Venezuela, la sublevación que nadie está viendo

Por Jackson Diehl, Editor Adjunto de The Washington Post

The Washington Post – Publicado el 03-03- 2014

Existen muchas razones para preocuparse por Venezuela. Este país con las reservas más grandes de petróleo también bate récords mundiales de inflación, violencia criminal y escasez de productos básicos. La respuesta del gobierno consiste en arrestar a los activistas opositores, expulsar a los diplomáticos estadounidenses, y en una propaganda política salvaje sobre una supuesta amenaza de un golpe de estado fascista o invasión norteamericana.

Sin embargo, el aspecto más desalentador de la agonía venezolana es su aislamiento. Mientras que diplomáticos europeos y norteamericanos se han solidarizado con Ucrania y el presidente Obama ha dedicado horas al teléfono dialogando con Vladimir Putin, la crisis venezolana ha sido ignorada continuamente por el mundo exterior. Ningún enviado especial ha visitado Caracas en las últimas semanas, aun cuando las batallas callejeras entre fuerzas del gobierno y de la oposición causen estragos. El único mediador que siquiera ha mencionado hacer una visita ha sido Jimmy Carter, a sus 89 años de edad, quien ha dicho que quizás lo pondrá en su agenda para abril.

Esta negligencia no se debe a que este país de alrededor de 26 millones sea insignificante. Aparte de ser el cuarto mayor proveedor de petróleo de Estados Unidos, Venezuela sostiene la economía de Cuba y es frontera con el Caribe y Colombia. Es, de hecho, un gran punto de tránsito para el tráfico de drogas. Su hundimiento en el caos podría desestabilizar a toda una región completa en el patio de los Estados Unidos.

Los extranjeros juegan un rol específico. Venezuela está polarizada por completo entre los seguidores de Hugo Chávez y la oposición masiva que, impulsada por los estudiantes, ha levantado barricadas en las calles de Caracas y otras ciudades. Ambas partes no son más capaces que los combatientes de Ucrania de llegar a un acuerdo por cuenta propia.

Sin embargo, se necesita desesperadamente algún tipo de pacto. A menos que se tomen medidas drásticas para estabilizar su economía, Venezuela pronto podría dejar de ser capaz de costear sus alimentos, la mayoría de los cuales son importados. Las próximas elecciones son a finales de 2015, así que las urnas no van a proporcionar una manera de solucionar este conflicto.

Hace veinte años, podría esperarse que un grupo ad hoc de presidentes o ministros de exteriores de países vecinos pusieran en marcha un esfuerzo de mediación, lo mismo que la Unión Europea hizo en Ucrania. Hace doce años, el secretario general de la Organización de los Estados Americanos (OEA) pasó meses negociando minuciosamente un pacto entre el gobierno de Chávez y sus opositores, aunque el régimen terminó por decidirse a no respetarlo.

Que ningún esfuerzo en este sentido se haya puesto en marcha en estos momentos, dice mucho acerca de cómo América Latina ha cambiado durante la era Chávez. Estados Unidos ha perdido casi toda su influencia. Convertido en chivo expiatorio por el régimen nacional, su respuesta ha sido darse a un lado.

Otros vecinos de Venezuela caen en un dilema. Países como Colombia, México y Perú, que se oponen al “Chavismo”, mantienen su distancia, recelosos de una pelea con un régimen conocido por su combatividad.

Gobiernos simpatizantes, liderados por Brasil, citan algunos principios para negarse a intervenir: “Brasil no habla de la situación interna de ningún país”, declaró recientemente la presidenta Dilma Rousseff. Por supuesto, esto no es cierto. Cuando el presidente izquierdista de Honduras fue derrocado por su corte suprema en 2009, Brasil lideró la posición de expulsar a Honduras de la OEA. Cuando el parlamento de Paraguay destituyó a su presidente populista en 2012, Rousseff generó un alboroto diplomático, obligando a Paraguay a salir del bloque comercial Mercosur. La verdadera razón por la cual Brasil no actúa en Venezuela es ideológica. “Para Brasil es muy importante considerar a Venezuela siempre desde el punto de vista de los avances… en la educación y en la salud para el pueblo “, dijo Rousseff. En otras palabras, la intervención sólo es convocada cuando beneficia a la izquierda.

Esta opinión es compartida por el secretario general de la OEA, el socialista chileno José Miguel Insulza. Hace cinco años, Insulza subió personalmente a un avión venezolano que transportaba al presidente hondureño derrocado, Manuel Zelaya, en un temerario (y fallido) intento de volver a instalarlo en el poder. Ahora dice con orgullo, en un artículo de opinión en el diario español El País, que “ninguna autoridad – ni gobierno, ni organización internacional – ha considerado la intervención en Venezuela.”

Panamá, el único país dispuesto a desafiar abiertamente a los chavistas, convocó la semana pasada una reunión ministerial especial de la OEA para considerar la situación. Pero el embajador de Venezuela logró que el voto sobre la iniciativa se pospusiera y, con Brasil oponiéndose también, es muy probable que no siga adelante.

¿Tendrá Venezuela que resolver esta situación por sí misma? Los funcionarios estadounidenses, que creen que la mediación externa es esencial, esperan que el primer Papa latinoamericano se pronuncie. La semana pasada el Papa Francisco desde el Vaticano dio un discurso inusualmente largo y emotivo para fomentar un “diálogo sincero” en Venezuela. Si se propusiese una mediación por parte del Vaticano o de la iglesia venezolana, sería una propuesta difícil de rechazar para ambas partes.

En resumen, los venezolanos que esperen detener la actual situación en declive de su país, es mejor que empiecen a rezar.

Fuente Original: Diehl, Jackson. “Venezuela, the uprising no one is noticing“.

The Washington Post. 3 de Marzo de 2014.

http://www.washingtonpost.com/opinions/jackson-diehl-venezuela-the-uprising-no-one-is-noticing/2014/03/03/19ab5828-9fc7-11e3-b8d8-94577ff66b28_story.html

Traducido por #infoVnzla

@infoVnzl

2 thoughts on “Venezuela, la sublevación que nadie está viendo”

  1. Agradezco la denuncia sobre la malvada indiferencia planetaria hacia nuestra situación, pero francamente “En resumen, los venezolanos que esperen detener la actual situación en declive de su país, es mejor que empiecen a rezar.” este párrafo francamente nos condena. Ya sabemos que tan mal estamos, recuerde que vivimos y sobretodo estamos muriendo aquí. Desestima usted que en otros momentos de nuestra historia hemos ayudado a liberar a otros países y que muy probablemente sabremos como librarnos de ésta nosotros mismos, tarde o temprano nos liberaremos de ésta con o sin la ayuda de los que nos utilizan.

  2. Estimado/a: nosotros presentamos una traducción del Editor del Washington Post. Los comentarios sobre el contenido deben dirigirse a esa fuente y por eso colocamos todas las debidas referencias. Nuestra labor es dar a conocer contenido de todas partes del mundo traducido a varios idiomas para que el mayor número de personas se entere de lo que está ocurriendo en el país. Saludos y gracias por comentar. #InfoVnzla.

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