Mi Refugio del Pánico en Caracas

¿Cómo nuestra familia se mantiene a salvo, mientras gases lacrimógenos, balas y el caos continúan con fuerza más allá de la puerta principal?

Por Rafael Osio Cabrices

ZocaloPublicSquare.org – Publicado 04-03-2014

¿Cuál es la mejor manera de proteger a una niña de 7 meses de edad de los efectos del gas lacrimógeno? ¿Es peligroso para ella respirar el humo de una pila de basura quemándose frente a este edificio? ¿Puede pasar una bala de una 9 milímetros a través de las paredes de nuestro apartamento? ¿Será que en este sector de clase media tan poblado, encontraré comida para mi familia la próxima semana o deberíamos almacenar una reserva de emergencia?

Estas son algunas de las preguntas que mi esposa y yo nos hemos hecho desde el 12 de febrero, cuando los miembros de la oposición política de Venezuela marcharon en el centro de Caracas y fueron agredidos por partidarios del recientemente fallecido Presidente, Hugo Chávez. Dos estudiantes fueron asesinados por disparo en la cabeza y, posteriormente, la rabia llevó a la oposición a continuar la más reciente serie de protestas contra el régimen que heredó el ideal de poder de Chávez.

Vivimos en un apartamento a media cuadra de la Plaza Altamira de Caracas, uno de los principales focos de protesta; varias veces el flujo de esta lucha ha penetrado en las fronteras de nuestra vida privada.

 Los orígenes de todo este caos vienen desde los surrealistas experimentos chavistas con el país, pero el gatillo se disparó inmediatamente después de la protesta tras un intento de violación en un campo universitario en San Cristóbal, la capital del estado Táchira, en la frontera con Colombia. La Guardia Nacional respondió con fuerza extrema, los manifestantes se multiplicaron y dos políticos de la oposición — el joven y carismático ex-alcalde de Chacao (Caracas) Leopoldo López y la congresista María Corina Machado, dijeron que la única manera de salvar al país era ocupando las calles y aumentando la presión en contra del heredero elegido de Chávez, el presidente Nicolás Maduro, quien asumió el cargo tras ganar por menos del 2 por ciento de los votos en las elecciones el año pasado. Durante el primer año de Maduro, Venezuela ha continuado experimentando los niveles de violencia urbana, la inflación y la escasez de productos básicos, generalmente asociados a una situación de guerra.

López fue detenido por las autoridades, pero no es el único. El Foro Penal, un grupo de abogados de derechos humanos, estima que 15 personas han muerto en las protestas, y más de 700 manifestantes han sido encarcelados. Señalan que los casos de tortura y abusos siguen aumentando, y se le atribuyen a las tres fuerzas principales de represión: la Policía Nacional Bolivariana (así llamada después de la inspiración de Chávez: el libertador Simón Bolívar, el George Washington de Venezuela), la Guardia Nacional Bolivariana y los temibles “colectivos”. Éstos últimos son grupos de la extrema izquierda con reminiscencias a la guerrilla urbana, financiados por los cubanos en la década de 1960 — excepto que estas personas tienen motocicletas rápidas, armas largas y el apoyo total del gobierno.

Los manifestantes, por su parte, han comenzado a bloquear las calles en sus propios vecindarios de clase media en una expresión ciega de miedo, rabia y desesperación exacerbados por la parálisis económica del país y la escasez que empeora con el discurso de división del chavismo, basado en ricos –versus- pobres.

A lo largo de estos oscuros días, mi esposa y yo hemos intentado mantener segura a nuestra pequeña hija. Todos los días se han producido protestas en la Plaza Altamira. Algunas noches han sido muy violentas y dos de ellas han sido peor que una pesadilla. Noches en las que tuvimos que refugiarnos en la oficina de la casa que no tiene ventanas que den a la calle. Allí, entre discos de jazz, revistas viejas y un escritorio desordenado, mi esposa y mi hija durmieron en la cama de invitados mientras la Guardia Nacional perseguía a los estudiantes, sacándolos de la plaza con gases lacrimógenos y perdigones de plástico.

La Guardia Nacional quería llevar a los estudiantes a su comando, donde, según numerosos testimonios de los propios estudiantes, algunos podrían ser torturados y devueltos a sus padres tras pagar un rescate que podría llegar a los $10.000 por preso. En dólares estadounidenses, por supuesto — ni siquiera los matones del régimen tienen fe en su propia moneda.

De modo que nosotros cerramos todas las ventanas y esperamos allí, disparos y sirenas que nos rodeaban como un rebaño de furias. Nuestros vecinos gritaban insultos a los policías o guardias que perseguían a los manifestantes: “¡Hijo de puta!” “¡Cobardes!” “¡Asesinos!”. Hasta hoy, ninguna bala ha llegado a nuestro apartamento y hemos conseguido mantener el gas lacrimógeno fuera de casa. El domingo por la noche, incluso disfrutamos de nuestra dosis de verdaderos detectives. Pero hemos vivido varios grados de alerta; he tenido que gatear en el balcón a medianoche, como una cucaracha aterrorizada, para asegurarme de que han cesado los disparos sin poner mi cabeza en riesgo.

Aparte de mirar por las ventanas, la única manera de conseguir alguna información es a través de Twitter. El Chavismo ganó la batalla contra su bête noire preferida: la prensa. Mi esposa y yo estudiamos periodismo, pero no hay libertad para ejercerlo en nuestro país tal y como debería ejercerse.

Los periódicos ahora se reducen a una sola sección, disminuidos a esa existencia fantasmal debido a los controles de la moneda que tiene el gobierno, lo que hace prácticamente imposible obtener el papel para su impresión. Los sitios web, blogs y nuevas páginas de noticias online no son muy confiables. Tres televisoras privadas han decidido no informar sobre las protestas por temor a provocar la ira del régimen. La gente depende de las redes sociales para saber qué está pasando, temiendo la llegada del día en que esos canales también sean apagados. Del lado del gobierno, hay docenas de estaciones de radio financiadas por el Estado: siete estaciones de televisión, tres periódicos y una agencia oficial de noticias. Todos ellos apoyando al Presidente Maduro. Desde allí transmiten la gloria de la Revolución Bolivariana de Chávez  24/7 y despotrican contra enemigos del gobierno — “fascistas”, “homosexuales”, “terroristas”, “Agentes de la CIA”, “traidores”, “prostitutas”, “drogadictos”, “psicópatas”.

Este es el ambiente ideal para la histeria colectiva, tal como sería una guerra civil. Pero no es una guerra civil, aunque se haya mencionado — con angustia, pero también con cierta impaciencia — por gente de ambos lados. Tampoco es un golpe de estado en progreso, como Maduro repite mientras bailaba salsa con su esposa en un mitin en el que invocaba el espíritu de carnaval en los vacacionistas.

El Presidente ha tratado de calmar las protestas: extiende el feriado de carnaval por una semana, mientras su administración presidirá el aniversario conmemorativo del primer año sin el “Supremo y Eterno Comandante,” Hugo Chávez. Maduro confía en la tendencia idiosincrásica de los venezolanos para ir a la playa y ahogar sus preocupaciones en cerveza helada.

Pero la oposición todavía está marchando en varios lugares — en algunos casos bajo una nube de gas lacrimógeno. Los colectivos siguen disparando y saqueando, y la situación en el estremecido estado Táchira sigue sin resolverse. Por el momento, los herederos de Chávez no tienen motivos para cambiar de rumbo: el Gobierno de Maduro conserva cierta popularidad y controla el Congreso, a los militares, a la Corte Suprema, la aplicación de la ley y los ingresos petroleros. Pero no puede controlar el derrumbe de la economía, aun si las actuales manifestaciones pierden impulso, es claro que continuarán. Venezuela ha entrado en un estado de violencia e inestabilidad en el futuro previsible.

Y nosotros, desde nuestra habitación del miedo, estamos seguros de que este no es lugar para criar a un niño.

Fuente Original: Osio Cabrices, Rafael.”My Panic Room in Caracas”. Zocalo Public Square.org. Marzo 04, 2014. Zocalo Public Square. Marzo 05, 2014.  http://www.zocalopublicsquare.org/2014/03/04/my-panic-room-in-caracas/ideas/nexus/#.UxZmb3sa1a4.facebook.

Traducido por #infoVnzla

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