Se amplían los flancos de las protestas en Venezuela

Por  WILLIAM NEUMAN 24 de febrero de 2014

Credito Foto: Meridith Kohut  para The New York Times

SAN CRISTÓBAL, Venezuela — Al romper el alba, los residentes de un tranquilo barrio de aquí, se preparaban para la batalla. Algunos apilaron  rocas para ser utilizadas como proyectiles. Otros construyeron barricadas. Un par de adolescentes hizo bombas incendiarias mientras que los adultos observaban.

Estas no eran el tipo ordinario de guerrillas urbanas que usted conoce: incluían a una manicurista, una vendedora de suministros médicos, un maestro, un empresario y un trabajador de la ferretería. A medida que la Guardia Nacional, al doblar la esquina, hacía rugir sus motocicletas y un vehículo antidisturbios blindado, la gente de este muy unido barrio de clase media, que cualquier otro lunes por la mañana habría de dirigirse al trabajo o llevaría a sus hijos a la escuela, se precipitó a la calle, lanzando piedras y gritando obscenidades. Los guardias respondieron con gases lacrimógenos y fuego de escopeta, dejando a un hombre sangrando en un portal.

“Somos personas normales, pero todos estamos afectados por lo que está pasando”, dijo Carlos Alviarez, de 39 años, que parecía vagamente desconcertado a encontrarse a sí mismo en medio de la calle, donde aun se percibía el olor de los gases lacrimógenos. “Mira. Tengo una piedra en mi mano y soy el distribuidor de la línea de lentes de Adidas en Venezuela “.

Las más grandes protestas desde la muerte del líder de mucho tiempo, Hugo Chávez, hace ya casi un año, están barriendo a Venezuela. La rápida expansión de las protestas estudiantiles, que comenzaron este mes en un campus en esta ciudad occidental, han convocado a una gama mucho más amplia de personas en todo el país. El lunes, los residentes de Caracas, la capital, y de otras ciudades venezolanas amontonaron muebles, ramas de árboles, cercas de alambre, rejillas de alcantarillado y lavadoras para bloquear las calles en una acción coordinada en contra del gobierno.

Detrás de la explosión hay más que la letanía de problemas que han plagado constantemente Venezuela, el país con las mayores reservas de petróleo del mundo, pero también el país con una de las mayores tasas de inflación. Aunada a las perennes frustraciones debido a los crímenes violentos y la escasez crónica de bienes de primera necesidad como la leche y el papel higiénico, la indignación está siendo impulsada por la respuesta agresiva del presidente Nicolás Maduro a la disensión pública, incluyendo el despliegue de cientos de soldados aquí y el envío de aviones de combate para hacer vuelos bajos y amenazantes, por encima de la ciudad.

El lunes, el gobernador del estado, quien pertenece al partido del Sr. Maduro, rompió filas y retó las tácticas del presidente, defendiendo el derecho de los estudiantes a protestar y criticando los vuelos bajos de aviones de combate, en un extraño acto de disensión dentro de los seguidores del  gobierno.

La polarización es una piedra de toque en la política venezolana, la cual se dividió amargamente durante la presidencia de 14 años de Chávez, mentor del Sr. Maduro. Pero mientras que el Sr. Chávez desollaba y castigaba a los opositores, tenía un agudo instinto político, y muchas veces parecía saber cuándo retroceder lo necesario para evitar que la situación se desbordara.

Ahora el Sr. Maduro, su sucesor electo, que es menos carismático y que está luchando para lidiar con una economía profundamente perturbada, ha adoptado una línea dura con las expresiones de descontento, acorralando a los medios de comunicación, arrestando a un destacado político de la oposición y enviando a la Guardia Nacional a zonas residenciales para anular las protestas.

El lunes murieron dos personas, incluyendo un hombre aquí en San Cristóbal, que, según su familia, se cayó de un techo después de que guardias nacionales dispararan el gas lacrimógeno directamente contra él. Hay desacuerdo sobre si todas las muertes citadas por el gobierno a nivel nacional están directamente asociadas con las protestas, pero el número de muertos asciende probablemente a una docena.

En la comunidad de Barrio Sucre, los residentes dijeron que estaban indignados porque la semana pasada un guardia le disparó con una escopeta a una mujer y a su hijo adulto, enviándolos al hospital con heridas graves. Como respuesta, los residentes construyeron barricadas para mantener fuera a los soldados de la guardia nacional. El lunes, después de que soldados de la guardia hicieran una incursión temprana en el barrio, disparando gases lacrimógenos y perdigones a las casas, los residentes enardecidos y a veces aterrorizados se prepararon para hacerlos retroceder.

Del otro lado de la ciudad, Isbeth Zambrano, de 39 años, madre de dos hijos, todavía echaba humo cuando recordaba el episodio sucedido dos días antes, cuando la Guardia Nacional se presentó en una calle donde los niños estaban jugando, y disparó gas lacrimógeno a los residentes. Ahora, sentada frente a su edificio de apartamentos, resguarda casualmente una caja de cerveza llena de bombas incendiarias.

“Queremos que este gobierno se vaya”, dijo. “Queremos libertad, no más delincuencia, queremos  medicinas”. Alrededor de su cuello llevaba, como una bufanda, un pañal desechable adornado con pequeños ositos de peluche. Estaba empapado de vinagre, para protegerse de los efectos de los gases lacrimógenos, en caso de otro ataque.

A diferencia de las protestas en el vecino Brasil el año pasado, en las que el gobierno trató de calmar la ira con la promesa de mejorar los deteriorados servicios y realizar cambios en el sistema político, el Sr. Maduro dice que los manifestantes son fascistas que llevan a cabo un golpe de Estado contra su gobierno. Se ha negado a reconocer sus quejas, centrándose en cambio en la violencia relacionada con los disturbios. Maduro dice que aquí en el Estado Táchira, las protestas están infiltradas por grupos derechistas paramilitares colombianos, y ha amenazado con arrestar al alcalde de San Cristóbal.

La postura intransigente del Sr. Maduro es directamente proporcional a la intensidad del descontento entre los manifestantes. Mientras que él ha llamado a una conferencia nacional el miércoles y algunos políticos de la oposición han instado al diálogo, la mayoría de los manifestantes aquí, muchos de ellos opositores al gobierno desde hace mucho tiempo, rechazó esa opción.

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Los residentes de San Cristóbal, Venezuela, construyeron una barricada en una zona donde se han producido repetidos enfrentamientos con la Guardia Nacional. Credito Meridith Kohut para The New York Times.)

“Durante 15 años, se han estado burlando de nosotros, han estado saqueando al país”, dijo Ramón Arellano, de 54 años, un empleado del gobierno, mientras que un refrigerador arde en la calle detrás de él, despidiendo un cono de humo negro que ha borrado el cielo. “Un diálogo de un lado mientras que el otro se hace de oídos sordos, eso no es justo.”

Como la mayoría de los manifestantes aquí, el Sr. Arellano dijo que quería un cambio de gobierno. Los manifestantes dicen que se podría lograr si el Sr. Maduro dimitiera o fuera removido a través de elecciones o mediante cambios a la Constitución.

Maduro dice que no dejará el cargo, y que él sigue teniendo un amplio apoyo entre los leales al legado de Chávez.

El estado Táchira, y en especial la capital del estado San Cristóbal, son bastiones de la oposición de toda la vida. El candidato presidencial de la oposición, Henrique Capriles, recibió el 73 por ciento de los votos en San Cristóbal cuando se postuló en contra de Maduro en abril pasado.

San Cristóbal, ciudad de 260.000 habitantes, estuvo casi completamente paralizada el lunes. Los residentes habían instalado decenas de barricadas por toda la ciudad. En muchas áreas, los residentes colocaron clavos o clavaron piezas de barras de refuerzo en el pavimento, dejándolas parcialemnte expuestas, para pinchar neumáticos.

En Barrio Sucre, Escarlet Pedraza, 19, mostró dos motocicletas que según ella habían sido aplastadas por tropas de la Guardia Nacional, al conducir vehículos blindados sobre ellas. Pedraza grabó el evento en la cámara de su teléfono celular.

Más tarde, los residentes quemaron neumáticos y lanzaron piedras a los soldados de la guardia, quienes avanzaron y entraron por una calle lateral, disparando gas lacrimógeno y escopetas directamente a las casas.

Los guardias forzaron una puerta de garaje en una casa y rompieron el parabrisas de un coche que allí se encontraba. La casa de al lado estaba llena de gas lacrimógeno y la familia en el interior, incluyendo dos niños pequeños, ahogada en los humos. “Estoy indignada”, dijo Victoria Pérez, la madre, llorando. “Se están pasando. Es arrogancia, es solo deseo de poder”.

Un estudiante, con el rostro cubierto con una capucha, pateó con furia una casa donde vive una familia que está a favor del gobierno, gritándoles que se unieran a la protesta. Otros residentes se apresuraron a detenerlo.

Cerca de allí, una vecina, Teresa Contreras, de 53 años, sintonizó varios canales de su televisión, demostrando que no había cobertura de la violencia, un signo, dijo, del control del gobierno sobre los medios de comunicación.

Temprano, Andrea Altuve, de 38 años, una maestra, observaba los preparativos para la inminente batalla, con la gente añadiendo más a las barricadas y los niños vertiendo gasolina en botellas de cerveza, elaborando así bombas improvisadas.

“Esto parece una guerra civil”, dijo. “Están enviando a la Guardia Nacional a los barrios porque tienen miedo.”

Fuente: http://www.nytimes.com/2014/02/25/world/americas/in-venezuela-middle-class-joins-protests.html?partner=rss&emc=rss&smid=tw-nytimes&_r=1

Traducido por: #InfoVnzla