Photo by Carlos Garcia Rawlins/Reuters

Idiotas útiles de Venezuela

Defensores del régimen venezolano jamás permitirían a la Casa Blanca arrestar a líderes de la oposición y cortar con medios de salida hostiles. Entonces, por qué el doble estándar?

En el punto más al sur de Central Park, en una pequeña franja de acera colindante con la calle 59, cientos de venezolanos ocuparon una estatua de Simón Bolívar, el libertador, nacido en Caracas en América del Sur. Una figura ahora más comúnmente asociada con la revolución bolivariana de Hugo Chávez y su rebautizada República Bolivariana de Venezuela. Pero es una asociación que cuando se menciona en esta multitud produce un ceño fruncido y ojos entrecerrados, seguido por una rápida recapitulación de los muchos crímenes de Chávez.

El simbolismo necesario del punto de encuentro práctico triunfó: la multitud aumentó rápidamente, extendiéndose como una mancha de tinta en torno a la pequeña parcela que rodea Bolívar en un carril del tráfico del centro de Manhattan. Golpearon ollas. Gritaron consignas acerca de la cubanización de su patria, de la que muchos son exiliados. Llevaban carteles que detallan las cada vez más altas tasas de criminalidad (23.000 asesinatos el año pasado), muchas cubiertas con fotos sombrías de las víctimas de abusos y asesinados, y otras con estrepitosas consignas (“En Venezuela todo es escaso, excepto las balas”).

Estamos lejos de las sangrientas calles de Caracas; estos manifestantes no están rodeados por el fuertemente armado y blindado cuerpo de la Guardia Nacional, en su lugar, son acogidos amablemente por un puñado de policías panzones y aburridos de Nueva York. Aquí no había ninguna amenaza de violencia – con la sola excepción de un baboso, desdentado, y posiblemente baloto orador en lengua castellana que, mientras deambulaba entre la multitud, gritó algo que provocó ira y la amenaza de puños voladores de un hombre con una gran bandera de Venezuela atada alrededor de su cuello ; el superhéroe anti-Chávez.

No está claro lo que dijo el arrastrado provocador chavista, pero sin lugar a duda, le dije a una mujer que se encontraba a mi lado, se trataba de un caso de consumo de alcohol y no de un compromiso con la revolución. Pero uno tiene que admitir, continué, que muchos fuera de Venezuela, incluyendo un pequeño segmento de los medios de comunicación, han caído en la burda propaganda que destila del Palacio de Miraflores. En Internet, se encuentra una fuente aparentemente inagotable de idiotas útiles y nostálgicos sandinistas dispuestos a contextualizar la desastrosa Revolución Bolivariana.

Uno pensaría que tal compañero de viaje habría muerto con Chávez. Otra evolución que no evolucionó, otra utopía desarmada. Sin embargo, uno estaría absolutamente errado. Yo no tengo el tiempo ni el estómago para ofrecer una explicación completa de los apologistas occidentales sobre el sucesor de Chávez, Nicolás Maduro, pero algunos ejemplos recientes deberían dar una idea de su putrefacción. Una escritora del Al Jazeera, Belén Fernández, denunció en la red de Qatar la reciente publicación de la “Elitista y derechista blogger Emiliana Duarte”, reventándola por haber narrado una triste historia sobre su “necesidad de visitar 10 supermercados el año pasado en su misión para hacer un pastel”. Duarte meramente catalogaba la escasez masiva de bienes de primera necesidad (arroz, leche, papel higiénico) que han paralizado a Venezuela en los últimos años, su intención no fue la de participar en una burguesa y fascista lucha de repostería.

La propiciamente llamada “Tanqueta de Consejo de Washington para Asuntos Hemisféricos”, cuyos “expertos” son citados con frecuencia en los medios de comunicación, reclamó en su página principal “El gobierno venezolano muestra restricción y resolución ante la barbarie Anti-chavista”. En el Huffington Post, un hombre que se hace llamar “abogado de derechos humanos” lamentó que “sin ironía, los medios de comunicación son fulminantes en su opinión sobre la supuesta falta de democracia en Venezuela… para justificar su apoyo abierto a la oposición élite de Venezuela.” Luego crédulamente acota la apreciación de uno de los leales a Chávez de que “la economía venezolana está muy bien”, a pesar de los estantes vacíos, la fuga de capitales y la galopante inflación. Un escrito académico a favor de Chávez en La Nación sostuvo que las manifestaciones masivas en las calles de todo el país “tienen mucho más que ver con el regreso de las elites económicas y políticas al poder que con su caída.” The Guardian tituló una noticia: “la intransigencia reaparece en Venezuela, Nicolás Maduro expulsa funcionarios de Estados Unidos”. Esa intransigencia no es Maduro, cuyo gobierno está arrestando a los opositores al régimen y estrangulando la libertad de prensa, se le atribuye a Leopoldo López, líder de la oposición quien actualmente languidece en la cárcel. Pasamos a la editorial de The Guardian para leer la bizarra excoriación sobre las declaraciones de Obama por su supuesto “apoyo al cambio de régimen en Venezuela.”

Se trata de un experimento mental que a menudo le presento al chavista occidental, que por lo general termina demostrando que los simpatizantes del régimen, tanto en este país y en Europa, tienen un tinte de actitud colonialista hacia Venezuela. Porque uno no puede dejar de preguntarse por la reacción de estos falsos progresistas si, el Primer Ministro David Cameron, el presidente Barack Obama, la canciller Angela Merkel – escoja su lacayo imperialista -, hubiera arrestado a un líder de la oposición que habría organizado protestas callejeras pacíficas? O si la CIA cortara el internet en las ciudades políticamente inquietas como Berkeley o Brooklyn, bloquearan el tráfico de Twitter que les pareciera políticamente sospechoso, se hicieran cargo de PBS, obligándoles a emitir sólo a favor de la administración, sin permitir al partido de oposición rivalizar al gobierno a través de ondas públicas? O si el presidente forzara la retirada de BBC América de todos los proveedores de cable por ser demasiado antiamericano?

Tal vez las reacciones serían silenciadas si las bandas de motociclistas leales al presidente George W. Bush en círculos de protestas anti-Irak, manifestantes contra la guerra fueran atacados físicamente y en ocasiones asesinados. ¿Qué tal si un juez dictaminara en contra del aparato de espionaje interno del presidente Obama y, a cambio, la Casa Blanca ordenara que el juez fuera arrojado a la cárcel? ¿Cuánto tiempo se le permitiría a un presidente estadounidense mantenerse en el poder con una inflación masiva, a pesar de los ingresos masivos de petróleo que entran en las arcas del gobierno? ¿Cuánto tiempo se puede considerar razonable – y no la responsabilidad del presidente – para presidir más de 23.000 asesinatos en un país de poco menos de 30 millones de personas, una tasa que horrorizaría al residente promedio de Bagdad? ¿Por cuánto tiempo podrían permanecer desiertos de alimentos básicos como el pan y la leche los estantes de  supermercados antes de que La Nación o The Guardian alegremente decidieran que América es un Estado fallido y cleptocrático? O si las políticas económicas de Bush o de Obama significaran que el papel higiénico no se puede encontrar en el mercado libre?

Así que hago una pregunta bastante sencilla a los que pretenden que se preocupan por el pueblo venezolano (muy parecidos a los que milagrosamente perdieron interés en el pueblo de Vietnam a partir de 1975 o el pueblo de Nicaragua a partir de 1990), aquellos que se preocupan profundamente por los pobres y los indigentes en América Latina: ¿Por qué el doble estándar?

Fuente: http://www.thedailybeast.com/articles/2014/02/24/venezuela-s-useful-idiots.html

Traducido por #InfoVenezuela