” The New York Times. 10 de Marzo, 2014.

http://www.nytimes.com/2014/03/11/opinion/venezuela-goes-mad.html?_r=2&referrer

Ilustración: Tom Jay (http://www.tomjay.com/)

Traducido por #infoVnzla

@infoVnzl

3 thoughts on “Venezuela se vuelve loca”

  1. No sé si Venezuela se está volviendo loca, pero sí tiene enloquecido al autor del artículo

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