Los barrios más pobres de Caracas ignoran las protestas

Por William Newman

The New York Times – Publicado el 28 de Febrero de 2014

Caracas, Venezuela – Al este de la capital venezolana, donde suelen vivir los ricos de la ciudad, la mayoría de los niños permanecen en casa más de una semana, los protestantes queman hogueras cada noche, las tiendas cierran temprano y no se celebran las fiestas de carnaval.

Pero al oeste, donde la mayoría de los barrios más pobres viven bajo techos de latón, apenas se puede apreciar que la ciudad lleve varias semanas agitada por violentos disturbios. Las escuelas funcionan con normalidad, los restaurantes continúan sirviendo arepas y sus residentes disfrutan de varios días de vacaciones adicionales decretados por su presidente Nicolás Maduro, para celebrar la coronación de las reinas de carnaval.

Ambos lados de la ciudad, los bienaventurados y los pobres, continúan lidiando con las mismas frustraciones: una de las peores tasas de inflación del mundo, horas haciendo colas para comprar comida y demás productos básicos en escasez, y una creciente ola de violencia.

Pero a pesar de ser los pobres quienes peor afrontan estos problemas, las protestas que han sacudido a la capital este mes han sido llevadas a cabo principalmente por residentes de la clase media y alta. Se han lanzado a las calles en masa, levantando barricadas. En cambio, en los sectores más pobres de la población la vida continua como si no ocurriese nada.

Este desdoblamiento de reacciones en la ciudad refleja la profunda división de un país rico en petróleo, entre partidarios y opositores de la revolución inspirada en el socialismo iniciada por Hugo Chávez, quien fuera su presidente durante 14 años hasta su muerte, hace menos de un año.

Las tensiones surgidas por este longevo distanciamiento han desembocado en numerosas protestas en contra del actual sucesor de Chávez, el presidente Maduro, resultando en violentos enfrentamientos entre civiles y efectivos de la Guardia Nacional. Más de una docena de personas han sido asesinadas, y en varios de estos casos las fuerzas del orden están implicadas. El señor Maduro, en una conferencia dedicada a fomentar el diálogo, comentó que un soldado murió el viernes en Valencia, la tercera ciudad más poblada del país.

Entre toda esta convulsión, la desconexión entre las zonas más ricas y las más pobres del país pueden limitar seriamente el impacto de este movimiento protestante, debilidad de la que algunos de los dirigentes actuales están muy conscientes.

_________________________________________________

Los males económicos de Venezuela

Desde la muerte del presidente Hugo Chávez en 2013, Venezuela ha entrado en una confusión económica. Cálculos extra-oficiales basados en las tasas de cambio del mercado negro muestran una economía en claro peligro. En un intento por reducir el ritmo de la inflación, el gobierno ha establecido un precio fijo para muchos productos, pero esto ha incitado a vaciar las estanterías y acrecentar la escasez.

graficoNYT

Fuentes: Steve H. Hanke, Johns Hopkins-Cato Institute Troubled Currencies Project, Banco Central de Venezuela.

_________________________________________________ 

“El cambio no es posible en Venezuela si los barrios no se involucran”, dijo Henrique Capriles, el político opositor que casi alcanza a presidente Maduro en las elecciones del año pasado, ante una larga audiencia durante una charla mantenida – nuevamente – en el lado rico de la ciudad.

Cada una de las elecciones ha demostrado que el país está profundamente dividido, pero las divisiones políticas no son sólo una simple división entre ricos y pobres – a pesar de que así lo parezca tomando en cuenta los lugares donde ocurren las protestas y en cómo lo plantea el gobierno.

Muchos de los residentes de los barrios más pobres apoyan el gobierno con su corazón y, salvo excepciones puntuales de algunos residentes de esos barrios dando cacerolazos en protesta, la mayoría de las protestas no suceden en esos barrios            ni congregan un gran número de simpatizantes de allí. El presidente Maduro se ha aprovechado de esto repetidamente, y ha calificado como “fascistas, escuálidos, y niños ricos” a los insurgentes.

Pero muchos de los barrios pobres empiezan a tener sinceras dudas acerca del gobierno, o al menos se distancian. Algunos han apoyado las manifestaciones en otras zonas de la ciudad. No obstante, muchos de ellos eluden las protestas deliberadamente para evitar ser víctimas de violencia o simplemente no confían en la oposición. Otros rechazan que Maduro sea expulsado de su cargo, asegurando que ha sido electo y que derrocarlo sería subvertir el concepto de democracia.

“Soy un chavista, pero las cosas no van bien” dice Estefanía Medina, 26 años, una camarera que vive en un barrio bajo un techo de latón precariamente levantado al borde de una colina. “Maduro está hacíendolo mal. Pero tampoco apoyo la violencia de la oposición. Están llenos de odio”.

Mientras continúan las protestas, el presidente Maduro ha decretado días extras de vacaciones para las ya extensas festividades tradicionales, incluyendo una el día 5 de marzo, aniversario de la muerte de Chávez.

Los críticos han calificado esta decisión como un boicot hacia las protestas, y varias zonas de la capital han cancelado las fiestas de carnaval, alegando que la gente está muriendo en las protestas y que no es momento para celebraciones. El señor  Maduro critico las cancelaciones y luego actúa como el estereotipo de un opositor del gobierno viajando al extranjero para las vacaciones.

Acerca que todos los vuelos internacionales salgan llenos, el presidente Maduro dijo esta semana “Ellos se van del país y se llevan o intentan llevarse del campesino, del trabajador, del estudiante, del humilde venezolano y venezolana, que viven de su trabajo, tratan de quitarles el carnaval, la vida, la cultura, la música. No lo permitiré.”

Y mientras su oponente, Capriles, durante su última aparición, una persona en la multitud que venía de barrios alejados, dijo que se sintió obligado a animar a otros residentes de las zonas más pobres a salir también. El indignado, Jorge Lisboa, 24 años, técnico informático, llevaba una pancarta haciendo referencia al barrio del 23 de Enero, uno de los barrios más pro-gobierno de la capital venezolana.

jp-venezuela-articleLarge

La harina de máiz y otros productos básicos sólo están disponibles en determinadas tiendas de San Cristóbal, en días específicos de la semana.

“Soy del 23 de Enero” reza la pancarta. “No soy burgués, ante todo soy venezolano y de la oposición”.

Su mujer, Francis Bosch, profesora desempleada, de la clase trabajadora de Catia, donde la pareja vive ahora, dice: “La idea es que la gente se dé cuenta de que estamos juntos en esta lucha, luchamos por lo mismo. Crimen, crimen hay en todas partes.”

Pero cuando las condiciones son aún más hostiles como en los barrios pobres de Hornos de Cal y La Televisora, que están edificados ladera abajo cerca de una alta colina en el centro de Caracas, las cosas están aún peor que hace 15 años, antes de que Chávez fuera nombrado presidente y antes de que el precio del petróleo se disparase con la promesa de traer mayor prosperidad tras tantos años de tiempos difíciles.

Ha habido mejoras en el servicio del agua y la electricidad, muchos hogares disponen de líneas telefónicas y ancho de banda de internet gracias a la compañía telefónica del Estado. Existe un teleférico low-cost gubernamental que acerca a los residentes de estas zonas al centro de la ciudad en minutos, una transformación en el ritmo de vida en comparación con el pasado, cuando tenían que sacrificar tiempo y dinero en  taxis.

Esto es lo que ha hecho que mucha gente no esté en contra de Maduro, incluso a pesar de que no les guste.

“¿Quién va a protestar si cada día pueden tomar el teleférico y agradecer que tienen este medio de transporte?” comenta Estefanía, la camarera.

Las quejas de ambos lados de la ciudad responden a las mismas condiciones, y otras diferentes. En los barrios más ricos, los opositores se quejan de la escasez y las largas colas en las tiendas. En los barrios pobres, muchos ahora se consideran de clase media, pero hay miedo a volver a caer en la pobreza y un sentimiento de culpa – no dejan de decir que Chávez no hubiera dejado que las cosas emporaran así.

Muchos de los residentes más pobres ya se sienten cansados ​​de la interminable y amarga división, diciendo que los líderes de ambos bandos están más interesados ​​en la defensa de sus intereses o ambiciones personales que en el interés general de la nación.

“Lo que necesitamos en este país es un nuevo liderazgo político”, comenta Dorian Cartagena, 22 años, estudiante que votó por Maduro pero ahora critica al gobierno. “Necesitamos una nueva ideología política. Cuando Chávez murió, el chavismo murió con él”.

Dorian y su hermano, Johnny Cartagena, 18 años, simpatizan ambos con los opositores pero dicen que no salen a manifestarse por temor a la violencia. Ellos comentan que la subida de precios y las largas colas ha hecho difícil la vida de su familia y, si las cosas se ponen peor, la gente de los barrios más pobres se unirá cada vez más a las protestas en los barrios más ricos de la ciudad.

“Cuando esto estalle, se darán cuenta” comenta Jhonny Cartagena acerca de aquellos que viven en los barrios pobres de la ciudad “Nada lo detendrá”.

Fuente Original: Newman, William “Slum Dwellers in Caracas Ask, What Protests?” The New York Times. Feb.28, 2014. The New York Times Company. Marzo 02,2014. < http://www.nytimes.com/2014/03/01/world/americas/slum-dwellers-in-caracas-ask-what-protests.html?smid=fb-share&_r=2&gt;

Traducido por #infoVnzla

@infoVnzl

One thought on “Los barrios más pobres de Caracas ignoran las protestas”

Comments are closed.