Maduro tropieza con los zapatos de Chávez

Por Laura Tillman y Nick Miroff.

The Washington Post – Marzo 4, 2014

CARACAS, Venezuela — El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, también fue joven. Tocaba guitarra, tenía el pelo largo y trabajó como encargado de los equipos de un grupo de rock, Enigma.

El joven delgado y rebelde no tenía una apariencia muy diferente a la de los estudiantes y furiosos adolescentes que ahora confrontan a su gobierno en las calles. Para estos jóvenes, que crecieron durante los 14 años de mandato de su predecesor, Hugo Chávez, es Maduro quien se ha convertido en la cara de un sistema podrido.

“¡Maduro, vete ya!”, gritan.

Tras más de dos semanas de protestas diarias que han dejado al menos 14 muertos y 150 heridos, Maduro se tambalea al cumplirse el miércoles el primer aniversario de la muerte de Chávez; y se ve rodeado de dudas sobre su capacidad para mantener en pie la revolución “bolivariana” de su mentor. Los problemas que Chávez le heredó cuando murió el año pasado, incluyendo el crimen descontrolado y una economía en debacle, han empeorado.

Pero el hombre que se llama a sí mismo “un hijo de Chávez” también ha heredado el inmenso poder centralizado del estado. Maduro y el Partido Socialista Unido fundado por Chávez controlan 20 de los 23 gobiernos de los estados de Venezuela, así como la Corte Suprema, el parlamento y, aún más importante, los militares y la compañía petrolera nacional. En los barrios pobres a los que Chávez les dio nuevas escuelas, centros de atención médica y viviendas subsidiadas, la lealtad al gobierno se mantiene firme.

Venezuela no es Ucrania, dicen los analistas, donde el presidente debilitado se tambaleó, y luego huyó.

“No hay razón para creer que Maduro esté en una situación inestable”, dice Gregory Weeks,  académico experto en América Latina de la Universidad de Carolina de Norte en Charlotte. “Los militares le han declarado su respaldo y no se han visto dudas en ese sentido. A menos que se les exigiera aplicar intensas medidas represivas, es difícil imaginar un escenario en el que los líderes militares se rebelen”.

Protestas y mano dura

Maduro, de 51 años, renunció hace mucho tiempo a su carrera en el rock. Trabajó como conductor de autobús y líder sindical antes de ascender al círculo interno de Chávez gracias a su lealtad inquebrantable. A pesar de que Chávez lo respaldó desde su lecho de muerte, Maduro fue elegido en abril (2013) por un margen de sólo 1,5 por ciento; apenas logrando superar al candidato de la oposición Henrique Capriles.

Fue un arranque muy débil de su período de seis años, que se extiende hasta 2019, y sus críticos dicen que desde entonces ha tratado de compensarlo en exceso.

Como presidente, Maduro se viste con frecuencia como Chávez, habla como Chávez y hasta le ha dicho a los venezolanos que ha dormido en la tumba de Chávez. Los actos de conmemoración del miércoles le darán la oportunidad de recordarle a los ‘chavistas’ leales que él es el elegido del comandante.

“Chávez marca la ruta, Maduro toma el volante”, fue el eslogan de campaña que utilizó apelando a su pasado como simple conductor de autobús.

Chávez también enfrentó recurrentes olas de protesta, e inclusive un breve golpe de estado en 2002. Su respuesta frecuente fue reunir a sus simpatizantes en enormes concentraciones públicas para recordarle a sus oponentes que la masa pobre estaba de su lado.

Pero Maduro se enfrenta al mayor conflicto de la última década y se ha apoyado más a la fuerza bruta. Sus guardias nacionales golpean a los protestantes en las calles, les disparan perdigones y agreden a camarógrafos de la televisión. Metió a la cárcel al líder de oposición Leopoldo López bajo cargos de “conspiración” y otros crímenes. Ha censurado la cobertura crítica de la violencia, pero ha hecho poco, dicen sus críticos, para controlar los grupos motorizados pro-gobierno que han disparado armas de fuego contra los manifestantes.

En sus discursos nocturnos casi diarios, recurre algo que podría llamarse McCarthysmo inverso. Ve “fascistas” detrás de cada señal de protesta y marcha estudiantil, aunque los frustrados estudiantes universitarios no tienen parecido alguno con los ejércitos de la Europa del siglo 20.

La retórica encendida sólo parece provocar aún más a los manifestantes. Los oponentes de Maduro han articulado pocas demandas políticas concretas más allá de su renuncia y la liberación de docenas de activistas que han sido encarcelados. En algunos municipios privilegiados de Caracas y en puntos específicos como San Cristóbal, ciudad fronteriza del oeste de Venezuela, los enfrentamientos ocurren casi todas las noches y las calles permanecen bloqueadas por barricadas improvisadas y nubes de gas lacrimógeno.

Las protestas han comenzado a mostrar señales de agotamiento pero continuaron esta semana a lo largo de las festividades de carnaval. Maduro y sus acólitos han publicado fotos de playas venezolanas repletas de turistas con la intención de debilitar la percepción de que la agitación se estaba extendiendo a todo el país.

Los analistas dicen que de cualquier manera no son las protestas de los estudiantes de clase media lo que más preocupa a Maduro. Es la base de apoyo de Chávez: los venezolanos de la empobrecida clase trabajadora que se han beneficiado de años de grandes gastos del socialismo bolivariano y que son quienes más tendrían que perder si desaparece.

En ese sentido, el enemigo real de Maduro no son unos fascistas imaginarios sino los problemas económicos tangibles que ocasionan una inflación descontrolada y la escasez predominante. A pesar de tener las mayores reservas petroleras del mundo, Venezuela sufre literalmente de escasez de pan y mantequilla; por no mencionar leche, derivados del papel, azúcar y otros productos básicos.

De acuerdo al analista político Carlos Romero, establecido en Caracas, el gobierno de Maduro está estable pero no necesariamente fuerte.

“Hasta ahora hemos visto brotes de agitación social y represión selectiva”, dijo Romero. “Pero si la escasez e inflación continúa, una mayor porción de la población podría empezar a movilizarse y prestar atención a los llamados de protesta de la oposición”.

Grietas en la base de apoyo de Maduro

En algunos bastiones del apoyo a Chávez, el respaldo a Maduro ha comenzado a debilitarse.

La firma de Chávez, pintada en color rojo, se extiende hasta una altura de cinco pisos en un edificio de apartamentos financiado por el gobierno que se encuentra al lado de la autopista en la urbanización caraqueña llamada La Paz.

Afuera del edificio, Erika Salazar, de 26 años, y su hermana Doris, de 25, están sentadas cerca de un parque infantil con bolsas de papel higiénico por las que hicieron un cola durante 20 minutos antes de poder comprarlo — una espera que ellas calificaron como corta.

Las hermanas viven en un complejo de viviendas que incluye dos enormes edificios que albergan a más de 900 familias. Antes vivían en un albergue después de haber perdido su vivienda en una inundación en 2010.

Doris dijo que Maduro “es un buen presidente, pero no tiene tanta personalidad” como Chávez.

Erika salió rápidamente en defensa de Maduro. “Por supuesto que le falta mucha experiencia, pero estamos con él”, dijo.

Cerca de allí, un obrero de la construcción, Javier Sánchez, dijo que la “revolución socialista” de Venezuela es más grande que la persona que ocupa la oficina presidencial.

“Estamos luchando por la revolución”, dijo. “Si es Maduro, si es Chávez, si es cualquier revolucionario, nosotros vamos a estar ahí, hasta sin un representante”.

Pero incluso en el complejo de viviendas públicas del gobierno había señales de simpatía por los manifestantes.

Gladis Jiménez, enfermera en un hospital público, dice que votó por Maduro pero se ha visto frustrada con él desde que comenzaron las protestas de la oposición. Ella no tiene tiempo para marchar, dijo, pero apoya al movimiento liderado por los estudiantes.

“Ellos tienen que luchar por su futuro”, dijo Jiménez.

Los líderes de la oposición han dicho que quieren forzar la salida de Maduro por vías legales, pero la constitución venezolana no permite un proceso revocatorio hasta 2016.

Fuente: Tillman, Laura y Miroff, Nick. “In Chávez’s big shoes, Maduro stumbles”.

The Whashington Post. Marzo 4, 2014.

Marzo 4, 2014. <http://www.washingtonpost.com/world/in-chavezs-big-shoes-maduro-stumbles/2014/03/03/cf97cdf2-a0ac-11e3-878c-65222df220eb_story.html&gt;

Fuente foto principal: © REUTERS Tomas Bravo

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